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Financierización de la información

Apostar sobre la guerra como sobre partidos de fútbol

Antes de que los misiles alcanzaran Irán, las apuestas ya estaban ganadas. Los mercados predictivos, que mueven más de 20.000 millones de dólares al mes, no sólo especulan sobre guerras y muertes. Sus fundadores quieren reemplazar la democracia por el precio de mercado.

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Jaime Azócar Valenzuela, Hop!, 1999

Casinos online disfrazados de instrumentos de inversión donde se puede apostar por todo y por cualquier cosa: ¿quién ganará tal o cual competencia deportiva? ¿Quién será dama de honor en el casamiento de Taylor Swift? Los mercados predictivos se dispararon en los últimos dos años. Según TRM Labs, especialista en el análisis de criptoactivos, el volumen mensual de transacciones pasó de 1.200 millones de dólares a principios de 2025 a más de 20.000 millones en enero de 2026. El valor acumulado de las dos principales plataformas, Polymarket y Kalshi, supera los 30.000 millones de dólares, lo que propulsó a sus jóvenes fundadores al club de los multimillonarios (1).

Son muchos los que descubrieron la existencia de estas extrañas criaturas híbridas –entre los mercados de futuros y las máquinas tragamonedas– a raíz de algunos escándalos mediáticos recientes. A principios de enero, una cuenta de Polymarket, creada con toda evidencia una semana antes de la operación estadounidense, obtuvo 400.000 dólares de ganancias al apostar 33.000 dólares por que el presidente venezolano Nicolás Maduro iba a ser destituido. Otras dos cuentas obtuvieron una ganancia acumulada de 230.000 dólares (2), sin que el Congreso hubiera sido siquiera informado de la operación. Es difícil creer que estas cuentas no están vinculadas con miembros ubicados en un lugar muy alto dentro de la administración estadounidense.

Apuestas ganadoras

Y después está el caso de Irán. En diciembre de 2025, Polymarket comenzó a aceptar apuestas sobre un posible ataque estadounidense por un importe total de 529 millones de dólares (3); en Kalshi, se apostaron 54 millones de dólares por el desplazamiento del Ayatolá Ali Jamenei, asesinado el 28 de febrero en un ataque israelí-estadounidense (4).

El New York Times reveló que, veinticuatro horas antes del inicio de los ataques, se realizaron más de trescientas apuestas de al menos mil dólares en estos mercados, y entre ellas, dieciséis cuentas llegaron incluso a apostar más de 100.000 dólares cada una (5). Un usuario ganó cerca de medio millón gracias a una apuesta de 60.000 dólares. Otro, con el seudónimo de “Magamyman”, se embolsó más de 553.000 dólares (6). Según la CNN, una cuenta de Polymarket se adjudicó cerca de un millón de dólares en los últimos años al realizar una serie de apuestas ganadoras sobre ataques israelíes y estadounidenses en Irán (7). Demasiada suerte para ser algo honesto. Incómoda ante la situación, Kalshi afirma que no permite apuestas sobre la muerte. Lo que es más, la plataforma despertó la ira de los apostadores que habían acertado al anular todas las apuestas sobre la muerte de Jamenei y reembolsar las cantidades invertidas.

Por su parte, Polymarket defiende sus mercados relacionados con la guerra como una fuente de información “preciosa”. En un comunicado de prensa surrealista, la empresa alaba la “sabiduría de las masas” y pretende que “después de intercambiar opiniones con las personas directamente afectadas por los ataques, que se planteaban decenas de preguntas, la empresa constató que los mercados predictivos podían aportarles respuestas que no podrían encontrar ni en los noticieros de televisión, ni en la red X” (8). Por más inverosímil que resulte esta afirmación, demuestra que, más allá de las sumas de dinero, no menores, los mercados predictivos son un asunto ideológico. “Kalshi sustituye el debate, la subjetividad y la discusión por los mercados, la exactitud y la verdad”, explica el cofundador y presidente de la empresa, Tarek Mansour, en una de esas declaraciones encendidas a las que es afecto el mundo tecnológico (9). Como si las apuestas realizadas por los adeptos a los criptoactivos fueran otra cosa que subjetivas. “Inventamos una nueva relación con la información. A partir de ahora, cuando se emita una opinión sobre el futuro, será difícil no pensar en Kalshi”. He aquí una buena síntesis del problema: las ambiciones de Mansour y de los principales apóstoles de los mercados predictivos van mucho más allá de la guerra y de Taylor Swift. Se trata, sostiene Mansour, “de financierizarlo todo y de transformar cualquier divergencia de opinión en un activo intercambiable” (10).

Información dispersa

El padrino intelectual de estos mercados, Robin Hanson, enseña Economía en la Universidad George-Mason (Virginia). Su sueño sería que sustituyeran a la democracia y a la maquinaria estatal. En 1988, cuando era investigador en Lockheed, tuvo una idea: crear mercados que abrevaran en el sentido común colectivo para responder, bajo demanda, a todas las preguntas que las personas se plantean (11). Su proyecto partía de una de las tesis fundamentales del economista libertario Friedrich Hayek: en los mercados libres, los precios concentran la información dispersa mejor que la planificación centralizada. Hanson lo probó primero a pequeña escala, creando, en 1990, el primer mercado predictivo dentro de una start up llamada Xanadu (12). Hizo más precisa su teoría en una tesis doctoral defendida en el California Institute of Technology en 1997. Está convencido de que la historia le dará la razón. En cierto modo, ya es así.

Kalshi fue fundada en 2018 por dos personas que habían estudiado en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) y que eran ex empleados de la empresa gestora de activos Citadel. En árabe, la palabra kalshi significa “todo” –nada más y nada menos. Inspirándose principalmente en los trabajos de Hanson, alrededor de dos años más tarde Shayne Coplan, un joven de 21 años que acababa de abandonar sus estudios, creó Polymarket en un baño que usaba como oficina. Kalshi obtuvo el estatuto de mercado reglamentado en noviembre de 2020. La plataforma se lanzó al público al año siguiente. (…)

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David Futrelle

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