En nombre de la seguridad nacional, los servicios de inteligencia de Francia y el Reino Unido han ingresado a la universidad. Codirigen posgrados, financian centros de investigación y vigilan estudiantes. El resultado es una academia que analiza menos y legitima más sus propias prácticas.
Abundan los apodos irónicos para referirse al diploma creado en 2019 por el Instituto de Estudios Políticos de Saint-Germain-en- Laye en colaboración con la Academia de Inteligencia, un organismo público cuyo objetivo es acercar la universidad a los servicios secretos. El diploma sobre inteligencia y amenazas globales (DiReM), destinado a preparar agentes de inteligencia franceses, propone iniciar a los estudiantes en la “realidad de las amenazas a la seguridad que afectan al país y en las formas existentes de prevención y lucha contra ellas”. La Academia supervisa el contenido pedagógico para garantizar la “idoneidad” profesional del diploma.
Este programa contribuye al desarrollo de las formaciones universitarias destinadas a la inteligencia, por lo general dirigidas por diferentes Institutos de Estudios Políticos (Sciences Po). A partir del 2010, la sede de París propone un curso impartido por Philippe Hayez y Jean-Claude Cousseran, ambos provenientes de la DGSE. Otros institutos de estudios políticos siguieron el mismo camino, articulando enseñanza universitaria y profesionales de inteligencia. Tal desdibujamiento de las fronteras no es una particularidad francesa. Caracteriza un modelo largamente difundido al otro lado de la Mancha, el de los Estudios de Inteligencia (IS, por sus siglas en inglés), una denominación que abarca dos realidades estrechamente ligadas: un conjunto de cursos de formación junto con diplomas especializados; y una ciencia del gobierno.
Los IS han tenido un gran desarrollo en varias universidades británicas a partir de los años 90, en particular en el seno de los War Studies [estudios bélicos] del King’s College de Londres. Gracias a su reputación mundial, lanzó en el 2023 el King´s Centre for the Study of Intelligence (KCSI). En su discurso inaugural se celebró la creación de ese centro como el fruto de antiguos lazos entre el mundo académico y práctico. Unidos tendrían una misión común: analizar y combatir las amenazas presentes o futuras.
La Maestría en Inteligencia y Seguridad Internacional, formación principal del departamento, atrae estudiantes de los cuatro rincones del mundo, dispuestos a desembolsar no menos de 40.000 libras esterlinas (alrededor de 46.000 euros) por un año de estudios. El argumento comercial se basa en la promesa de acceder a una carrera en Inteligencia y vincularse con profesionales del sector. Al igual que en los programas de formación franceses, estos últimos, ya sean veteranos, activos o prácticos-universitarios (“pracadémicos”), aseguran una parte importante de los conocimientos. Entre ellos figuran David Oakley, retirado de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Paul Rimmer, procedente de la inteligencia militar británica, e incluso David Gioe, actualmente profesor invitado, que ha pasado por la Oficina Federal de Investigación (FBI) y luego por la CIA, donde adquirió una “sólida experiencia en contraespionaje, en operaciones clandestinas en el extranjero y en acciones secretas”, según su presentación en las redes sociales. Prolífico en LinkedIn como en la prensa, donde escribe de temas tan diversos como los relacionados con la inteligencia, la guerra en Ucrania, los five eyes (1) y Edward Snowden. Disfruta por lo tanto de un claro reconocimiento entre sus pares y sus estudiantes, sensibles al capital simbólico asociado a su estatus.
Semillero de espías
“Pracadémicos” y alumnos de la polemología se encuentran cada año durante la escuela de verano, es decir, el Programa Internacional en Seguridad e Inteligencia (ISI, por sus siglas en inglés), realizado desde 2016 en la Universidad de Cambridge. El ISI propone reflexionar sobre cómo mejorar la eficacia operativa de los servicios de inteligencia frente a actores malintencionados. Las (…)
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