La situación de los medios de comunicación en Chile sigue siendo lamentable: falta de pluralismo, control por parte de unos pocos y complicidades inexplicables.
Hace medio siglo, en tiempos de la Unidad Popular, los medios fueron un terreno de áspera disputa, pero existían diarios, revistas y radioemisoras de distinto color político. La televisión estaba a cargo de las universidades, que garantizaban una mayor posibilidad de pluralismo que la ofrecida por los grandes capitales. Por eso, aunque parezca sorprendente, es válido señalar que en materia de comunicaciones el gobierno del presidente Boric ha estado más cercado que el del presidente Allende.
El fin de una estructura de medios mínimamente representativa de las sensibilidades de nuestra sociedad es una herencia de la dictadura, que quiso suprimir toda voz que no le fuera afín. Aun así, en los últimos años del gobierno despótico de la alianza militar-empresarial-derechista que sostuvo a Pinochet, sectores democráticos osaron levantar nuevos medios impresos, a menudo censurados. Por desgracia esos proyectos sucumbieron, durante la compleja transición, a los inclementes avatares del mercado, al peso de la publicidad comercial y de sus patrocinadores y, también, a cierta resignación de los gobiernos electos por voto popular y de los partidos que los sustentaron, que poco hicieron por modificar la estructura del sistema de medios.
La situación actual sería pavorosa si no fuera por el tesón de quienes, desde perspectivas democráticas, sostienen nuevos medios impresos o digitales y de quienes utilizan, con el mismo sentido, las redes sociales, hoy influyentes como nunca antes. No obstante, el diagnóstico severo de los expertos es coincidente: la concentración de la propiedad de los medios es altísima y letal para la existencia de pluralismo.
Los datos son contundentes y no deben olvidarse. Dos conglomerados, El Mercurio S.A.P. y Copesa, concentran la mayor parte de los diarios impresos de circulación nacional y regional. En Chile hay solo un diario nacional que se imprime en papel todos los días. Apenas dos diarios regionales se mantienen independientes de estos dos poderosos conglomerados. Aunque en menor medida, las emisoras de radio también están afectadas por el fenómeno de la concentración. El Consejo Nacional de Televisión, diversos informes de la UNESCO, organizaciones como Reporteros Sin (…)
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