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Nuevo paradigma del PKK

Erdogan frente a la cuestión kurda

Motivado por una voluntad de conservar el poder antes que por un genuino deseo de paz, el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan se ve obligado a negociar con los kurdos si desea alcanzar los apoyos necesarios para volver a presentarse en las elecciones de 2028. Si bien el PKK ha manifestado su voluntad de reconciliación, los frentes abiertos con los kurdos en Siria aparecen más difíciles de resolver.

Tender la mano a sus adversarios políticos o seguir persiguiéndolos: este es el dilema al que se enfrenta Recep Tayyip Erdoğan. En los últimos meses, la segunda opción parece haberse impuesto con el arresto, el 19 de marzo, de Ekrem İmamoğlu, el muy popular alcalde de Estambul y miembro del Partido Republicano del Pueblo (CHP). Acusado de “corrupción, creación y dirección de una organización criminal”, pero también de “malversación de fondos públicos”, la justicia ya había anulado su título universitario obtenido hace treinta años. Una sanción que, por las normas establecidas en la Constitución, le impidió presentarse a las elecciones presidenciales de mayo de 2023. Su encarcelamiento desencadenó importantes manifestaciones que fueron violentamente reprimidas en todo el país, tanto en las grandes ciudades gobernadas por el CHP como en los centros urbanos tradicionalmente favorables al Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), la formación de Erdoğan.

Pero el jefe de Estado turco también tiene en mente las elecciones presidenciales de 2028 y el obstáculo decisivo que se interpone en el camino de su reelección, lo que podría obligarlo a frenar sus impulsos autoritarios. De hecho, la Constitución solo permite dos mandatos presidenciales consecutivos. Electo por sufragio universal directo (algo inédito en Turquía) en 2014 y reelecto en 2018, Erdoğan logró, al dimitir durante su mandato, volver a ganar en 2023. Para poder presentarse nuevamente, sería necesario modificar la ley fundamental a través de una votación del Parlamento, la Gran Asamblea Nacional de Turquía.

Una primera solución sería obtener el acuerdo de tres quintas partes de la Asamblea, es decir, trescientos sesenta diputados. Pero en las elecciones legislativas de 2023 (concurrentes con las presidenciales), el AKP retrocedió, obteniendo solo doscientos sesenta y siete escaños de los seiscientos que componen el Parlamento, mientras que su aliado de extrema derecha, el Partido de Acción Nacionalista (MHP), apenas obtuvo cincuenta. Por lo tanto, el total es insuficiente para alcanzar la barrera de los trescientos sesenta. Además, en este caso, sería obligatorio celebrar un referéndum de ratificación. En un escenario de inflación de dos dígitos (33,52% en julio), tres años consecutivos de depreciación de la lira (2022-2024) y medidas represivas muy controvertidas, la organización de una consulta popular sería una operación de alto riesgo (1).

La otra opción para el presidente-candidato, que lo eximiría de celebrar un referéndum, sería que cuatrocientos parlamentarios (dos tercios de la Asamblea) ratificaran la modificación constitucional. Sin embargo, aunque el presidente saliente se asegurara el apoyo de esa cantidad de diputados, nada garantiza que ganaría las elecciones, incluso si İmamoğlu permaneciera detenido en la prisión de alta seguridad de Silivri. Ya en 2023, Kemal Kılıçdaroğlu, el candidato del CHP a la magistratura suprema, había logrado capitalizar cerca del 48% de los votos, a pesar de estar lejos del carisma de İmamoğlu. El partido cuenta en sus filas con otras personalidades capaces de poner en aprietos a Erdoğan, como Mansur Yavaş, alcalde de Ankara reelecto en 2024 cuya popularidad traspasa los límites de la capital, y Özgür Özel, presidente del CHP, que ha demostrado su eficiencia al permitir que en las elecciones municipales de 2024 su partido se impusiera en las grandes ciudades, así como en varios bastiones del AKP en la región del Mar Negro y Anatolia.

Negociaciones imprescindibles

La incertidumbre generada por estas proyecciones electorales desfavorables podría obligar al presidente a buscar el apoyo de otras formaciones. En la Asamblea Nacional, el Partido para la Igualdad y la Democracia de los Pueblos (DEM), que representa a los votantes progresistas kurdos, así como a los ecologistas y feministas, está aliado con otros dos pequeños partidos de izquierda radical y cuenta con un total de sesenta y cuatro diputados. A cambio de concesiones que quedan por definirse, Erdoğan podría intentar ganárselos para su propuesta: un refuerzo necesario, pero no (…)

Artículo completo: 2 250 palabras.

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Jean Michel Morel

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