En kioscos: Mayo 2026
Suscripción Comprar
es | fr | en | +
Accéder au menu

¿Cómo evitar una escalada regional?

Pakistán y Afganistán: vecinos en conflicto

Mediador del conflicto entre Estados Unidos e Irán, con quien comparte frontera, Pakistán se encuentra sumido en un conflicto cada vez más violento con otro de sus vecinos: Afganistán. Aunque al comienzo la toma del poder por los talibanes en Kabul fue interpretada como favorable desde Islamabad, el resurgimiento de la violencia islamista está erosionando las relaciones entre ambos países.

JPEG - 298.5 kio

Desde el 23 de marzo, Pakistán se propuso como sede mediadora de las negociaciones “directas o indirectas” entre Estados Unidos e Irán, que tienen como objetivo considerar un alto el fuego. En tanto país fronterizo con Irán, Pakistán sopesa las posibles consecuencias de una escalada del conflicto, en un momento en el que él mismo se encuentra en plena disputa con su histórico rival, la India, y sumido en un conflicto cada vez más violento con Afganistán.

Representados en los mapas por una línea continua, los 2.640 kilómetros de la Línea Durand –nombre de la frontera que separa a Pakistán y Afganistán– parecen más bien una serie de líneas punteadas. Al tratarse de un espacio geopolítico poroso y fluido, esta frontera apenas tiene existencia concreta. Se desdibuja al ritmo de los intercambios entre las regiones tribales pastunes y ofrece un refugio ideal para los insurgentes a ambos lados de su trazado. Un contexto de este tipo no hace sino favorecer la injerencia de ambas capitales, Islamabad y Kabul, en los asuntos internos de su vecino.

En los últimos meses, la región entró en una fase de conflicto más aguda. Los enfrentamientos esporádicos y los conflictos localizados derivaron en una confrontación militar abierta. A fines de febrero, Pakistán perpetró ataques aéreos en profundidad en territorio afgano, que tuvieron como objetivo a ciudades importantes como Kabul y Kandahar, así como la antigua base aérea estadounidense de Bagram. Las autoridades talibanas afirmaron haber respondido atacando con armamento pesado a las posiciones fronterizas pakistaníes. Ambas partes se acusaron mutuamente de haber provocado centenares de víctimas, aunque lo cierto es que resulta imposible poder llevar a cabo una verificación de manera independiente.

La situación se deterioró aún más la noche del 16 de marzo, cuando un ataque aéreo paquistaní alcanzó un centro de rehabilitación en Kabul y mató a 143 personas. A este evento le siguió un breve alto el fuego de cinco días por las celebraciones del Eid, pero los combates se reanudaron poco después, el 27 de marzo, y los enfrentamientos fronterizos volvieron a intensificarse.

Si bien ninguno de los dos países parece querer entrar en una guerra total, ambos han demostrado estar dispuestos a recurrir a una violencia calculada. Este esquema de escalada controlada hace temer que un error de cálculo desencadene un conflicto más amplio y devastador.

Criar serpientes

A Pakistán le toca atravesar esta crisis en una posición paradójica de fuerza y vulnerabilidad. Como Estado poseedor de armas nucleares, con uno de los mayores Ejércitos permanentes del mundo y una vasta experiencia en la guerra contrainsurgente, tiene que lidiar con una inestabilidad económica crónica e importantes tensiones políticas. Islamabad se enfrenta a un régimen talibán que tomó el poder en Kabul en 2021, tras dos décadas de guerrilla contra una coalición liderada por Estados Unidos. Aunque ha heredado un vasto equipamiento militar estadounidense, el gobierno afgano permanece aislado en el plano diplomático y asfixiado económicamente.

Cuando las fuerzas talibanas tomaron Kabul en agosto de 2021, muchos líderes políticos y militares paquistaníes interpretaron este acontecimiento como una oportunidad estratégica. Durante décadas, Islamabad había estado buscando lo que los expertos en seguridad denominan “profundidad estratégica”. Necesitaba en Kabul un gobierno favorable para limitar la influencia india, reducir la presencia militar occidental, estabilizar la frontera occidental de Pakistán y organizar la lucha contra las organizaciones antipaquistaníes que operan desde territorio afgano.

Si bien fue un aliado de Estados Unidos durante la “guerra contra el terrorismo”, es muy probable que Pakistán haya proporcionado refugio y una zona de repliegue a las facciones talibanas, incluida la red Haqqani, tras la caída del régimen talibán en 2001. Lo hizo a pesar de las repetidas advertencias de Estados Unidos, entre ellas la célebre alerta de la secretaria de Estado Hillary Clinton en 2011: “No podemos criar serpientes en nuestro jardín y pretender que sólo muerdan a los vecinos” (1).

En 2021, los dirigentes paquistaníes celebraron la victoria de los talibanes. Sin embargo, su optimismo duró poco: el nuevo gobierno de Kabul se negó a supeditar sus intereses a las exigencias de Islamabad. El resurgimiento de la violencia islamista en Pakistán constituyó el factor central en el desgaste de las relaciones. El Tehrik-e-Talibán Pakistán (…)

Artículo completo: 2 441 palabras.

Texto completo en la edición impresa del mes de mayo 2026
en venta en quioscos y en versión digital
E-mail: edicion.chile@lemondediplomatique.cl

Adquiera los periódicos y libros digitales en:
www.editorialauncreemos.cl

Zia Ur Rehman

Compartir este artículo