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Tras la liberación de Francia, la epopeya de las comisiones de depuración de la prensa

Cómo dar con los colaboracionistas en la prensa

Tras la derrota de los nazis y de los colaboracionistas franceses, ¿era concebible que periodistas de medios de comunicación que habían recomendado la ejecución de los resistentes y la deportación de judíos volvieran al trabajo como si nada hubiera pasado? Respuesta negativa. De ahí que la liberación se viera seguida de una depuración generalizada de la profesión. Los expedientes de instrucción —a veces muy detallados— están disponibles para consulta. Su escrutinio nos enseña muchas cosas.

Verano de 1944. En Francia, comienza la depuración profesional de los periodistas. En provincias, serán las comisiones “de prensa” de los Comités Departamentales de Liberación (CDL) las que se ocupen de la tarea. En París, su organización está a cargo del director de gabinete del secretario general de Información, Paul-Émile Dizard, uno de los impulsores en la clandestinidad del Comité de Acción Socialista (CAS).

¿A qué periodistas atañe? A todos los que posean dicha condición profesional de conformidad con lo promulgado en 1935, esto es, quienes ejercen la profesión como “actividad principal, regular y remunerada” y, por consiguiente, disponen de una acreditación de periodista. Una ordenanza del 30 de septiembre de 1944 (véase el recuadro) la volverá obligatoria para trabajar. El objetivo es asegurarse de que no han colaborado ni con el ocupante ni con Vichy. “Pero, de hecho —aclara el historiador de la prensa Christian Delporte—, esta primera depuración resultó tan ineficaz como injusta. No se estableció ninguna regla para medir la gravedad del delito y la sanción dependía por entero de los jueces departamentales” (1). La llamada “comisión Dizard”, sin embargo, tuvo tiempo de entregar numerosas acreditaciones provisionales, negar otras e imponer sanciones. Los documentos que generó y sus resoluciones se conservan en los locales de la Comisión de Acreditación de Periodistas Profesionales (CCIJP) de Francia. Bajemos a sus archivos y abramos sus carpetas (2).

Un formulario solicita “detalles de las actividades hasta finales de junio de 1940” y “detalles de las actividades durante la ocupación”. A veces, el candidato añade a su solicitud una carta de recomendación. Otras veces, la comisión siente la necesidad de advertirle: “La Comisión desea que le haga entrega de una declaración exacta de sus ocupaciones durante la guerra. La Comisión solo se pronuncia sobre expedientes reunidos con sinceridad y se reserva el derecho de excluir a los periodistas que se crean en la necesidad de prestar declaraciones falsas”. Diversos documentos van apareciendo al albur del escrutinio; en algunos casos, aparece una acreditación provisional. Confeccionada con un cartón flexible, la tarjeta incluye el número, la decisión de la comisión y la fecha de expedición. Sumergirse en estos expedientes es penetrar en un mundo detenido hace ochenta años para ordenarlo y reconstruirlo, pero también para descubrir quiénes eran esos periodistas cuyos artículos carecían de rostro. Junto con estos documentos de 1944, aparecen unas hojas grapadas, a veces conservadas en carpetas de cartón de color crema. ¿Qué contienen?

La depuración

Invierno de 1945. La comisión de acreditación se convirtió en la Comisión Nacional de Depuración de los Periodistas Profesionales. Estaba regulada por la ordenanza del 2 de marzo de 1945 y debía asegurar la “depuración completa y definitiva de la profesión” (véase el recuadro). Un decreto del 15 de mayo de 1946 la prolongó hasta el 30 de junio de 1946, cuando la acreditación de periodista dejó de ser obligatoria. La comisión estuvo presidida por el miembro del Tribunal de Casación Paul Calon. Para poder trabajar, todos los solicitantes debían someterse a un estricto cuestionario de ocho páginas. Cada una de sus secciones constituía un nudo de una tupida red de la que no era posible escapar. Echémosle un vistazo.

