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Repaso histórico del movimiento sionista

Los orígenes de la limpieza étnica en Palestina

Hacia mediados de la década de 1920 el objetivo del movimiento sionista dejó de ser la búsqueda de una tierra de acogida segura para el pueblo judío y pasó a ser la colonización de Palestina. Adornada con justificaciones de modernización y mitos de tierras deshabitadas y poblaciones nómades, por entonces comenzó la limpieza étnica que continúa hoy en día.

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Víctor Mahana, Mi Nombre es el Pueblo de Palestina (Óleo sobre lino), 2024
(Colección particular - www.victormahana.com - Insta: @victormahana)

A mediados de la década de 1920, el objetivo del movimiento sionista cambió por completo: a partir de entonces, ya no se trataba de buscar una tierra de acogida donde los judíos estuvieran seguros a merced de las grandes potencias imperiales, sino de colonizar Palestina, desplazando a la población originaria. En ese momento, sus dirigentes empezaron a considerar que la única manera de lograr un hogar nacional era mediante el despojo.

En 1926, el movimiento sionista subvirtió las convenciones sobre la propiedad de la tierra que estaban vigentes desde las reformas otomanas de mediados del siglo XIX. Estas reformas, incluida la que establecía que las tierras dejaban de ser propiedad del Estado para pasar a manos privadas, permitieron que particulares con dinero se convirtieran en propietarios de grandes extensiones de tierra. En su mayoría, se trataba de personas que ni siquiera vivían ahí –lo que hoy conocemos como “propietarios ausentistas”–, y algunos de ellos eran personalidades palestinas importantes.

Cuando se vendía una parcela, se lo hacía con sus ocupantes y su pueblo incluidos. Si bien era habitual que los aldeanos tuvieran ciertas obligaciones con el dueño de la tierra, la realidad es que jamás se hubieran imaginado tener que irse del lugar. Al menos no hasta que la administración británica cambió las reglas de juego. En una primera etapa, en 1920, eliminaron muchísimas de las trabas que regulaban las transacciones de tierras. En la práctica, esto significaba que el movimiento sionista podía adueñarse de cuantas parcelas quisiera, siempre y cuando sus recursos se lo permitieran. Los británicos también modificaron el estatus jurídico de los aldeanos palestinos –que en muchos casos venían cultivando esas mismas tierras desde hacía generaciones–, quienes pasaron a ser simples arrendatarios, y cuya permanencia empezó a depender exclusivamente de la buena voluntad del propietario.

Colonialismo de asentamiento

Entre 1921 y 1925, la American Zion Commonwealth compró casi 32.500 hectáreas de tierra en lo que entonces era Marj Ibn Amr (hoy conocida como el Valle de Jezreel) a la familia Sursock en Beirut. En 1929, el Fondo Nacional Judío adquirió unas 3.000 hectáreas en lo que era Wadi Al-Hawarith, entre Haifa y Tel Aviv, comprándoselas a los herederos de su dueño libanés, quienes no estaban en condiciones de hacerse cargo de las deudas. En ambos territorios, los colonos sionistas recién llegados expulsaron, a veces por la fuerza, a los aldeanos y campesinos que cultivaban la tierra. Estos nuevos inmigrantes judíos exigieron a las autoridades británicas que emitieran órdenes de desalojo, y las consiguieron. Así empezó la limpieza étnica de Palestina, que sigue vigente hasta el día de hoy.

El sionismo se transformó en una empresa de colonialismo de asentamiento, es decir, que dependía de la subordinación de otro pueblo. El objetivo de este tipo de colonialismo es reemplazar por completo a la población originaria por la del colonizador. Para los colonos, que están dispuestos a todo con tal de imponer su cultura y su sistema social, los nativos –tan distintos a ellos– representan un obstáculo que hay que eliminar. Y esa eliminación no puede llevarse a cabo sin brutalidad: en Australia, por ejemplo, se tiene registro de al menos 270 masacres contra la población autóctona durante los ciento cuarenta años de colonización británica. Este proceso no se reduce simplemente al uso de la fuerza bruta, sino que los colonos pretenden borrar la historia de los pueblos originarios para hacer que “empiece” recién cuando ellos se adueñan del lugar. Las viejas costumbres desaparecen y los colonos también se apropian de la comida de los nativos. Para decirlo con simpleza: como la tierra no está deshabitada, los colonos la vacían de sus habitantes. Patrick Wolfe, un académico australiano especialista en el tema, afirmaba que un proyecto de colonialismo de asentamiento busca eliminar todo lo que existía desde antes y sigue (lógicamente) su curso hasta que esa eliminación sea total. En otras palabras, mientras la cultura del Estado israelí se apoye en una lógica de (…)

Artículo completo: 2 304 palabras.

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Ilan Pappé

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