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Factores táctico-estratégicos para un futuro equitativo y sostenible

¿Hacia una reestructuración de la izquierda chilena?

Una de las dificultades que ha lastrado el desarrollo estratégico de la izquierda chilena en los últimos años ha sido el pobre debate de ideas que ha acompañado su rápido desarrollo orgánico. Si se analiza el resultado netamente electoral, la última década no ha sido un mal período, especialmente si se compara con los malos resultados alcanzados por el sector entre 1990 y 2010. El mayor logro de este proceso de crecimiento ha sido el gobierno del presidente Gabriel Boric. Pero este punto de llegada no se entiende sin el fin del sistema electoral binominal en 2015. Y ese hito no se explica sin las luchas de los movimientos estudiantiles, sociales y ambientales que con especial fuerza surgen en 2006, se fortalecen en 2011.

Estas luchas se fueron canalizando en la búsqueda de representación política, lo que abrió el campo al nacimiento de los partidos del Frente Amplio, se fortaleció la presencia institucional del Partido Comunista e incluso se generaron condiciones para liderazgos de izquierda que no participan de esas dos estructuras, que alcanzaron cargos municipales y parlamentarios relevantes, como en Valparaíso, Pudahuel, La Cisterna y el gobierno o regional de la V Región.

Luego de esta década de vertiginoso crecimiento, todo indica que se ha comenzado un natural proceso de desgaste y repliegue electoral, que exigirá formas muy agresivas de ajuste y redefinición de los partidos, coaliciones y movimientos sociales. Eso es lo que explica la creación del partido único del Frente Amplio, los debates internos en el Partido Comunista, y las tensiones con el llamado “Socialismo Democrático”. Se debe tener en cuenta los efectos desmovilizadores del fracaso del proyecto constitucional derrotado el 4 de septiembre de 2022, el bloqueo parlamentario que ha esterilizado las reformas propuestas en el programa del gobierno, y la falta de concreción de muchas medidas que pudiéndose implementar sin pasar por el Congreso no se han logrado ejecutar en este período por falta de claridad y priorización.

Otros elementos que explican este momento ha sido el vertiginoso cambio en la agenda nacional, como efecto de la desmovilización que generó el confinamiento en la pandemia, la agenda mediática centrada en la seguridad luego del estallido social de 2019, y las tensiones no resueltas en el diseño político de los partidos oficialistas, que durante fases claves han estado prácticamente acéfalos y carentes de orientación estratégica y táctica adecuada. Tras este escenario se puede diagnosticar una brecha relevante entre un crecimiento electoral y organizacional muy rápido, sin un desarrollo equivalente a nivel programático, institucional e ideológico.

Dada esta brecha es urgente que la reestructuración que ya ha comenzado se acompañe de una maduración en esos niveles. Es hora de reestructurar programas, formas institucionales y bases ideológicas, sin desechar lo acumulado. Algunos elementos para tener en cuenta:

1. Hacia un nuevo programa

En este marco todavía se evidencia una tensión no resuelta entre dos almas de la izquierda: existe una nueva izquierda progresista y una tradicional la izquierda convencional, que aunque comparten ciertos principios fundamentales, difieren en enfoque y prioridades:

A la que podríamos llamar “Izquierda Convencional” se moviliza bajo un enfoque centrado en temas de la economía política y las tensiones basadas en clases sociales: Se centra más en la justicia económica, los derechos laborales y la redistribución de la riqueza. De esa forma tiende al estatismo, apoyando un papel fuerte del Estado en la economía, defendiendo políticas de nacionalización y control estatal de sectores clave. Es un campo de acción que valora la tradición, y mantiene una visión más ortodoxa de las políticas de izquierda, basada en el marxismo o el socialismo clásico. Su paradigma en la movilización social es el sindicalismo, por lo que enfatiza su relación histórica con los sindicatos y la clase trabajadora organizada, enfocándose en mejorar las condiciones laborales y salariales.

A la vez lo que podríamos etiquetar como Izquierda Progresista se orienta a un enfoque de demandas centrado en Derechos Sociales y Civiles. Pone un fuerte énfasis en la ampliación de los derechos civiles, incluidos los derechos LGBTQ+, el feminismo, y la justicia racial. Su programa prioriza la innovación y cambio cultural, (…)

Artículo completo: 2 224 palabras.

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Álvaro Ramis

Rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

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