El racismo, lo hemos visto, no es más que un elemento de un conjunto más vasto: el de la opresión sistemática de un pueblo
Frantz Fanon.
Por la revolución africana. P. 41
Mientras el racismo y el colonialismo estructuren nuestras vidas, la obra de Frantz Fanon resonará en todo siglo. Sus análisis sobre la psique colonizada, la alienación racial y la violencia estructural contenidas en textos como Piel Negra, Máscaras Blancas (1952) y Los Condenados de la Tierra (1961), iluminan las complejidades del racismo contemporáneo desentrañando estructuras de poder históricas, económicas, políticas y simbólicas, que se inscriben en los cuerpos y en las mentes para reproducir jerarquías raciales. Y sus categorías analíticas permiten profundizar la comprensión del racismo contemporáneo.
La alienación es la condición central del sujeto racializado y de su pérdida de identidad ante la fuerza histórica de la mirada dominante, y Fanon la trabaja desde el ser encarnado en la historia propia, desplazando una fenomenología crítica hacia un análisis sociogenético para comprender los sufrimientos observados en la vida cotidiana. La mirada racista es siempre activa, y aliena al “otro” cuando lo asigna a la exclusión golpeando la imagen que tiene de sí. Es mirada transmitida, fruto de una historia que se prolonga y permanece, reduciendo la persona a ser el “objeto” que encarna las negatividades y peligros que la sociedad blanca proyecta para afirmar superioridad. La categoría blanquitud entonces, opera como un sistema de dominación y privilegio que emerge de la expansión colonial europea para justificar la dominación racial y la explotación.
Solo una máscara
La epidermización se produce cuando la marca de la “raza” designa la interiorización de la diferencia, como una potente alteración. En Piel negra, máscaras blancas al momento de analizar el lenguaje en el racismo, un niño le dice a Fanon: “mira, un negro”, y a la vez que lo desarma, le recuerda la consistencia de la epidermización de la realidad social. Hay un “esquema epidérmico racial” que lo ha construido como alguien que solo existe “por fuera” y desde la mirada de otro. El color de piel entonces, deviene significante primario y totalizador de estatus y valor, y la piel es solo una “máscara” impuesta por el blanco, una segunda piel que debe cargar condenando a una existencia predefinida que busca destruir toda resistencia, despojarla de sí y de su historia y objetivarla. Esta fijación racial crea la “zona de no-ser”, un espacio donde su humanidad es constantemente cuestionada y sujeta a la validación externa.
Para Fanon el racismo es intrínseco a las estructuras de poder coloniales y postcoloniales. En Los Condenados de la Tierra, la violencia es conceptualizada como acto físico de opresión, y como violencia sistémica y simbólica que permea la vida del colonizado, porque el racismo es una tecnología de poder que justifica la explotación y la dominación y que deshumaniza para legitimar su opresión. La violencia para Fanon abarca todas las dimensiones violentadas de la vida. El colonialismo, y por extensión el racismo, (…)
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