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Sionistas de izquierda versus antisionistas decoloniales

Judíos franceses contra el Estado de Israel

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Loreto Corvalán, Le fauteuil partagé (Gouache sobre papel), 2023
(Gentileza Galería NAC)

¿Se le puede preguntar a un francés judío su postura sobre Gaza? Mientras que a muchos les molesta que se confunda ser judío con ser israelí, el profesor de estudios hebraicos Elad Lapidot elige hacer frente a la cuestión: “Si alguien se identifica como judío en un momento en que se está cometiendo un genocidio en nombre de la protección de los judíos, no puede pretender que sea antisemita el hecho de que se lo asocie con ello. Como judíos, tenemos que tomar una postura”. Esto es lo que hacen de forma espontánea personalidades de izquierda como Rony Brauman o Étienne Balibar. Incluso el filósofo Alain Finkielkraut afirma sentirse “manchado como judío” por culpa del gobierno israelí.

De hecho, la identificación de los judíos con Israel es obra, ante todo, de ese gobierno. Sin embargo, esto “no nos exime de afrontar una realidad incómoda”, matiza Maxime Benatouil, miembro del Tsedek! –un colectivo francés judío decolonial–. “Tras varias generaciones de socialización sionista, la mayoría de las comunidades judías respaldan el relato israelí”. El periodista Sylvain Cypel sitúa el origen de este apego en la Guerra de los Seis Días de 1967: en ese momento, por primera vez, la posibilidad de que Israel desapareciera en un enfrentamiento con los países árabes angustió a muchos judíos asimilados no sionistas, entre ellos a Raymond Aron [1].

La diáspora

Si bien hasta principios de la década de 2000 el Consejo Representativo de las Instituciones Judías de Francia (CRIF) pudo cuestionar la política israelí, hoy en día se ha convertido en un fiel portavoz de Tel Aviv y, por lo tanto, la crítica judía hacia Israel sigue teniendo muy poca resonancia en Francia. Además, el ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023 no hizo sino reforzar ese alineamiento [2]. “Me di cuenta de hasta qué punto estaba apegado a Israel, no a título personal, sino por solidaridad con aquellos para quienes Israel representa algo”, confiesa Olivier Tonneau, profesor de literatura francesa en Cambridge.

La diáspora de Estados Unidos parece estar mucho más dividida en relación con este tema. Por un lado, se trata de un país que no ha conocido un antisemitismo tan virulento como el que perduró desde el caso Dreyfus hasta el régimen de Vichy en Francia. Por otro lado, desde la década de 1960, Francia es el único país de Europa que alberga más judíos que antes de la Shoah, debido a la llegada de judíos de Argelia, algunos de los cuales traían consigo “un estado de ánimo colonial mezclado con hostilidad hacia ‘los árabes’ y ‘los musulmanes’”, escribe Sylvain Cypel.

Sin embargo, a partir de las masacres perpetradas en Gaza, otras concepciones de la relación entre judeidad y sionismo parecen estar ganando importancia. La cuestión sigue sin ser un dilema para aquellos, de entre los 600.000 judíos de Francia, que no otorgan ninguna importancia a este componente identitario, o que lo viven como algo cultural y laico, sin que ello determine sus elecciones políticas. Pero, para otros que, desde la izquierda, politizan su judeidad, parecen perfilarse dos opciones opuestas: la de un polo sionista apegado al principio de un Estado-nación judío y la de un polo antisionista, minoritario pero creciente, para el cual ya sería hora de “liberar a la judeidad del sionismo” [3].

Optaron por la República

Antes de la creación del Estado de Israel en 1948, los judíos se habían politizado de diversas maneras. A partir de su acceso a la ciudadanía a finales del siglo XVIII, una parte significativa de los judíos de Francia eligieron la República; su presencia en las instituciones políticas y administrativas contribuyó al auge del antisemitismo moderno –aquel que sospecha que los judíos deben su éxito a recursos ocultos–. Una segunda vía fue la revolución: muchos judíos europeos se adhirieron al socialismo y otros al Bund –una organización laica de inspiración marxista en contra de la creación de un territorio judío en Palestina–. El sionismo, que fue marginal durante mucho tiempo, surgió entonces como una tercera opción. En sus orígenes cohabitaron varias versiones: la estatalista de Theodor Herzl que fue cuestionada, en particular, por la versión cultural de Ahad Ha’Am, para quien Israel debía servir de centro espiritual a un mundo judío policéntrico.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis exterminaron a los bundistas, mientras que la muerte de seis millones de judíos en Europa otorgó legitimidad a los sionista estatalistas. En 1947, estos últimos lograron la creación del Estado de Israel, que desde entonces ocupa un lugar cardinal en el mundo judío. ¿El horror de los crímenes cometidos en Gaza justifica que se ponga en tela de juicio este lugar? Sionistas de izquierda y antisionistas no logran ponerse de acuerdo en la respuesta debido a la profunda divergencia entre sus visiones sobre la definición del sionismo, las consecuencias de la Shoah y la naturaleza actual del antisemitismo.

Por lo tanto, encontramos por un lado el análisis sionista de izquierda, representado –junto a otras figuras [4]– por el (…)

Artículo completo: 2 632 palabras.

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Laura Raim

Periodista.

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