90 años han transitado desde el natalicio de Julieta y, a pesar de que ha sido destacada como una figura clave del feminismo chileno y latinoamericano, poco se sabe sobre su multifacética praxis revolucionaria. En este texto nos proponemos ir al reencuentro con Julieta tomando también en consideración los bordes olvidados de su proyecto emancipatorio, como una militante heterodoxa y multifacética: sus escritos dan cuenta de reflexiones en torno al autoritarismo, la planificación de la ciudad, el proyecto popular alternativo para America latina, tanto en solitario como en coautorías. Navegar por sus bordes es entonces ir al encuentro de la mujer nueva, quien es también la socióloga socialista que deviene en la feminista que repensó la vida.
La mujer nueva
Julieta llegó a Santiago en sus veinte años. Hija de una familia chileno-británica, migró en búsqueda de educación y formación intelectual. Estudió dos carreras mientras lograba congeniar tareas de cuidado y crianza: su primer hijo Pablo, de su relación con Ramón Sabat, y su segundo hijo Rodrigo, de su relación con Rodrigo Baño. Pareciera entonces que este sentido sobre lo privado y lo público, estuvo presente y tensionando toda su vida, ya que sostenía en sus múltiples escritos e investigaciones, que los espacios de la vida cotidiana de la familia y las amistades también eran espacios políticos. Quienes criamos sabemos que lo público y lo privado está siempre imbricado: escribir mientras se lava la ropa, leer mientras los hijos duermen, militar con amistades mientras los hijos se encuentran al cuidado de las abuelas.
Las voces de amigas, compañeras y cercanas a Julieta coinciden en retratarla no solo como una intelectual brillante, sino como una persona intensa, cercana y profundamente comprometida en lo humano. Es que, para ser una intelectual incómoda, disruptiva, que cuestiona toda certeza y forma de relación, se tiene que también tener la capacidad, la sutileza y delicadeza de no perder el sentido del humor ni la fraternidad con las compañeras, exponer es un doble ejercicio que implica también mostrar si se quiere, las propias vulnerabilidades. Hacer política desde los afectos nos entrega una posibilidad de conectarnos con la realidad para transformarla, pero también de buscar otros lenguajes: poesía, pasquines, gráficas, bordados, manifestaciones, de ocupar las calles, de ser multitudes, de usar la palabra, la consigna, la protesta. Ya escribía en prosa para la revista Furia: “Tengo ganas de sacar de los archivos de escondidas historias femeninas, sus gestos, sus urgencias, sus prisas y su ira. Tengo ganas de salir con carteles a la calle y encontrarme en multitudes para cambiar la vida”.
La socióloga
Se ha reivindicado a la Julieta como una socióloga con vasta investigación en la Facultad Latinoamericana de Ciencias sociales, pasando muchas veces por alto su profesión de cabecera: la administración pública, carrera que estudió en la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile. A la fecha, no hemos conocido que se le reivindique como tal, puesto que incluso la sala que lleva su nombre en dicha Universidad se encuentra en la Facultad de Sociología y Humanidades. Cabe preguntarse entonces, ¿Cómo la función pública fue forjando sus curiosidades y su necesidad de transformación? Se nos inculca como funcionarios del Estado que nuestro quehacer está (…)
Texto completo en la edición impresa del mes de abril 2026
en venta en quioscos y en versión digital
E-mail: edicion.chile@lemondediplomatique.cl
Adquiera los periódicos y libros digitales en:
www.editorialauncreemos.cl
