La larga ruta que conecta la ciudad saudí de Tabuk con el mar Rojo está desierta. Vastas extensiones áridas se van transformando poco a poco en formaciones rocosas. Las granjas de los beduinos se extienden a lo largo de estepas dispersas, donde sólo unas pocas matas de pasto resisten el calor. Bajo un sol aplastante, las manadas de dromedarios siguen a los camelleros, que marchan con la cabeza y el rostro protegidos por una kefiya. Por mucho tiempo, la supervivencia dependió de la ganadería nómada y de la explotación de recursos marinos. Los beduinos recorrían el desierto buscando fuentes de agua. A día de hoy, se están asentando lentamente en las pequeñas ciudades, pero los proyectos faraónicos del reino les ocasionan nuevos contratiempos. Justamente, esta región del noroeste de Arabia Saudita es el núcleo de la transformación económica y urbana que está impulsando el príncipe heredero de 40 años, Mohammed bin Salmán, conocido como “MBS”, hijo del rey Salmán bin Abdulaziz Al Saud. Una nueva zona de desarrollo bautizada “Neom” se extiende desde el golfo de Áqaba hasta las montañas del interior, a lo largo de 26.500 kilómetros cuadrados, es decir, el tamaño de Bélgica. El nombre, convertido en marca registrada, significa “nuevo futuro”: un pleonasmo formado por el prefijo griego neo- y la primera letra de la palabra mustaqbal, que significa “futuro” en árabe.
En este lugar, el reino tiene la ambición de construir una megalópolis ultratecnológica dentro de un complejo urbano que aspira a superar, en términos de innovación, a otras “ciudades inteligentes” de arquitectura futurista, como Songdo en Corea del Sur o Woven City en Japón. Aeropuertos, embarcaderos turísticos, hoteles de lujo, trenes de alta velocidad, torres de vidrio y de acero para albergar empresas y centros de negocios, plataformas logísticas y canales marítimos: nada ha de faltar.
Población desplazada
Por ahora, el paisaje sigue siendo estéril, las excavadoras perforan la tierra y camiones pesados van y vienen levantando nubes de polvo. “Más de 2.500 camiones circulan por acá día y noche”, explica un empleado egipcio [1] de Neom, ante lo que parece ser uno de los sitios de construcción más grandes del mundo. Actualmente se encuentran unos 140.000 trabajadores en la zona. Estamos en el asentamiento NC1, el más grande de Neom. Es un enclave donde trabajan alrededor de 5.000 personas provenientes de todos los rincones del mundo: Brasil, Estados Unidos, España, Italia, India, Pakistán, Sri Lanka… En cuanto a la población local, las autoridades la invitaron a retirarse. “Arrasaron con los pueblos beduinos para construir este asentamiento”, confirma un empleado europeo. Según las cifras oficiales, desplazaron a unos 6.000 miembros de la tribu howeitat, que llevan siglos instalados en la región. “En 2020, cuando se anunció Neom, los habitantes locales se negaron a irse de sus casas. Para la mayoría de los saudíes, el proyecto no era una prioridad”, explica Lina Al Hathloul, militante saudí de derechos humanos exiliada en Bruselas. Los que se negaron a irse a cambio de una indemnización fueron arrestados, algunos condenados a prisión o a pena de muerte. Abdul Rahim Al Huwaiti, un aldeano que denunció públicamente los desalojos, murió a manos de la policía. Un exoficial de inteligencia, el coronel Rabih Alenezi, reveló que el Ministerio del Interior había ordenado desalojar a la fuerza y eliminar toda resistencia [2]. Violencia que recuerda a la pentalogía de novelas Ciudades de sal (La otra orilla/Norma) del gran escritor saudí Abderrahmán Munif, que describe las transformaciones que provocaron los primeros pozos petroleros en la sociedad beduina saudí, a mediados del siglo XX.
