Para sus primeras apariciones como Canciller, Friedrich Merz dio dos entrevistas. Una fue en un canal público, decisión que no sorprende por la centralidad del sector público audiovisual alemán. Lo sorprendente es haber escogido para la primera al diario ultraconvervador Bild Zeitung, dejando a la luz nuevas preferencias políticas y estilos periodísticos más a tono con las redes sociales.
Diseñado por el arquitecto británico Norman Foster en la década de 1990, el tragaluz natural se proyecta directamente sobre el hemiciclo del Bundestag [Parlamento] en Berlín. Una doble pasarela en forma helicoidal instalada en las paredes interiores de la cúpula permite que los visitantes tengan un control visual de la actividad de los diputados federales. Más arriba, una plataforma de observación ofrece una vista panorámica del poder político alemán: la Cancillería Federal, algunos ministerios y la Puerta de Brandeburgo, que se ha convertido no sólo en un lugar de celebraciones históricas y de eventos deportivos, sino también de manifestaciones tumultuosas.
La estructura busca simbolizar la voluntad de los legisladores que, en 1949 y bajo el influjo de las fuerzas de ocupación occidentales, sentaron las bases de la Ley Fundamental (Constitución) de la República Federal: fomentar el pluralismo de opiniones políticas y formar ciudadanos bien informados gracias a medios de comunicación públicos potentes y autónomos que, junto con los representantes electos, supervisarían de cerca la labor del gobierno.
Rendir cuentas
“Es en el tercer piso del Bundestag donde se va a la pesca de reacciones por parte de los responsables políticos. En el de las direcciones de los grupos parlamentarios y de las declaraciones oficiales a la prensa”, explicó Alexandra Gubser, jefa de la oficina de la radiotelevisión suiza SRF en Berlín. Antes de irse a Berlín, Gubser había ocupado el mismo puesto en Francia: “En seis años en París, nunca pude entrevistar a un ministro cara a cara. Me decían a menudo que Suiza no era un país que generara mucho interés en términos de repercusión mediática”, recordó. En Berlín, “es otra la concepción que se tiene de la relación con los periodistas. Acá, el político tiene que rendir cuentas y lo acepta”, añadió, y mencionó que entrevistó a tres ministros en seis semanas.
A pocos pasos de la Cancillería y del Bundestag, la casa de la Conferencia de Prensa Federal pone a disposición oficinas para los corresponsales alemanes y extranjeros, así como una sala de conferencias a donde miembros del Ejecutivo y expertos acuden cada semana para comunicarse con los periodistas. La primavera pasada, la formación del nuevo gobierno surgido de las elecciones anticipadas de febrero respetó el ritual de la coalición, del que sólo el Canciller democristiano Konrad Adenauer se dispensó en 1957 gracias a una mayoría absoluta. Las conversaciones, que esta vez duraron unos tres meses, movilizaron a unos doscientos o trescientos negociadores y ratifican la revisión a la baja de las promesas de campaña para llegar a un contrato de gobierno. Cada peripecia alimenta a una prensa política en efervescencia. Con los ojos puestos en la Casa Konrad Adenauer, sede nacional de la Unión Demócrata Cristiana (CDU, todas las siglas están en alemán) que acoge el tramo final de las conversaciones, los periodistas descubrieron la fumata blanca el pasado 9 de abril. Este momento de recomposición permite apreciar el rol de los medios en la formación de la “opinión pública”, la especificidad del sistema federal y el peso de una historia que desconfía tanto de la excesiva personalización como del talento oratorio.
Cuatro días después, el domingo 13 de abril, el futuro canciller Friedrich Merz compartió con sus compatriotas su hoja de ruta y la decisión de abandonar el freno presupuestario, y concedió dos grandes entrevistas. La primera fue publicada en las páginas del Bams (Bild am Sonntag), la edición dominical del diario popular y conservador Bild Zeitung, nave insignia del grupo de prensa Axel Springer (ASV); y la segunda, que tuvo lugar en el marco de un intercambio de una hora y media con Caren Miosga –presentadora del principal programa político del país que llega a contar con audiencias de hasta 4,5 millones de telespectadores–, fue transmitida en la primera cadena de televisión nacional Das Erste.
Las decisiones de Merz testimonian una cierta constancia en la manera de dirigirse a los alemanes, que coincide con la de Gerhard Schröder, su predecesor, veinticinco años antes. El ex jefe del Ejecutivo habría afirmado en 1999 que “para gobernar, me basta con Bild, Bams y la tele”. Esta fórmula poco democrática, muy comentada en la época, se correspondía bien con ese Canciller vanidoso y popular que –a diferencia de Helmut Kohl, de Angela Merkel o de Olaf Scholz– nunca (…)
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