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Multiplicación de grupos fascistas en Francia

Radiografía de la ultraderecha y su violencia

La muerte de un joven militante de extrema derecha tras un enfrentamiento con grupos antifascistas en Francia reavivó las acusaciones de violencia contra la izquierda. Este hecho, condenable, no puede tapar el sostenido ascenso de métodos violentos por parte de grupos nacionalistas, en especial contra migrantes y diversidades, alentados por una extrema derecha realiza una lectura racial de las tensiones sociales.

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Paula Ábalos, Sin título (Collage), 2017

¿Cómo es posible que un militante del movimiento neonazi liónés que estaba plenamente implicado en sus actividades y que publicaba en X mensajes como “Apoyo a Adolf”, “Habrá que desenterrar y fusilar a [Gisèle] Halimi” o “Total Nigger Death” (“muerte total a los negros”), haya podido ser objeto de un minuto de silencio en la Asamblea Nacional y que, incluso, se haya exhibido su retrato en la fachada de la sede del gobierno regional de Auvernia- Ródano-Alpes? Esta es una de las preguntas que han surgido tras la muerte de Quentin Deranque ocurrida el 14 de febrero de 2026 durante un enfrentamiento con antifascistas (1).

En un giro digno de la obra 1984 de George Orwell, algunos afirman que ahora el fascismo estaría del lado de la izquierda, como lo hizo la revista Marianne el 19 de febrero de 2026. Otros, más numerosos, ponen en una misma bolsa a los “ultras” de ambos bandos y explican que su violencia no debería tener cabida en épocas de democracia. Es cierto que el juego político se ha pacificado considerablemente si se lo compara con los años 1970-1980, cuando las batallas campales entre quienes pegaban carteles o durante manifestaciones y actos políticos eran habituales. En el presente, la conflictividad política parece más verbal y se expresa sobre todo en las asambleas, los medios de comunicación o las redes sociales. Sin embargo, esta constatación oculta la existencia y la persistencia de una violencia callejera de extrema derecha que no tiene punto de comparación con aquella ejercida por otras corrientes ideológicas.

Genealogía de la violencia

Identificar sus límites y medir su evolución no es tarea sencilla: se trata de una violencia que reviste formas múltiples, muchas veces no registrada ni denunciada, y que emana tanto de colectivos más o menos identificables como de individuos aislados cuyas motivaciones e inclinaciones ideológicas exactas no siempre se conocen. A pesar de estas dificultades, una reciente investigación arrojó resultados contundentes: a la extrema derecha se le imputan 39 asesinatos o muertes violentas entre 1986 y 2017 (frente a 6 de la llamada izquierda “radical”) y 299 agresiones (frente a 40); es decir, 9 de cada 10 casos (2).

Esta violencia tiene una historia. En Francia, alcanzó picos máximos en los años 1930 y, posteriormente, durante la guerra de Argelia, cuando el accionar de la Organización del Ejército Secreto (OAS) [todas las siglas son en francés] provocó más de 2.700 muertes a ambos lados del Mediterráneo. El fin del conflicto no la hizo desaparecer. Formados en la clandestinidad, en posesión de armas y con conocimientos sobre su manejo, diversos grupos e individuos comenzaron a involucrarse en los enfrentamientos políticos y sociales de la época (3). Después de 1968, organizaciones como Occident u Ordre Nouveau y sindicatos patronales –especialmente la Confederación Francesa del Trabajo (CFT)– recurrieron al uso de la violencia. La cuestión argelina también agudizó el racismo cotidiano. En Marsella, el asesinato de un conductor de tranvía a manos de un argelino con trastornos psiquiátricos desató una ola de agresiones contra magrebíes. Entre agosto y diciembre de 1973, asesinaron a 17 de ellos y el consulado de Argelia en Francia informó que, entre sus ciudadanos, se habían registrado 50 muertos y 300 heridos durante todo ese año.

No obstante, el crisol de la guerra de Argelia pareció agotarse en los años 1980. Los atentados de 1987 y 1988 representaron el último coletazo de la violencia vinculada a la OAS. Llevados a cabo por miembros del Partido Nacionalista Francés y Europeo (PNFE), estos ataques contra dirigentes comunistas y contra el centro de inmigrantes de Cagnes-sur-Mer dejaron un saldo de un muerto y quince heridos.

Desplazamiento hacia el agitprop

Este cese de la violencia se debió a una cuestión generacional, pero también estuvo vinculado a los éxitos electorales que comenzó a cosechar el Frente Nacional (FN) a partir de 1984, y que lo empujaron hacia una estrategia legalista que recomendaba apartar a los militantes más proclives a la confrontación. La violencia se desplazó entonces hacia grupos de skinheads de extrema derecha que estaban empezando a estructurarse. Entre ellos destacaban las Juventudes Nacionalistas Revolucionarias (JNR), que se distinguían por sus agresiones racistas, homofóbicas y contra personas marginadas. Sin embargo, su auge se vio truncado por los antifascistas y las bandas de cazadores de skins (chasseurs de skins), quienes les disputaron el espacio público.

En ese contexto, la extrema derecha radical empezó a volcarse más hacia el agitprop, la puesta en escena y la comunicación que hacia la violencia propiamente dicha (4). A los apéros saucisson-pinard [aperitivos de salchichón y vino] organizados por el Bloc Identitaire, le sucedieron las pancartas de Génération Identitaire (“732 - Recuerda a Carlos Martel” en la mezquita de Poitiers en 2012; “White Lives Matter” durante una manifestación contra la violencia policial en 2020), la campaña “Defend Europe” en las fronteras italiana y española, y las acciones de las femonacionalistas del colectivo Némésis –que se infiltran en manifestaciones feministas o actos políticos para denunciar las agresiones sexuales cometidas por “extranjeros” y por el islam–.

Nuevas formaciones y reagrupamientos

No obstante, el clima de ansiedad que se generó a partir de la cantidad de atentados que ocurrieron en 2015, de la crisis por el Covid y de las incertidumbres ambientales e internacionales ha contribuido a la difusión de la idea de una guerra civil. Algunos grupos se organizan con vistas a una confrontación racial que pretenden acelerar por miedo a que después sea demasiado tarde. La inspiración de estos “aceleracionistas” proviene de las tesis de Renaud Camus sobre el “gran reemplazo” y de los (…)

Artículo completo: 3 137 palabras.

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Laurent Bonelli

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