Universo distópico
Visto desde afuera, NC1 se parece a una base militar rodeada de alambre de púas. Los controles de acceso son estrictos: hay guardias, sistemas de reconocimiento facial y varios niveles de seguridad para regular las idas y venidas. En la entrada, el eslogan “I love NEOM” y el logo del proyecto hacen pensar en una multinacional de Silicon Valley. Un cartel publicitario proclama: “La juventud saudí encarna el espíritu de NEOM, que nos brinda un espacio físico”. En el interior, el decorado recuerda al universo distópico de la película The Truman Show, con casetas en fila equipadas de paneles solares y pequeños jardines bien regados. Las cámaras omnipresentes garantizan una vigilancia constante. NC1 alberga principalmente a los ejecutivos, con comedores que sirven platos internacionales, gimnasios y piscinas al aire libre. Los empleados tienen una rutina estricta: oficina, comedor, gimnasio, dormitorio. Las oficinas, algunas sin ventanas, están climatizadas: una necesidad, considerando que afuera el calor puede llegar a 50°C entre junio y septiembre. “Acá, el dinero fluye a caudales, sin control”, confiesa un empleado cuando alguien le señala que cada edificio tiene su propio generador eléctrico. En las inmediaciones del asentamiento, se alzan viviendas para alojar a los que van llegando. A media hora de ruta, un nuevo aeropuerto (el primero en funcionamiento de los cuatro que están previstos) conecta la zona con Dubái, Doha y Londres.
Detrás de esta fachada de alta tecnología, los empleados de Neom hablan de una cultura empresarial opresiva, marcada por la presión constante y condiciones de trabajo difíciles. No dudan en expresar sus dudas sobre la viabilidad del proyecto. “Vivimos en una jaula dorada”, reconoce un europeo. “Pero cuando llega el salario, se esfuma la depresión”. Los ejecutivos suelen ganar varias decenas de miles de euros por mes, pero para los directivos la remuneración puede llegar a 1,1 millón de dólares por año libres de impuestos [3]. “Acá todos los grandes jefes basan su carrera en mentiras. Se dicen ‘está bien, voy a ganar 50 millones en dos años, me la aguanto, y después me largo’”, confiesa un empleado.
El proyecto Neom, cuyo costo inicial se estima en 500 mil millones de dólares, forma parte de la Visión 2030, un plan de reformas muy ambicioso que inició MBS en 2016 para emprender la transición energética, reducir la dependencia del petróleo y romper con la imagen ultraconservadora del país. En 2024, las exportaciones petroleras de Arabia Saudita ascendían a unos 217 mil millones de dólares, es decir, un 90% de los ingresos de exportación, un 80% de los ingresos presupuestarios y un 40% del Producto Bruto Interno (PBI). El objetivo declarado del príncipe heredero es que para 2030 esta cifra se reduzca al 10% del PBI. Para lograrlo, el reino aspira a aumentar sus ingresos no petroleros a 265 mil millones de dólares para esa fecha. “Tenemos un espacio vacío y queremos albergar ahí a 10 millones de personas”, declaraba MBS durante una campaña promocional en 2017 [4].
Megaproyecto suspendido
De todos los proyectos espectaculares de Neom, The Line (“La Línea”) es el que más dio de qué hablar. Esta ciudad lineal de 170 kilómetros de largo debía emerger de la arena y atravesar el desierto de este a oeste, como una grieta en mitad de la inmensa superficie árida. El proyecto — con un presupuesto de 200 mil millones de dólares— establecía que la ciudad fuera construida entre dos muros de 500 metros de alto (es decir, 170 metros más que la Torre Eiffel), a 200 metros de distancia el uno del otro, con fachadas de espejo que reflejaran el cielo y el océano de arena. En su interior, un tren de alta velocidad iba a permitir recorrerla de punta a punta en veinte minutos. The Line —34 kilómetros cuadrados de desierto transformado— estaba destinada a ser una “ciudad global” de nueve millones de habitantes. A modo de comparación, París intramuros, con sus 105 kilómetros cuadrados, cuenta con dos millones. (…)
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