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Menos Estado, más rentabilidad para el capital, menos derechos para todas y todos

La reforma tributaria como desmantelamiento

El gobierno ha presentado el llamado “Plan de Reconstrucción Nacional”, cuyo objetivo declarado es dinamizar la economía para que “vuelva a crecer”. En una cadena nacional, el Presidente de la República, José Antonio Kast, delineó sus ejes: incentivos a la inversión privada, desregulación en sectores estratégicos y una batería de medidas tributarias orientadas a “mejorar la competitividad del país”. El plato de fondo del anuncio: reducción de cargas impositivas a las grandes empresas, facilidades para la repatriación de capitales y señales explícitas a los capitalistas internacionales de que Chile será un “mejor lugar para invertir”.

Una de las medidas más controversiales es la rebaja del impuesto corporativo a las grandes empresas, de un 27% a un 23% (mientras las Pymes tributan hoy en torno al 12,5%). El argumento es conocido: Chile tendría una tasa excesiva, entre las más altas de la OCDE, lo que desincentivaría la inversión. La apuesta del Gobierno es atraer capitales ofreciendo mejores condiciones para la acumulación. El relato no es nuevo: es la vieja teoría del “derrame”, popularizada por Simón Kuznets en los años 50, adoptada con entusiasmo en Chile en los 80 bajo dictadura y consolidada en los 90 en democracia. La promesa es simple: si se favorece a quienes invierten, el crecimiento económico terminará beneficiando a toda la sociedad.

Riqueza y pobreza

El problema es que esa promesa hace rato dejó de ser creíble. El caso chileno es elocuente: tras décadas de crecimiento, más de 3,5 millones de personas viven en situación de pobreza por ingresos (17,3%), incluso después de transferencias estatales. Peor aún, datos recientes del propio Ministerio de Hacienda (marzo de 2026) muestran que el 1% más rico concentra más del 50% de la riqueza total del país, una de las concentraciones más extremas del mundo. El “chorreo” nunca llegó. Tampoco al mundo del trabajo: según la CASEN, el 56% de las y los trabajadores gana menos de $600.000 líquidos al mes.

Pero hay una dimensión más profunda -y menos discutida- detrás de estas políticas. Desde una perspectiva materialista, lo que está en juego no es solo el crecimiento, sino la rentabilidad del capital. Como anticipó Marx, el capitalismo es un sistema atravesado por crisis recurrentes. Una de sus tendencias estructurales es la caída de la tasa de ganancia, es decir, la disminución de la rentabilidad del capital en el tiempo.

La tasa de ganancia

¿Por qué ocurre esto incluso en contextos de alta desigualdad y bajos salarios? Porque la propia dinámica del sistema empuja a que la acumulación de capital (máquinas, tecnología, infraestructura) crezca más (…)

Artículo completo: 1 404 palabras.

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Gonzalo Durán* y Andrea Sato*

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