El presidente Gabriel Boric deja una economía saneada al próximo gobierno de Josè Antonio Kast. Aunque no pudo materializar las transformaciones estructurales que había propuesto, su gestión macroeconómica logró superar agudos desequilibrios.
La estabilidad macroeconómica es importante para dar seguridad a consumidores e inversionistas. Pero, cuando se convierte en el único objetivo de una gestión económica se olvidan asuntos mayores que son los que pueden llevar el desarrollo a niveles superiores, tales como: industrialización y diversificación productiva, derechos sociales universales, desarrollo tecnológico y productividad, entre otros.
Por ello resultaba original la propuesta programática del presidente Boric que propuso una estrategia de desarrollo transformadora del capitalismo neoliberal, para superar injusticias y también recuperar el dinamismo económico.
Cambios y dificultades
Boric representaba a una nueva generación que ansiaba cambiar el país, la que a partir del 18-0 fue acompañada por movimientos sociales, cansados de injusticias. Su buen resultado electoral fue prueba que una inmensa mayoría lo apoyaba en el proyecto transformador. Sin embargo, no pudo cumplir con la promesa de avanzar hacia una nueva estrategia de desarrollo.
A poco caminar su gobierno tuvo serias limitaciones para cumplir con la derrota del neoliberalismo. Encontró una oposición implacable de la derecha, unida al gran empresariado y sus medios de comunicación.
Pero, hubo también responsabilidades propias. La principal, el haber esperado confiadamente un resultado positivo del nuevo proyecto constitucional, nacido del estallido social, que serviría para respaldar sus reformas. Sin embargo, el proyecto constitucional fue rechazado en septiembre de 2022, con un respaldo de apenas 38% de los electores.
Ese resultado y la condición minoritaria del Frente Amplio en el Congreso obligó al presidente a pactar con un renuente Socialismo Democrático que, disciplinado por el neoliberalismo, no era entusiasta de las transformaciones propuestas.
Así las cosas, los cambios estructurales que apuntaban a desafiar el neoliberalismo no culminaron exitosamente. En efecto, la larga discusión sobre la reforma previsional no pudo eliminar el régimen de las AFP y, aunque logró aumentar beneficios a los pensionados, consolidó el régimen en curso, que alimenta con financiamiento generoso a las grandes empresas, en vez de servir como previsión justa a los jubilados. Tampoco hubo reforma de la salud y el negocio de las ISAPRES permaneció intocado. Y, por cierto, el rechazo en el Congreso a la reforma impositiva cerró las puertas para mejorar la distribución del ingreso y contar con adicionales recursos para el Fisco.
Por otra parte, el régimen productivo extractivista, base material del neoliberalismo, ha permanecido sin iniciativas sustantivas de industrialización y con olvido completo de la inversión en ciencia y tecnología. Habrá que ver si las nuevas áreas productivas de reciente emergencia, como el litio y el hidrógeno verde, avanzarán hacia procesos manufactureros de transformación o servirán sólo como recursos naturales de exportación, como han sido el cobre, la madera y la pesca.
Hay que valorar, (…)
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