El Estado de Chile a través de la firma de tratados internacionales en materia de Derechos Humanos se ha comprometido a prevenir y sancionar crímenes de lesa humanidad. Adquiridas tales responsabilidades, no solo por su peso legal, sino principalmente por el compromiso de restituir a personas cruelmente dañadas en dictadura, el Estado a través de políticas públicas y programas ha realizado esfuerzos de reparación a ciudadanos vulnerados gravemente durante el régimen. No obstante, bajo el contexto actual y la historia reciente surge la pregunta de cómo consolidar la reparación en personas cuyo devenir la violencia de la dictadura quebró si coexiste en Chile un escenario social que genera y perpetúa mantos de impunidad. Es decir, ¿cómo sostener la reparación si el Estado y la sociedad a la par de los esfuerzos reparatorios desestima el dolor de las personas dañadas?
La certeza histórica establecida tras la investigación de las comisiones de verdad en torno los crímenes cometidos en dictadura implicó la promulgación de una serie de leyes (19.123, 19.980, 20.405) que comprometieron la reparación de miles de personas que fueron objeto de violencias extremas; habiendo hitos de reparación como el Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reparación y la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura, así como la constitución del Programa de Reparación y Atención Integral en Salud y Derechos Humanos (PRAIS). En este sentido, la labor de los equipos profesionales PRAIS se dirige a reparar heridas que insisten no solo de forma individual, sino que siguen doliendo a toda la sociedad, pues la magnitud del aniquilamiento desplegado por la dictadura se proyecta y perpetúa en un daño sobre la salud de las personas. Tarea reparatoria que se ve amenazada toda vez que la justicia tarda y la verdad se reniega, en otras palabras, la impunidad incrementa y perpetúa el daño.
Restituir el daño
De este modo, el trabajo de reparación que desarrolla PRAIS implica búsquedas para restituir el daño en salud física y psíquica de miles personas que portan cuerpos heridos con vestigios de torturas, hambre, frío y soledad, o son permanentemente afectadas por traumatismos psíquicos. Trauma manifestado en el recuerdo abrumante de la invasión sobre sus cuerpos, exponiendo a sobrevivientes a la conmoción actualizada del horror, colapso vivencial que implica reminiscencias que pierden la distinción entre pasado y presente (Cabrera, 2024). Traumatismo psicológico, que en otro modo se manifiesta en quienes hendidos por el duelo desolador e imposible (Castillo, 2013) de no volver a ver a un familiar que fue hecho desaparecer o ejecutado, cargan la melancolía de la pérdida continua. Con tal gravedad de daños, los caminos de reparación, y con ello de alivio ante (…)
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