La cuenta pública de José Antonio Kast, el 1 de junio, fue un acto vacío. Apenas bajó del estrado, el propio gobierno la sepultó: filtró un fuerte endeudamiento y destituyó subsecretarios en Seguridad, justo el área que más duele en el día a día. La prensa, que preparó la cobertura como una boda, se quedó sin invitados. Nadie habló del discurso. Todos hablaron de lo que vino después.
Y con razón. El discurso fue soporífero: Kast repitió ideas hasta la náusea, como si la acumulación demostrara algo. No hubo relato, ni tensión, ni propuesta. Pero eso no fue un error: fue una decisión. Lo que realmente importaba para quienes mandan no estaba en el Congreso, sino en los pasillos de la megarreforma tributaria, la “ley miscelánea”, el verdadero esqueleto de este gobierno.
El problema de fondo es simple: el poder formal -los votos- no se traduce en poder real. Este gobierno tiene mayoría en el Parlamento, pero no convence a nadie: ni a economistas, ni al Consejo Fiscal Autónomo, ni a su propio sector. El CFA advirtió ocho riesgos, déficit para cinco años y 800 millones de dólares menos para el Fondo Común Municipal, que sostiene a 260 comunas. La respuesta fue un encogimiento de hombros. Menos plata para veredas, sueldos municipales y programas sociales, en comunas que ya estaban al límite. Eso no es ajuste: es tijeretazo directo a la calidad de vida de la gente.
Como un fantasma
Mientras tanto, la derecha gobernante se desgarra. Republicanos ejerce una hegemonía sin contrapeso, tomando decisiones -como la acusación constitucional contra el exministro Nicolás Grau sin consultar a nadie. Ni UDI, ni RN, ni los libertarios fueron parte de esa decisión. La propia derecha lo nota: Evelyn Matthei habló de “saltarse pueblos”, Ossandón de “disparo en las piernas”, Pérez de “temporada de caza”. Y tienen razón. Quien siembra revancha, cosecha aislamiento. RN, atrapada, declaró “libertad de acción”: una fórmula elegante para confesar que no existe coalición, sino rehenes.
En ese marco, la figura de Pablo Longueira aparece como un fantasma. El ex líder gremialista, que en los noventa supo negociar con la Concertación, hoy propone algo subversivo para el oficialismo: construir una coalición de derecha estable, con reglas claras, que permita “dos o tres gobiernos”. Pero a quienes hoy mandan en Republicanos no les conviene: una derecha (…)
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