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Francia, 1945: la Resistencia consulta al pueblo

El derecho a soñar

¿Y si se les pidiera a los ciudadanos que reinventaran un país en ruinas? En 1945, mientras Francia salía de la ocupación nazi, participaron en una amplia consulta impulsada por la Resistencia para imaginar el país del mañana. Nadie los escuchó: De Gaulle convocó elecciones y los archivó. Ochenta años después, esos documentos vuelven a la superficie.

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Carlos Araya Vargas, de la serie Place de la République (Óleo sobre tela), 2025
(www.carlosaraya.com - Insta: carlos.araya.vargas.artiste)

A veces, la historia puede resurgir de un altillo. No a raíz de un descubrimiento espectacular o de un documento secreto, sino porque unas cajas olvidadas terminan siendo abiertas y su contenido clasificado y estudiado. Así fue como, durante casi ochenta años, no se supo gran cosa de los “Estados Generales del Renacimiento Francés”, esa vasta consulta popular organizada en 1945 por iniciativa del Consejo Nacional de la Resistencia (CNR). Si bien existían algunos pocos estudios locales, hasta el momento ninguna investigación global había permitido medir su verdadero alcance y creatividad.

En 2011, los archivos de Louis Saillant (1910-1974), presidente del CNR, fueron entregados al Centro de Historia Social del Siglo XX. Se trataba de veintisiete metros lineales de documentos repartidos en 202 cajas, de las cuales unas cuarenta contenían información sobre aquella consulta popular. A partir de entonces, dos historiadores (1) iniciaron una investigación que permitió sacar a la luz una historia que había estado sepultada durante mucho tiempo.

La idea de organizar Estados Generales –en referencia explícita a 1789– surgió dentro de la Resistencia en septiembre de 1944, menos de tres semanas después de la Liberación de París, mientras una parte del territorio aún seguía ocupada. El CNR enfrentaba tres desafíos: dar a conocer el programa adoptado en la clandestinidad en marzo de 1944, ampliar su base popular gracias a la participación directa de los ciudadanos a través de la redacción de “cuadernos de quejas”, y presionar al Gobierno Provisional para lograr la implementación de las reformas prometidas en la Liberación. El Partido Comunista Francés (PCF) y la Confederación General del Trabajo (CGT) apoyaron el proyecto, mientras que el Partido Radical, la Sección Francesa de la Internacional Obrera (SFIO) y el Movimiento Republicano Popular (MRP) se mostraron más reservados. Por su parte, el general de Gaulle se manifestó abiertamente hostil a la iniciativa porque temía que la consulta limitara la libertad de acción del gobierno al condicionarlo con directrices presentadas como la expresión de la voluntad popular.

Anunciados de manera oficial en diciembre de 1944, los Estados Generales tenían previsto culminar en el Palacio Chaillot, en París, durante un encuentro nacional acordado del 10 al 13 de julio de 1945. En ese intervalo, los Comités Departamentales de Liberación (CDL) estuvieron a cargo de recopilar los reclamos de la población mediante un sistema muy estructurado. En la base de la estructura, estaban los Comités Locales de Liberación (CLL) que organizaban asambleas populares en los pueblos y barrios. Louis Saillant quería que esas asambleas fuesen lo más abiertas posible: “Hay que evitar todo aquello que pueda llegar a impedir que cualquier organización local o personalidad, cuyo patriotismo esté garantizado y su sinceridad reconocida por sus conciudadanos, aporte su contribución a nuestro trabajo”, insistió el 28 de febrero de 1945. Por su parte, los debates estaban pautados: los comités locales recibían cuestionarios elaborados a nivel departamental para fijar los temas a tratar. Sin embargo, las temáticas abarcadas eran tan amplias –política exterior, economía, transporte, cultura, demografía, etc.– que dejaban un margen real de expresión, sobre todo en lo que respectaba a cuestiones sociales que no figuraban en el programa del CNR. Siguiendo este esquema piramidal, los aportes locales se agrupaban y luego se unificaban a escala cantonal y departamental, antes de ser enviados a París, donde se elaboraban informes temáticos que se utilizaban para preparar la reunión de julio.

Miles de asambleas

La operación se desarrollaba con premura. Como las elecciones municipales (las primeras en las que pudieron votar las mujeres) habían acaparado la primavera francesa, los trabajos preparatorios recién se reanudaron en mayo. Una vez recibidas las instrucciones de los CDL, los comités locales ya no disponían más que de dos o tres semanas para reunir a los habitantes –en ocasiones más de una vez– y redactar un cuaderno comunal. Estos plazos despertaron muchas críticas, en particular en las comunas rurales, sujetas al ritmo de las tareas agrícolas. En Saint-Gondon, en el departamento de Loiret, el CLL –“formado exclusivamente por obreros agrícolas y de la construcción”– manifestó que era “inviable, en este momento de tanto trabajo en el campo, y en un tiempo tan limitado, poner en marcha este asunto”.

A pesar de estas limitaciones, durante el mes de junio se celebraron miles de asambleas por toda Francia (en municipalidades, centros comunitarios, teatros, escuelas, cafés y bolsas de trabajo) que, en ocasiones, lograron una gran convocatoria. Así, cientos de personas debatieron en Concarneau o Landerneau, en el departamento de Finisterre, y en Saint-Claude o Lons-le-Saulnier, en el Jura. En Montcuq (Lot), la reunión concentró a la cuarta parte de la población, mientras que en Pierrefort (Cantal), los organizadores afirmaron haber logrado reunir a “casi la totalidad de los habitantes”. Por el contrario, la participación fue más limitada en las ciudades: 100 personas en Aurillac, 80 en Quimper, 30 en Brest. Estos encuentros atrajeron a participantes de diversos horizontes: a la gran cantidad de militantes comunistas presentes, se sumaron socialistas, radicales, sindicalistas cristianos, representantes de organizaciones profesionales y numerosos ciudadanos sin afiliación, deseosos simplemente de participar en la reconstrucción del país.

De esas asambleas locales surgieron miles de cuadernos de quejas con formatos muy variados. Algunos ocupaban apenas una página, pero contenían respuestas lapidarias. Otros, redactados con esmero en cuadernos escolares, eran más extensos e incluían el desarrollo de argumentos. En conjunto, estos cuadernos componían un extraordinario retrato social de la Francia de 1945, capturada en sus (…)

Artículo completo: 3 155 palabras.

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Benoît Bréville

Director de Le Monde diplomatique

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