Las guerras en Medio Oriente y Ucrania están asociadas a los combustibles fósiles: el mundo todavía se mueve, cocina y calefacciona con ellos. Pero el futuro se juega en la transición energética y las tecnologías avanzadas que dependen de los minerales críticos y “tierras raras”, eje de conflictos presentes y futuros.
La relación de fuerzas entre potencias depende del acceso a sus cadenas de suministro. Estados Unidos ha percibido su debilidad y busca agresivamente asegurarse esos recursos y limitar la presencia de sus competidores. Chile ya ha experimentado tensiones en casos vinculados a China: desde limitaciones al procesamiento del litio, pasando por el veto a un observatorio astronómico, las controversias en torno a la red de 5G, hasta el proyecto de cable transpacífico.
Los “minerales críticos” y las “tierras raras” son determinantes en armas de última generación, vehículos eléctricos, computadoras, celulares, robótica, energía alternativa y baterías recargables, entre otras. La falta de acceso a ellos afecta la economía de un país (1). Para quien los demanda, lo crítico radica en su vulnerabilidad; para quien los posee, en la oportunidad de transformar su ventaja natural en fortaleza de negociación.
Parte de ellos los posee Chile, incluso con una posición dominante en el mercado mundial. Una cuarta parte de las reservas y producción de cobre mundial son chilenas. En litio es el principal actor con 35% de las reservas y cuarto de la producción mundial. En molibdeno, concentra cerca de una quinta parte de las reservas y de la producción mundial (2). A ellos se agregan el renio (50% de la producción mundial), el yodo (60%), la plata (7%) (3) y el cobalto, en el cual podría alcanzar segundo lugar en el mundo hacia 2030. Chile posee siete “tierras raras” que podrían tener relevancia en el mercado mundial y especialmente en la diversificación de fuentes a mediano plazo.
La minería representa casi la mitad de las exportaciones del país y financia 14% del gasto público en promedio (4), pero lo que realmente importa es su valor estratégico, no su valor comercial. El litio, por ejemplo, representa una fracción menor de las exportaciones, incluso por debajo de productos como las cerezas. Sin embargo, su relevancia es incomparable: el litio es indispensable en industrias críticas; en cambio China, adonde va 90% de la cereza chilena, bien podría pasar sin ellas o comprarlas de otros países. Esa es la diferencia entre un bien comercial y un recurso de poder.
No es casual que China enfrentara con éxito los aranceles impuestos por Estados Unidos: en gran parte se debe a que domina dos tercios de la producción de “tierras raras” y 80% de su procesamiento.
Para Chile, estos recursos naturales son parte de su fortaleza, a la que se suman su estabilidad institucional, capital humano, experiencia minera e incluso recursos de (…)
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