“¿Ha tenido usted algún papel, profesionalmente o no, en la Resistencia? ¿Cuál?”. Desde el punto de vista profesional, había cabeceras que actuaban como llaves maestras: “Redactor en el clandestino Combat”, señaló Pierre Scize, que pronto se convertiría en un conocido cronista judicial en Le Figaro. “Cofundador del Consejo Nacional de Escritores, de Les Lettres françaises y de Les Éditions de Minuit”, enumeró Jacques Debû-Bridel, miembro también del Consejo Nacional de la Resistencia y futuro senador gaullista. “Miembro fundador de Femmes françaises en la clandestinidad”, apuntó Hélène Gosset, que no tardaría en colaborar con el periódico comunista Ce Soir. Algunas responsabilidades conferían un prestigio inmediato. “Presidente del Comité Nacional de Periodistas (zona sur)”, informó Louis Martin-Chauffier, director literario de Libération. “Miembro de la mesa de la clandestina Federación Nacional de la Prensa Francesa”, precisó Claude Bellanger, director de Le Parisien libéré. También la radio podía abrir puertas si, por ejemplo, se emitía del otro lado del canal de La Mancha: “En Londres desde junio de 1940. Colaboradora en el periódico France y en la BBC”, explicó Marthe Lévy, secretaria de redacción de La Tribune des femmes socialistes entre 1936 y 1939.

Quienes no podían atribuirse una actividad periodística en la clandestinidad insistían en lo irreprochable de su conducta. “Ninguna actividad durante la ocupación”, señaló, subrayándolo, Saint-Granier, que antes de la guerra había sido articulista en Ce Soir. En los expedientes se repite, como una cantinela, una firme negativa: “No he escrito ni una línea”. Alexandre Breffort, redactor de Le Canard enchaîné, le añadió la siguiente precisión: “Incurrí en deudas y en 1944 fui cantante”.

Pero cabe preguntarse: ¿de qué vivieron en caso de “desempleo periodístico completo”? Monique Berger, antigua periodista en Excelsior y Le Populaire —donde volvió a prestar servicio— trabajó en una casa de costura. Madeleine Jacob, famosa reportera y cronista judicial antes de la guerra —tarea que volvería a desempeñar, en concreto para cubrir los Juicios de Núremberg— fue taquígrafa y mecanógrafa en el Comité de Organización del Cuero. Pero existió una realidad aún más siniestra que se expresaba con reservas. Durante la ocupación, el expediente de solicitud de acreditación incluía una página en la que se recordaba la ley del 18 de octubre de 1940 que prohibía a los judíos ejercer determinadas profesiones, entre ellas las relacionadas con la prensa. El solicitante debía probar que la prohibición no le concernía. Jacques Nels, antiguo secretario general de Vendredi —semanario intelectual del Frente Popular—, consignó lo siguiente en su solicitud de la acreditación provisional en octubre de 1944: “Ninguna colaboración periodística desde el 18 de junio de 1940 hasta hoy. Judío”, con la última palabra doblemente subrayada. En 1945 se convertiría en redactor jefe del semanario La Bataille.

Publicaciones deshonrosas

Sigamos leyendo. “Durante la ocupación, aclare pormenorizadamente cuál fue su actividad profesional en la zona ocupada de junio de 1940 a agosto de 1944, o en la llamada ‘zona libre’ de noviembre de 1942 a agosto de 1944”. La red se estrecha. Existe una mención decisiva: “Especificar la naturaleza de sus colaboraciones”.

El temor al veto afloraba singularmente entre quienes el cuestionario llamaba periodistas “asimilados” (traductores, taquígrafos, correctores, dibujantes, fotógrafos…). “Reportajes desprovistos de propaganda política o racial: variedades, teatro, moda o crónicas de la actualidad parisina”, afirmó el fotógrafo Roger Parry, que se convertiría en director técnico adjunto del director del departamento de fotografía de la Agencia France-Presse (AFP). “Ninguno de esos dibujos era de carácter político”, concluyó el dibujante Jean Effel tras enumerar sus colaboraciones en la zona sur.

Los demás periodistas también se apresuraron a garantizar lo anodino de sus trabajos durante la ocupación. “Textos publicitarios” de 1941 a 1943, informó Georges Rul —antiguo funcionario del servicio de Correos, Telégrafos y Teléfonos (PTT) “despedido por Vichy”—, que empezó a trabajar en Libération-soir. “Publicación de algunos cuentos y artículos de divulgación en Heures Claires (…)

Artículo completo: 4 118 palabras.

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Anne Mathieu

Profesora titular de Literatura y Periodismo en la Universidad de Lorena, directora de la revista Aden.

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