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Las herramientas de la ultraderecha para su avance

¿Qué se afirma cuando se niega?

Aunque en apariencia puede resultar paradójico, el negacionismo no solo niega, también afirma. A través de la mentira, la distorsión y la banalización, de un ocultar/mostrando, finalmente produce efectos de verdad y poderosos sentidos comunes.

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Gonzalo Ilabaca, La enorme simetría (Óleo sobre tela), 2024
(Gentileza Galería Bahía Utópica)

Durante la última década, una avanzada de ultraderecha a nivel mundial -de la que Chile no es la excepción- ha hecho del negacionismo uno de sus principales instrumentos, contando para ello con una influencia ampliada sobre los medios de comunicación y las redes sociales digitales, en un contexto de crisis del neoliberalismo y de sus centros de poder.

Más allá del revisionismo histórico, el negacionismo se ha hecho extensivo a múltiples dimensiones de la vida y la organización social, desde el cambio climático, al género -calificado ahora como una “ideología”-, la pandemia de Covid-19 y las vacunas, entre muchas otras. Se trata de narrativas, frecuentemente combinadas con visiones conspirativas y paranoicas, que buscan desmentir o reemplazar el conocimiento histórico o científico construyendo un universo donde mentira y verdad pueden ser indistinguibles.

Negar

Respecto del pasado y de la conflictividad de las sociedades, este modo de abordaje no es nuevo. En Chile, la historia está plagada de variadas expresiones de negacionismo que han permeado la cultura y construido sentidos comunes. Es el caso de la borradura del genocidio de los pueblos indígenas, o la ofensiva política y militar de carácter colonial sobre el territorio mapuche, enunciada eufemísticamente como “Pacificación de la Araucanía”. O los crímenes de la dictadura. De hecho, Augusto Pinochet es un paradigma de la figura negadora. Es notable su respuesta alegando ignorancia ante la pregunta por la responsabilidad que le cabía como máxima autoridad, por las numerosas y sistemáticas violaciones a los derechos humanos cometidas por agentes del Estado: “Ninguna. ¿Qué responsabilidad puedo tener en un hecho que ni supe que estaba sucediendo? ¿Qué responsabilidad? Nada. No me consta que esas cosas hayan pasado” (1).

En Argentina, en cambio, el general de Ejército Jorge Rafael Videla, y presidente de facto a partir del golpe de Estado de 1976, no perseveró en la negación, y aunque tardíamente, reconoció de manera pública lo realizado:

“Había que eliminar a un conjunto grande de personas que no podían ser llevadas a la justicia ni tampoco fusiladas. No había otra solución; estábamos de acuerdo en que era el precio a pagar para ganar la guerra y necesitábamos que no fuera evidente para que la sociedad no se diera cuenta. […] La solución fue sutil —la desaparición de personas—, que creaba una situación ambigua en la gente: no estaban, no se sabía qué había pasado con ellos; yo lo definí alguna vez como ‘una entelequia’" (2).

Si bien este tipo de reconocimiento es importante, no basta para que una sociedad pueda elaborar y comprender su alcance y significado, y sobre todo su sentido. Menos aun cuando esas (…)

Artículo completo: 1 534 palabras.

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Gloria Elgueta

Integrante de la Mesa de Londres 38, espacio de memorias [>-(www.londres38.cl)]

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