La contratación de académicos universitarios a tiempo parcial para dictar una o más asignaturas, se ha convertido en una tendencia mundial de crecimiento exponencial en la última década. Según voces expertas en educación superior, este fenómeno responde a una mezcla de realidades económicas junto a necesidades estratégicas y requerimientos curriculares.
Respecto de las razones económicas de esta situación, estas se explican en la necesidad de la reducción de los costos financieros, debido a que los académicos a tiempo parcial reciben un sueldo por hora de clases, lo que exime a las universidades de pagar salarios por otras funciones y por otros beneficios sociales y de salud. De igual forma, la incorporación de estos docentes responde a una lógica de rápida optimización de recursos. En universidades con presupuestos ajustados o disminuidos, la contratación de estos profesionales es considerada casi como la única vía para cubrir rápidamente la cobertura curricular, sin aumentar el déficit estructural. A nivel internacional este punto es el más debatido por los especialistas, debido a su efecto en la “precarización” del trabajo académico.
Este crecimiento explosivo de académicos a tiempo parcial, también se relaciona con una tendencia mundial de flexibilidad estratégica y curricular, donde la incorporación de estos profesores es bien valorada desde un punto de vista pedagógico, aunque parezca contradictorio. La explicación de esta buena valoración pedagógica se sostiene en tres elementos. En primer lugar, está la aportación de experiencia “real” o empírica, debido a que internacionalmente las universidades están buscando profesionales que trabajen activamente en el mercado laboral (abogados, ingenieros, médicos, artistas), con el propósito que traigan al aula universitaria casos prácticos y tendencias actuales del mundo del trabajo. Considerando que esta experiencia empírica es vital en carreras técnicas o científicas, donde la teoría no es suficientemente rápida para incorporar o explicar las innovaciones y los avances del mundo laboral.
En segundo lugar, ciertos “nichos” de formación académica, obligan a las universidades a ofrecer materias muy específicas, de alta complejidad y esenciales para una formación actualizada, pero que no justifican una plaza de tiempo completo. El tercer elemento pedagógico, tiene que ver con la necesidad de contar con un mecanismo rápido para adaptar la “oferta” educativa al tamaño de la matrícula. Debido a normativas o cuerpos legales que provienen de la política educacional o por las tendencias en el mercado del trabajo, las universidades enfrentan fluctuaciones en el número de estudiantes, según las áreas del conocimiento. En este escenario, el personal a tiempo parcial permite abrir y cerrar cursos, según la demanda anual o semestral, sin comprometer la estabilidad financiara de la institución a largo plazo. En el contexto chileno, un ejemplo de lo anterior se ubica en las variaciones de las condiciones que el Ministerio de Educación, le ha otorgado al ingreso de estudiantes a (…)
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