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Pueblos originarios: en la búsqueda de caminos hacia la autonomía

Una tercera fase de la emergencia indígena se ha iniciado luego del rechazo a los dos procesos constituyentes en Chile (2021-2023). Como escribió José Bengoa, si la primera fase se caracterizó por las movilizaciones indígenas, entre 1990 a 1994, las que usaron un amplio repertorio de acción colectiva aprovechando la conmemoración del V Centenario en 1992, la irrupción de estos movimientos, heterogéneos y diversos, marcaron la toma de conciencia étnica y se entrecruzaron con los procesos de transición democrática. Gran parte de estas movilizaciones, aspiraron al reconocimiento político de los pueblos indígenas en el marco de las nuevas democracias que retornaban luego de distintas experiencias autoritarias.

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Francisca Garriga, Reciprocidad (Mondadientes sobre madera,) 2019
(Gentileza Galería Artespacio)

Desde una arista complementaria se desarrollaron, en el ámbito político, las discusiones que durante las dos décadas previas, los movimientos indígenas consolidaron en proyectos políticos a desarrollar. Algunos movimientos aspiraron a crear instituciones mediadoras, otros rediseñar los Estados en uno de características Plurinacionales y una tercera variante a construir experiencia de Autonomía. En el caso de la primera, Ecuador y Chile se transformaron en experiencia donde la interculturalidad fue el camino para intentar conciliar democracia, desarrollo económico y derechos indígenas. Mientras que la segunda, las experiencias del Estado Plurinacional de Bolivia luego del año 2006, significó un nuevo impulsó para estos trascendentales debates, al crear una institucionalidad que permitiera el ejercicio de la Autonomía, así como los nuevos tipos de reconocimiento. Mientras que las autonomías desarrolladas en Nicaragua de manera regional luego de 1979, adquirió nuevas dimensiones con los Caracoles del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

En las últimas décadas los derechos indígenas adquirieron una singular importancia. Las transiciones democráticas en América Latina, abrieron oportunidades para los movimientos indígenas donde sus derechos colectivos parecían posibles bajo el paradigma de la Autonomía comprendida como el derecho al autogobierno. No obstante, la respuesta de las elites latinoamericanas ha sido crítica a estos derechos, primando las políticas de asimilación e integración antes que el reconocimiento al autogobierno. Esto último ha determinado la reposición de los paradigmas coloniales, en específico, del colonialismo interno, definido como la construcción y relación de los territorios de los pueblos originarios como productores de riqueza, las que son explotadas y apropiadas por parte de las repúblicas latinoamericanos como parte de la dependencia a los mercados globales desarrollados por las principales potencias. Esto ha generado un proceso de “desposesión” neoliberal, comprendida como la explotación de los territorios indígenas en el marco de una nueva economía trasnacional que ha generado los desplazamientos de algunas poblaciones indígenas, la resistencia de otros y la integración a esta nueva red como parte de la estructura de explotación capitalista.

Procesos constituyentes

Bajo este nuevo contexto, los movimientos indígenas respondieron con propuestas políticas. La primera fue la Autonomía regional, la que desarrollada bajo el gobierno (…)

Artículo completo: 1 226 palabras.

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Fernando Pairican

Historiador, Académico USACh, Posdoctorante CIIR

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