Nunca antes se había producido y consumido tanta cocaína en el mundo. África Occidental, con una ubicación ideal entre las zonas de producción sudamericanas y Europa –el mayor mercado de consumo–, se ha convertido en una zona de tránsito donde la lucha internacional se enfrenta a la falta de medios y a la debilidad de los Estados de la región.
Las espectaculares incautaciones de cocaína se multiplican frente a las costas de África Occidental. En marzo de 2024, la Armada francesa incautó en aguas internacionales del golfo de Guinea 10,7 toneladas de esta droga a bordo de un barco pesquero procedente de Brasil. En septiembre de 2025, interceptó un cargamento de 9,6 toneladas en esa misma zona. En 2019, las autoridades de Cabo Verde confiscaron 9,5 toneladas en un carguero procedente de Sudamérica y con destino a Tánger, en Marruecos. El valor de cada uno de estos cargamentos se estima en más de 500 millones de euros.
El tránsito de cocaína sudamericana hacia Europa a través de África Occidental se intensificó a partir de finales de la década de 1990 (1), al mismo tiempo que la piratería y la pesca ilegal. Desde 2013, el Centro Interregional de Coordinación de la Arquitectura de Yaundé (Camerún) organiza patrullas marítimas, operaciones de vigilancia y cursos de formación técnica en los que participan la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO), la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) y la Unión Europea (programa Support to West Africa Integrated Maritime Security, Swaims). Como parte de este dispositivo, dos buques franceses, apoyados por un avión, se han desplegado en la zona (misión Corymbe) (2).
Sin embargo, los volúmenes se han disparado en los últimos años. Si bien las incautaciones reflejan más el número y la eficacia de las operaciones de control que el volumen del tráfico, las cifras ofrecen, no obstante, una indicación de las tendencias: entre 2012 y 2018, se descubrían menos de dos toneladas de cocaína al año en África Occidental. Entre 2019 y 2025, la cifra es veinte veces mayor (3).
Este aumento es, ante todo, el reflejo local de una tendencia mundial: el tráfico nunca ha sido tan importante. En Sudamérica, y en particular en Colombia –el primer productor mundial de coca, por lejos–, el volumen de producción viene aumentando desde hace unos diez años. El potencial de producción de la forma final de esta droga ha pasado de menos de 900 toneladas al año en 2013 a cerca de 4.000 toneladas en la actualidad, impulsado sobre todo por el crecimiento del consumo mundial (4). Y es que, en el otro extremo de la cadena, la demanda sigue aumentando, especialmente en el continente europeo, el primer mercado mundial.
El desvío rentable
Si bien los flujos entre los focos de producción y los de consumo están al alza, la proporción de estos movimientos que pasa por África Occidental aumenta incluso a mayor velocidad de la esperada. Los expertos estiman que al menos un tercio de la cocaína con destino a Europa transita por esta región (5). Pero ¿por qué África Occidental se ha convertido en una plataforma de tránsito tan importante?
En un informe reciente, la ONG especializada Global Initiative Against Transnational Organized Crime (GI-TOC) ofrece varias explicaciones. En primer lugar, los Estados europeos y latinoamericanos han intensificado las operaciones policiales en la ruta marítima directa, lo que se ha traducido en un fuerte aumento de las incautaciones (que alcanzaron las 200 toneladas en 2019 y superarán las 400 toneladas en 2023). Esto ha llevado a los traficantes a utilizar las rutas de África Occidental. Con el auge del comercio mundial, varios grandes puertos han sido objeto de ampliaciones para poder absorber un fuerte aumento del tráfico de contenedores (que creció un 57 % entre 2010 y 2022), lo que ha incrementado en la misma medida las posibilidades de ocultar cocaína en ellos. Al mismo tiempo, las capacidades de control no han seguido el ritmo: de media, menos del 2% de los contenedores son inspeccionados en profundidad (como ocurre, por cierto, en Europa). Por último, África Occidental ofrece un “entorno propicio para el comercio ilícito: los traficantes logran obtener una “protección” gracias a la corrupción de agentes estatales para llevar a cabo sus operaciones. Así, subraya el informe, “aunque las rutas que pasan por África Occidental son más largas que las rutas directas, son más seguras y presentan un menor riesgo de incautación (6)”.
Este fuerte aumento de los volúmenes transportados va acompañado de una diversificación de los métodos. La cocaína, que tradicionalmente se ocultaba entre mercancías legales a (…)
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