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El fútbol bajo los dictados de Donald Trump

Un Mundial confiscado

La Copa Mundial de Fútbol, que se celebrará en Norteamérica del 11 de junio al 19 de julio, prometía ser más universal al aumentar el número de países participantes. Por el contrario, sus elevados costos y las restricciones para conseguir las visas para entrar a Estados Unidos, alejan más que nunca el evento del deporte popular.

Por primera vez, las selecciones nacionales de Cabo Verde, Jordania, Uzbekistán y Curazao participarán en el Mundial, que reunirá a 48 países frente a los 32 de ediciones anteriores. Desde el punto de vista deportivo, la ampliación del formato beneficiará a todos los continentes. Así, 9 o 10 selecciones africanas estarán presentes. En la edición de 1994, la primera organizada en Estados Unidos, solo había 3 de 24. Para acoger a todos estos equipos, este año se sumarán dos estadios canadienses y tres mexicanos a los 11 estadios estadounidenses seleccionados. En Guadalajara, una de las tres ciudades mexicanas anfitrionas, Raúl Álvarez y Julio Medrano juegan al fútbol todos los sábados por la mañana. Viven y trabajan a poca distancia del estadio con forma de volcán, donde se jugarán cuatro partidos de la competencia. Este moderno espacio, rodeado de estacionamientos, se construyó detrás de la circunvalación, lejos del antiguo estadio Jalisco, construido en el corazón de la ciudad. Este último fue escenario de las obras maestras de Pelé, Tostão, Gerson y Jairzinho durante el Mundial de 1970, y luego de la Brasil de Sócrates y la Francia de Platini en 1986. Demasiado jóvenes para haber grabado esos recuerdos en su memoria, los cuarentones –técnicos de una agencia federal de conservación forestal– habían marcado en su agenda la fecha de apertura de la venta de entradas, en septiembre de 2025. “Todos los mexicanos a los que les preguntes te responderán que tenían el deseo de asistir al menos a un partido”, afirma Medrano. Pero hubo que aceptar la realidad. “Geográficamente estamos muy cerca, pero materialmente estamos muy lejos”, lamenta Álvarez. Basándose en capturas de pantalla enviadas por personas seleccionadas al azar durante la primera fase de venta, el sitio web The Athletic recopiló todas las tarifas. Para las categorías 1 y 2, que representan la gran mayoría de las localidades, los precios oscilan entre 260 y 805 dólares en la primera ronda, y luego suben hasta 6.370 dólares, cuando el salario medio en México es de unos 400 dólares. Habrá que desembolsar un mínimo de 2.790 dólares por persona para ver la final en la categoría 3, es decir, en la parte más alta del estadio de Nueva York (1), o incluso mucho más si se utiliza la plataforma oficial de intercambio y reventa.

La Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), organizadora del evento, abandonó el viejo sistema que reservaba una cuota de entradas a precios reducidos para los residentes. La organización no ha comunicado una tabla de precios oficial, pero ha sido astuta al informar que hay entradas disponibles a partir de 60 dólares. Sin embargo, estos precios corresponden a los de la categoría 4, es decir, a una mínima parte de las localidades, que cuesta encontrar en los planos de los estadios.

Las federaciones de los países clasificados disponen cada una del 8 % de la capacidad de los estadios. Estas entradas destinadas a los seguidores garantizan el ambiente y, por lo tanto, valorizan el “producto” televisivo. Pero a los seguidores también se les imponen tarifas exorbitantes. Una red europea hizo el cálculo: “Si un fanático quiere seguir a su equipo desde el primer partido hasta la final, le costará como mínimo 6.900 dólares, es decir, casi cinco veces más que en la Copa del Mundo de Qatar” (2). Algo imposible para una familia de clase trabajadora.

Suben todos los precios

Hervé Mougin, presidente de Les Irrésistibles Français, la principal asociación de seguidores de “les Bleus” [como se conoce a la Selección francesa], no se ha perdido ningún partido internacional en quince años. No abandonó la idea de ir a Estados Unidos. “Pero –confiesa con ironía–, dudo si vender un riñón”. Si la selección francesa vuelve a llegar a la final, Mougin calcula que el costo total del viaje oscilará entre 20.000 y 25.000 euros. Sería más del doble de lo que pagó en Qatar en 2022. Los hoteles de las ciudades anfitrionas aumentan sus precios más de un 300% en promedio durante la competencia. A estos gastos hay que añadir el transporte. En 2022, los estadios estaban agrupados en una sola ciudad. En 2026, (…)

Artículo completo: 2 323 palabras.

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Florian Lefèvre

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