Me pareció que, junto con ilustrar el modo en que funciona el actual sistema de publicaciones, podía compartir algunas reflexiones críticas en torno al desarrollo actual de la antropología. Entre ellas, su escasa presencia en los debates públicos; los problemas en su enseñanza, por ejemplo, una formación desconectada con la realidad laboral de sus egresados/as y, por último, una progresiva insignificancia teórica, cuestión que ha provocado la pérdida de algunos aspectos que hicieron relevante a la disciplina al momento de su creación. Esto es, su carácter holístico, su pretensión comparativa universal y, sobre todo, el extravío de su objeto más preciado: el ser humano.
Para ilustrar algunos de estos aspectos críticos, sobre todo lo que tiene que ver con el inminente riesgo de que la producción antropológica contemporánea pueda volverse superflua, propuse una lectura hístorica –muy general– de los momentos, modos y objetivos de la escritura disciplinar.
En el primer momento académico de la antropología, los evolucionistas de la segunda mitad del siglo XIX buscaban explicar el desarrollo de toda la humanidad a partir de una larga cadena narrativa de progreso y evolución. Su objetivo, por cierto, era teórico. A mediados del siglo XX ocurrió un proceso de especialización al interior de las ciencias, al que la antropología no fue inmune. Así, surgieron diversos campos antropológicos (antropología política, por ejemplo) que adicionaron al esfuerzo teórico un método pulido: la etnografía. Al igual que la anterior, esta escritura antropológica compartió una fuerta vocación descriptiva y teórica desde la pretensión de comprender y documentar la vida social “exótica” para seguir contribuyendo al conocimiento de la humanidad.
La crisis de la antropología en la segunda mitad del siglo XX, debida a diversos fenómenos, entre ellos los procesos de descolonización, su descentramiento y, por cierto, el giro posmoderno, puso en cuestión la representación, la autoridad etnográfica y la posibilidad de teorización. En este periodo, la escritura antropológica tuvo una doble cara. Mucha de la producción antropológica tuvo como objeto una antropología de la antropología, un análisis crítico de la propia producción disciplinar. Otra línea, más radical e inscrita en las antropologías periféricas o no hegemónicas, por ejemplo, las antropologías hechas en Latinoamérica, vislumbraron otras vías para la contribución (…)
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