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La mutua dependencia entre el gobierno de Donald Trump y las Big Tech

La IA al servicio del imperialismo

La noción de imperialismo entendido como el vínculo estrecho entre Estados y grandes monopolios económicos, y su expansionismo común, se revela iluminador para entender la relación de mutua dependencia entre el gobierno de Donald Trump y las Big Tech. En medio de inversiones “demasiado grandes para quebrar”, que requieren de apoyo financiero público, las tecnológicas se ponen al servicio del supremacismo estadounidense.

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Carlos Sánchez A., Sin título (Linografía), 2025

La noción de imperialismo tuvo en los últimos meses una suerte proporcional a la intensidad de los desórdenes del mundo. El segundo mandato presidencial de Donald Trump actualizó el término al gusto de la época, y ahora reaparece de manera cíclica para criticar la política exterior de Estados Unidos. Sin embargo, el imperialismo designaba en su origen algo más preciso: el vínculo estrecho entre los Estados y los grandes monopolios económicos, y su expansionismo común en el contexto de la rivalidad entre potencias. Este enfoque, desarrollado por muchos teóricos a principios del siglo XX, se revela particularmente iluminador hoy en día para entender la relación de dependencia mutua entre el Estado estadounidense y la Big Tech.

Cómo entender al imperialismo

Después de la relativa estabilidad internacional del período post-napoleónico, las décadas previas a la Primera Guerra Mundial se caracterizaron por un auge de la expansión colonial y una intensificación de los antagonismos entre las grandes potencias. En el ámbito económico, la implementación de políticas proteccionistas puso fin al liberalismo del período anterior. En 1902, el economista británico John Hobson denominó “imperialismo” a esta configuración histórica, caracterizada por el enfrentamiento entre “imperios rivales, cada cual guiado por las mismas aspiraciones a la expansión política y al beneficio comercial” (1).

Algunos años más tarde, distintos pensadores marxistas se apoderaron del tema: Rudolf Hilferding, Rosa Luxemburgo, Nikolai Bujarin y –el más famoso de todos– Vladimir Ilich Lenin. Aunque sus explicaciones diferían en ciertos puntos, todos anclaban sus enfoques en el análisis de las transformaciones económicas. El capitalismo se caracterizaba ahora por una unión entre el capital industrial y el capital bancario (al que Hilferding llamaba “capital financiero”), así como por la alianza entre las grandes empresas y los Estados de los cuales éstas provenían. Bujarin describió el surgimiento de los “trusts capitalistas nacionales” (2). La gran empresa concentrada, que dominaba el mercado nacional, necesitaba ahora el poder político y militar del Estado para sostener una competencia que se había convertido en feroz a nivel mundial.

Para los teóricos marxistas, el imperialismo “marca la transición del sistema capitalista a un orden económico y social superior” (3). En este aspecto, la historia tendió a demostrar que estaban equivocados. También se debería considerar al imperialismo como un tipo de capitalismo que reaparece de manera cíclica cada vez que una potencia hegemónica ve que se resquebraja su dominio. La transición del liberalismo al imperialismo entre 1880 y 1914 se explica por el declive industrial del Reino Unido, convertido al proteccionismo para frenar el ascenso de sus rivales. ¿Vivimos una época análoga? El debilitamiento de Estados Unidos tuvo como corolario el cuestionamiento de la globalización del libre comercio desarrollada bajo su supervisión. De esto da testimonio el ascenso de China, la puesta al margen de la Organización Mundial del Comercio (OMC), las nuevas barreras aduaneras y el retroceso del derecho internacional. Esto es también lo que afirmó sin rodeos el Secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick, el 20 de enero en Davos: “La globalización no le sirvió ni a Occidente ni a Estados Unidos de América; es una política fracasada”.

Dependencia mutua

Igual que a principios del siglo XX, la concentración de capital crece de modo espectacular. En enero de 2026, las siete principales empresas tecnológicas estadounidenses (Nvidia, Alphabet, Apple, Microsoft, Amazon, Meta y Tesla) representaban el 34% del valor total del índice S&P 500, en comparación con el 12,5% de 2016. En 2025, el crecimiento de Estados Unidos fue resultado principalmente de las inversiones faraónicas hechas por las industrias tecnológicas para desplegar nuevas infraestructuras de inteligencia artificial (IA) y sostener a las “estrellas” del sector: OpenAI y Anthropic. Se espera que estas inversiones aumenten todavía más en 2026 y alcancen los 650.000 millones de dólares solo para Amazon, Alphabet (Google), Microsoft y Meta (Reuters, 23 de febrero de 2026).

Si las enormes ganancias de estas empresas durante un tiempo alimentaron una orgía de capitales, esto ya no alcanza. OpenAI y Anthropic planean entrar en la bolsa en 2026 para hacerse de fondos adicionales. El sector también debe solicitar préstamos cada vez mayores a actores financieros no bancarios: firmas de capital de riesgo, compañías de gestión de activos y créditos privados. Los proveedores de infraestructuras para la IA, Oracle y CoreWeave, se habrían endeudado en un monto de 100.000 millones de dólares. Los grandes actores como Amazon, Google y Meta también recurrieron a los préstamos mediante sofisticados mecanismos financieros (4). Así, la industria tecnológica quedó más entrelazada que nunca con las finanzas, mientras que las perspectivas de obtener ganancias siguen siendo inciertas: OpenAI recién (…)

Artículo completo: 2 657 palabras.

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Sébastien Broca

Sociólogo, Catedrático de Ciencias de la Información y la Comunicación en la Universidad París 8 (Cemti). Autor de Utopie du logiciel libre. Du bricolage informatique à la réinvention sociale, Le Passager clandestin, Neuvy-en-Champagne, 2013.

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