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La Carta Universal de Derechos Humanos

Una brújula ética frente al oscurantismo y relativismo moral

Abrumador resulta constatar los cambios culturales y valóricos que azotan el mundo y a las personas. Términos que antes parecían claros y sin dobles significados hoy no los son. Los términos Democracia, Libertad, hoy son manipulados por ideologías de derecha, los cuales lo asimilan a la capacidad de consumir y elegir: pagar el mejor colegio, libertad de pagar menos impuestos, de elegir la mejor clínica. Cabe preguntarse de qué tipo de libertad nos hablan.

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Vicente Hirmas, La figura (Cedro del Líbano con incrustaciones de nácar, cuerno y bronce), 2025
(Gentileza Galería Patricia Ready)

Personas como Trump, Elon Musk, Bukele, Netanyahu, Putin, Kast, Epstein, Ponce Lerou, son detentores de poder y dinero, las leyes no están hechas para ellos, siguen su propia ‘moral’ revindican figuras como Hitler, Pinochet, Paul Scheffer, quieren que el mundo retroceda en los avances de los derechos de las mujeres y de los niños y minorías. Anhelan perseverar en el oscurantismo, el racismo, y el supremacismo; espacios donde ellos se benefician y enriquecen a sus anchas, mientras destinan a la inmensa mayoría a la miseria, la vulnerabilidad, la deshumanización y el embrutecimiento.

Nos horroriza la falta de humanidad del carabinero Crespo, cuando utiliza la imagen de Gustavo Gatica junto a una tumba, para burlarse en su cara por el fallo que lo liberó de su condena, no deja de llamar la atención que renombrados políticos de derecha acompañaran a Crespo durante la audiencia de sentencia, ni siquiera en dictadura, durante los juicios, vimos tanto descaro, a políticos acompañando a los violadores de los derechos humanos de aquella época.

¿Qué ocurrió con los valores y el pudor? ¿los tuvieron alguna vez? Hoy sólo vale que primen las ideas de su sector, como detentores de la verdad absoluta sin considerar que hay seres humanos vulnerados atrás: madres y padres dolientes y familias que sufren la injusticia y las barbaridades de las redes sociales.

Si Chile y sus sucesivos gobiernos hubieran promovido una política pública seria en defensa de los derechos humanos, la sociedad en su conjunto no hubiera permitido este tipo de expresiones crueles y degradantes contra la naturaleza de la persona. Ninguna política pública del Estado de Chile manifestó la convicción profunda del “Nunca más en Chile”. Nunca se puso, en el lugar simbólico, ni presupuestario, ni en los planes educativos, ni en las conmemoraciones oficiales, la memoria histórica para la no repetición y en defensa de los derechos humanos de la población civil. Cuarenta y seis años después del golpe de Estado civil-militar, persiste el hecho de que un joven de una veintena de años quedara ciego por el uso desproporcionado de la fuerza, en tiempos de legítima revuelta social, en uno de los países más desiguales dentro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y de la región de América Latina.

Una ley controversial

En el contexto de este juicio resurgió la denominada Ley Nain-Retamal, que, como sabemos, no tuvo su origen en el Ejecutivo ni fue una iniciativa suya, sino parlamentaria. No obstante, el error ético radica en que un gobierno progresista -que se presentó como transformador- terminó siendo parte de su tramitación y promulgación, al no hacer uso de la facultad de veto presidencial frente a la modificación que estableció la “presunción legal de legítima defensa para funcionarios y funcionarias de orden y seguridad pública cuando actúen en el marco de funciones de orden público”, privilegiando con ello evitar un costo político inmediato.

La ley se aprobó, y el Ejecutivo fue arrastrado por el relato según el cual las Fuerzas Armadas y de Orden estaban siendo “víctimas indefensas” frente al crimen organizado, relegando el impacto jurídico desproporcionado que la norma tendría sobre la población civil y sobre el derecho a la manifestación. De la derecha se espera una normativa de este tipo; pero del Ejecutivo se esperaba que, por sobre su aprobación pública y después de una revuelta social, impidiera, con toda la fuerza de su historia, su promulgación y diera la batalla cultural necesaria y urgente en defensa de los derechos humanos y contra la impunidad.

El crimen perpetrado contra Gustavo Gatica y contra una de las abajo firmantes (Carmen Gloria Quintana), se cruzan dos generaciones que protestaron en las calles por democracia y justicia social, y ambas fueron marcadas de por vida por graves violaciones a los derechos humanos en Chile. En mi caso, quemada viva por militares en dictadura, la justicia llegó treinta años después, con un responsable fugado y nunca encontrado; en el de Gustavo, joven conocido internacionalmente por la barbarie de haber sido cegado por Claudio Crespo, quien (…)

Artículo completo: 2 351 palabras.

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Soledad Romero Donoso* y Carmen Gloria Quintana*

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