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La tardía promoción del uso del condón

Cómo el marketing ha moldeado nuestras prácticas anticonceptivas

En Francia, desde el 1 de enero de 2023, el seguro médico reembolsa a los menores de 26 años el 100% del coste de los preservativos de determinadas marcas adquiridos en farmacia, una medida que el 31 de marzo de 2025 se amplió a los preservativos sin látex. La tardía adopción de esta medida tiene su origen en representaciones forjadas a finales del siglo XIX que han contribuido a relegar el “condón” a un segundo plano en las prácticas anticonceptivas.

Desde el 1 de enero de 2023, el seguro médico francés reembolsa a los menores de 26 años (sin necesidad de receta y sin edad mínima) el 100% del coste de los preservativos de determinadas marcas adquiridos en farmacia, una medida que el 31 de marzo de 2025 se amplió a los preservativos sin látex. Sin embargo, el preservativo ocupa un lugar secundario en las prácticas anticonceptivas de las francesas y los franceses. Se utiliza sobre todo al inicio de la vida sexual, pero en las relaciones de pareja estables se sustituye rápidamente por la píldora y, posteriormente, por un dispositivo intrauterino (DIU) una vez alcanzado el número de hijos deseado. En 2016, menos del 20% de las francesas de entre 15 y 49 años que utilizaban anticonceptivos declaraban recurrir a él; sobre todo lo empleaban las más jóvenes (el 45,6 % de las de 15 a 19 años, frente al 25,5 % de las de 20 a 24 años y el 11,6 % de las de 45 a 49 años). Así y todo, Francia es uno de los países donde su uso es relativamente frecuente: en 2017, solo el 7,7 % de las mujeres en pareja en todo el mundo (y el 2,1 % en África) utilizaban el preservativo. Se emplea, a nivel mundial, principalmente en las relaciones ocasionales o incipientes.

Cabría imaginar que esto se debe a que, a partir de la década de 1960, el preservativo sufrió la competencia de la anticoncepción hormonal (sustancias que actúan inhibiendo la ovulación), un método muy eficaz que permite a las mujeres controlar su propia fertilidad. Sin embargo, en realidad parece que empezó a verse relegado mucho antes de que se generalizara la píldora. Ya en 1970, el Informe sobre el comportamiento sexual de los franceses, elaborado por Pierre Simon —la primera encuesta estadística sobre el tema—, revelaba que, si bien más del 80% de las mujeres conocían su existencia, solo un tercio de los hombres y menos de una cuarta parte de las mujeres declaraban haberlo utilizado, y es probable que fueran aún menos quienes lo emplearan de forma habitual.

A precio módico

Sin embargo, el “condón” tiene una larga historia: una serie de innovaciones tecnológicas —la vulcanización del caucho en la década de 1840, el moldeo por inmersión en la década de 1880 y la estabilización del látex líquido en la década de 1920— permitió el florecimiento de una auténtica industria en Europa y América del Norte. La materia prima, el caucho, siguió las rutas de una globalización marcada por el colonialismo: se recolectaba inicialmente en América del Sur y en el África subsahariana, antes de que las grandes potencias europeas aclimataran los árboles del caucho en sus imperios del sudeste asiático. Con ello, la producción de condones se disparó: en la década de 1920, Alemania fabricaba 100 millones de preservativos al año; una década más tarde, las quince principales empresas estadounidenses producían 1,5 millones al día. En esos años, la empresa estadounidense Youngs Rubber Corporation vendía por sí sola 20 millones de unidades anuales.

Lejos de estar destinada exclusivamente a los mercados nacionales, esta producción se exportaba: la compañía alemana Fromms Act contaba ya en la década de 1910 con delegaciones en varios países de Europa, Turquía y Nueva Zelanda; mientras que el Reino Unido importaba cinco sextas partes de su consumo desde Francia, Alemania y Estados Unidos. En la década de 1930, Francia exportaba cada año alrededor de 7,5 toneladas de “cauchos higiénicos” a todo el mundo. Estos productos, considerados entonces reutilizables, eran además fácilmente accesibles: se podían encontrar en numerosas boticas-farmacias y herbolarios, y los clientes también podían adquirirlos por correo desde (…)

Artículo completo: 2 060 palabras.

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Pauline Mortas

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