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Identidad cultural e identidades comunitarias

Dos recientes y exitosas películas chilenas

Dos de las películas más exitosas del ultimo cine chileno, estrenadas en el 2024 y 2025 respectivamente: Denominación de origen, de Tomás Alzamora, y La misteriosa mirada del flamenco, de Diego Céspedes, pueden entregarnos algunas luces sobre determinados elementos culturales, entendidos estos en el sentido más antropológico de patrones de conducta, valores, e incluso miedos compartidos, psicologías comunes y eventos históricamente relevantes en la conformación de un imaginario colectivo, directa o indirectamente relacionado a las representaciones sociales de identidad, sea esta local, nacional, o simplemente proyectada como un anhelo o necesidad. En el caso de Denominación, la temática aborda la tan inverosímil como tierna lucha por el reconocimiento originario de la longaniza para el pueblo de San Carlos, y en el Flamenco la amorosa resistencia de una comunidad transexual, en una película que habla del presente augurando un primer futuro desde el pasado: 1982, época de la dictadura y una acción situada en un espacio lejano y aislado, en algún punto del desierto. Un bar donde las mujeres trans constituyen un micromundo, sumado al “contrapunto” de una niña que ha sido adoptada hace mucho tiempo por una de ellas. Es un paraje casi abstracto, tan deudor del cine mismo como de un Chile que se revela en esos detalles, precarios, de sobrevivencia, que forman las pocas “casuchas” destartaladas que alcanzamos a ver en el horizonte.

Hay estallidos de violencia y explosiones de humor en ambas películas: lo humorístico como vía de escape lateral frente a la violencia, o como su preludio, cuando el poder, los villanos del cine, los que asechan en la sombra, amenazan toda paz, toda seguridad. Es como un terremoto que podría llegar en cualquier momento, el movimiento telúrico brutal del sismo encarado con una salida divertida, o por el contrario, como un fenómeno largamente esperado y temido que torne fútil cualquier alegría frágilmente alcanzada. En Denominación, la música de Los Ángeles Negros se confunde con el desenlace moral de la historia. Esa especie de mezcla de canción “cebolla” latinoamericana con la elegancia en las voces, en la banda de músicos vestidos de negro absoluto. Un acto metafórico de “cortarse las venas”, de hacerse daño pero con pasión encendida de balada, un tanto en parodia, es decir lo “trágico” que asecha al humor. En ese sentido cabe también preguntarse si estas películas miran realmente al futuro o al pasado: si se preguntan por el cómo vamos a vivir, o por el “por qué” hemos vivido así, donde partir desde el pasado comporta ya una elección moral: ¿qué hemos considerado vivir bien y por qué estamos en este punto de inicio?

En Denominación el personaje del abogado desafía al modelo, entrecalando groserías y modismos, al decir que no todo tiene que ser por dinero, “como se suele pensar de los abogados”. Hacia el final la creación de un nuevo museo, unida a la peregrinación del grupo de amigos al cementerio para visitar al desaparecido “tío Lelo”, es una reactualización del pasado en el presente, para darle sustancia. Los Ángeles (…)

Artículo completo: 1 710 palabras.

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Álvaro Guerrero Gabella

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