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¿Ursula von der Leyen es el nombre de qué?

La Europa conservadora que viene

Cuando en julio de 2019 Ursula von der Leyen obtuvo la mayoría mínima que la impulsó al cargo de presidenta de la Comisión Europea, todos imaginaron que esta figura más bien centrista de la democracia cristiana alemana se conformaría con cumplir las tradicionales obligaciones contractuales asociadas a su función: representar a una burocracia bruselense a veces sospechada de vivir en un exoplaneta; avanzar prudentemente sobre la cuerda floja de los equilibrios entre el Partido Popular y los socialdemócratas quienes, junto con los liberales, coadministran el Parlamento. Pero la pandemia de Covid-19 y la guerra en Ucrania cambiaron la situación. Aprovechándose de las grietas institucionales de la Europa política, Von der Leyen impuso una nueva orientación en materia de defensa, de medioambiente y de inmigración sin herir demasiado las convicciones de los partidarios más celosos de la Europa federal, ni lesionar las sensibilidades progresistas y conservadoras. A costa de algunos rodeos: después de su plan de reactivación económica de mayo de 2020, pareció reorientar a la Unión hacia un desarrollo más duradero con el Green Deal (Pacto Verde), pero recientemente hizo marcha atrás ante la revuelta generalizada de su propia rama política y del mundo agrícola.

Compromiso con el rearme

Entre todas las consideraciones determinantes para una candidatura a la cabeza de la Comisión, la de la cercanía con el agricultor bávaro o con el ganadero bearnés fue manifiestamente descartada. Proveniente de un linaje patricio de la Hanse (1), Von der Leyen se volcó a la política a comienzos de los años 2000, siguiendo los pasos y en las tierras de su padre, ministro-presidente de Baja Sajonia, vicepresidente de la Unión Cristiana Demócrata (CDU) y alto funcionario europeo en la Dirección General de Competencia. Acostumbrada desde la infancia a las páginas de las revistas, educada en el respeto de los valores conservadores y de la plegaria en la mesa, estudiante en la London School of Economics bajo un seudónimo para huir de las amenazas de secuestro por parte de la Fracción del Ejército Rojo, doctora en Medicina, diestra tanto en inglés como en francés, Von der Leyen nunca desarrolló la pasión por las grandes multitudes: prefiere montar a caballo antes que brindar con una cerveza con los militantes.

En contraposición a una conducta considerada cortante con sus colaboradores, con una tendencia a ubicar a sus allegados en cargos clave y de un ascetismo que contrasta con la relativa bonhomía de sus predecesores, Von der Leyen llevó con facilidad la relación con los medios de comunicación, algo sin precedentes para ese cargo. Desde su paso por el Ministerio de Familia en el 2005, donde personificaba a una mujer activa y madre de siete hijos para promover una política de asignaciones destinada a poner a las mujeres a trabajar, domina las reglas del espectáculo audiovisual y aparece en todas las fotos oficiales, a veces a tal punto que los jefes de Estado y de gobierno europeos tienen la sensación de que se está colando.

Paradójicamente, la crisis del Covid-19 y la guerra en Ucrania le brindaron la oportunidad de fortalecer su imagen mientras sus fracasos se alineaban. Su mandato en el Ministerio de Defensa alemán (2013-2019) estuvo marcado por el mismo sello: tras el brillo de las fotos de la ministra inspeccionando los panzers, estalló el escándalo porque la institución era administrada por las consultoras a las cuales Von der Leyen, empedernida creyente en la eficacia de los mercados, había subcontratado para encargarse de aquellos. La misma creencia ciega, además de aficionada, guió su gestión de las compras de vacunas en el 2021 (2). Luego, en los siguientes años, se obstinó en endurecer las ineficaces sanciones económicas contra Rusia, a costa de una enorme inflación en Europa y de una recesión alemana (3).

Pues hay un ámbito en el cual las convicciones de Von der Leyen reemplazan su fe liberal: su hostilidad contra Rusia, país al que percibe como el mal absoluto. Como una amenaza capaz de unificar por fin a una Europa de valores democráticos, liberales y atlantistas. Chaleco amarillo, camisa celeste: por medio de su discreto lobby a favor de la entrada urgente de Ucrania en la Unión, sus casi cotidianas declaraciones antirrusas y su voluntad de reforzar la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la presidenta de la Comisión pareció tomar el control de una diplomacia europea que jurídicamente sigue siendo prerrogativa del Consejo Europeo, es decir, de los jefes de Estado y de gobierno.

En ese ámbito, Von der Leyen defiende las posiciones militaristas y beligerantes del Pentágono, de los países bálticos o de Polonia, más que aquellas de Europa del Sur. “La alianza que estableció con Biden favorece su influencia en Europa y confiere a la Comisión un estatus sin precedentes”, observa el diario británico Financial Times (22-23 de abril de 2023). Por cierto, Ursula von der Leyen nunca disimuló su deseo de dirigir la (…)

Artículo completo: 2 525 palabras.

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Frédéric Lebaron

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