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La guerra en su cuarto año

Frente a Moscú, Europa en un callejón sin salida

Pese a la presentación de un plan de paz rusoestadounidense para Ucrania hace varios meses, los países europeos protestan por algunas de las condiciones y las negociaciones siguen abiertas. En particular, Europa insiste en seguir financiando el conflicto, incluso incurriendo en maniobras financieras dudosas.

No habrá paz en Ucrania antes del cuarto aniversario del conflicto. La nueva ronda de negociaciones iniciada a finales de noviembre se ha estancado. Por un lado, el Kremlin considera que el Donbass, ya ocupado en tres cuartas partes, es una garantía mínima, y pretende asegurarse de que una forma de reconocimiento internacional y diversas restricciones priven a Kiev de los medios para recuperarlo militarmente (1). Por otro lado, los europeos se oponen a cualquier cambio de fronteras por la fuerza, lo que constituiría un precedente que, en su opinión, animaría a Moscú a continuar su expansión. Por lo tanto, se declaran dispuestos a “apoyar a Ucrania a largo plazo, al tiempo que refuerzan la presión sobre Rusia con vistas a una paz justa y duradera” (2). Pero, al carecer de los medios necesarios, esta firmeza les obliga a situarse en una dependencia cada vez mayor respecto a Estados Unidos, principal proveedor de armas y pilar de las garantías de seguridad en el marco de un posible acuerdo de paz. Esto ocurre precisamente en un momento en que la administración de Donald Trump incluye la hostilidad hacia la Unión Europea (UE) en su Estrategia de Seguridad Nacional 2025.

De ahí surge la paradoja: aunque no dejan de esgrimir la hipótesis de un ataque ruso, los europeos tienden a relativizar las amenazas –muy reales– de anexión de Groenlandia por parte de Estados Unidos. Envían un grupo de soldados a la isla, pero inmediatamente afirman que es para protegerla de imaginarias incursiones rusas y chinas. El Canciller alemán incluso ha retirado sus tropas para “evitar en la medida de lo posible cualquier escalada” y ha instado a París a bajar el tono, ya que el objetivo sigue siendo mantener “una Europa unida y una OTAN fuerte”. Esta negación de la hostilidad estadounidense hacia los países del Viejo Continente acaba de convencer a Moscú de que los europeos no son más que vasallos de Estados Unidos. Por lo tanto, los rusos continúan los combates a la espera de que Trump pierda interés en Ucrania, lo que, según ellos, llevaría a los europeos a hacer lo mismo. Sin embargo, la inversión que ya han hecho estos últimos (190.000 millones de dólares desde febrero de 2022, es decir, más que Estados Unidos en la actualidad) hace que no les cierren las cuentas.

Un gran malentendido

Por eso, el 20 de noviembre, la revelación por parte de Axios y Financial Times de un plan de paz ruso-estadounidense sembró el pánico en las cancillerías europeas. El documento de veintiocho puntos, elaborado en secreto por el enviado especial estadounidense Steve Witkoff y el emisario ruso Kirill Dmitriev, satisface las dos principales reivindicaciones de Moscú: la no adhesión de Ucrania a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la retirada de las tropas ucranianas de Donetsk y Lugansk que aún controlan, que se convertirían en una zona desmilitarizada. Estas dos regiones, junto con Crimea, serían reconocidas como territorios “que pertenecen de facto a Rusia, incluso por Estados Unidos”.

Aunque crea las condiciones para una victoria rusa, este plan no corresponde a la exigencia de “capitulación”, como lo denunció el ministro de Asuntos Exteriores francés Jean- Noël Barrot ante la Asamblea (…)

Artículo completo: 1 836 palabras.

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Hélène Richard

De la redacción de Le Monde diplomatique, París.

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