Una guerra a gran escala amenaza con estallar... Así lo afirman un número impresionante de Casandras, políticos, investigadores, altos mandos militares y periodistas, basándose en los conflictos del año pasado. “He cubierto más de cuarenta guerras en todo el mundo. He visto cómo la Guerra Fría alcanzaba su punto álgido y luego simplemente se desvanecía. Pero nunca he vivido un año tan inquietante como 2025”, afirma John Simpson, redactor jefe de asuntos internacionales de la BBC (1). El número de conflictos armados está en su punto más alto, confirma por su parte el Council on Foreign Relations (CFR), que señala un “deterioro de las normas de no agresión” entre los Estados y recuerda que nueve capitales sufrieron ataques aéreos en 2025 (2): Beirut, Damasco, Doha, Kabul, Kiev, Moscú, Saná, Teherán y Tel Aviv. A esta lista se podrían añadir Túnez, cuyo puerto sufrió ataques con drones israelíes contra la flotilla que se dirigía a Gaza; Jartum, bombardeada por las fuerzas rebeldes y, en 2026, Caracas, que sufrió el fuego estadounidense durante la captura del presidente Nicolás Maduro.
El continuo aumento de las ventas mundiales de armas durante los últimos años confirma estos sombríos pronósticos. Según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), estas alcanzaron un total de 2.718 billones de dólares en 2024, lo que supone un aumento del 9,4% con respecto a 2023 (3). Todas las regiones se ven afectadas, empezando por el continente africano. Y las cifras de 2025, que se darán a conocer la próxima primavera boreal, deberían confirmar la tendencia: el mundo se está rearmando a gran velocidad. “Para seguir siendo libre, hay que infundir temor, y para infundir temor, hay que ser poderoso. Para ser poderoso en este mundo tan brutal, hay que actuar más rápido y con más fuerza” en materia de producción de defensa, declaró el presidente Emmanuel Macron en su discurso de Año Nuevo a las Fuerzas Armadas francesas el pasado 15 de enero. Comentario de un general retirado: “Cuantas más armas se producen, mayor es la probabilidad de tener que utilizarlas. El ejemplo de Estados Unidos lo demuestra”.
Crisis de la OTAN
Guerra, sí, pero ¿qué tipo de guerra? Hay muchas hipótesis, pero una de ellas predomina: cuatro años después de la invasión rusa, la situación más o menos estancada en Ucrania podría desembocar en un conflicto a mayor escala. Ninguno de los dos protagonistas parece capaz de lograr una victoria total; tal estancamiento podría abrir el camino a una solución negociada, un poco como Irak e Irán que, exangües, se decidieron por la paz en 1988, tras ocho años de matanzas. Sin embargo, la intransigencia de Moscú y la actitud belicista de muchos países europeos que apoyan a Kiev (véase el artículo de Hélène Richard) mantienen viva la posibilidad de una escalada incontrolada.
Sanciones repetidas, suministros continuos de armas al ejército ucraniano, ayuda financiera sustancial, posible envío de tropas europeas al territorio ucraniano: todas estas son acciones que (…)
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