Las transformaciones anunciadas por el gobierno de José Antonio Kast amenazan engranajes institucionales estratégicos, forjados durante décadas para recuperar espacios de inclusión, democracia y derechos sociales. Lo que no atrofian, lo desbaratan, y resulta evidente que esta arremetida será crítica en lo inmediato y en la capacidad ejecutiva de cualquier administración venidera. Hay un daño presente, padecido por miles de familias cuyo cotidiano está sujeto a programas y ayudas en repliegue; hay también un daño futuro, y compromete la efectividad de herramientas que a la fecha permitían sostener mínimos de dignidad en el desierto de las desigualdades.
Con todo, debemos observar con atención el desconcierto que estos anuncios han generado en las izquierdas. En el interés por describir la magnitud de la tragedia se ha ido dibujando un escenario curioso, uno donde esta operación neoliberal pareciera estar desplegándose sobre un régimen de bienestar en forma, sobre una estatalidad robusta y extendida, olvidando que hasta hace poco el principal problema político, así decían nuestros discursos, era la ubicuidad del neoliberalismo, la extensión de la subsidiariedad y la inadecuación de las instituciones para acometer transformaciones sustantivas a favor de las mayorías.
Es como si estuviésemos lamentando el desarme del Estado social del siglo XX y no un ajuste intensivo sobre la fisonomía del Estado subsidiario del siglo XXI. Presos del presentismo, juzgamos nueva una catástrofe que empezó hace más de cincuenta años.
Se trata de un extravío crítico, porque acusa la dificultad de asumir la naturalización institucional del neoliberalismo, y porque nos impide ponderar el alcance de las reformas implementadas en años recientes, las mismas que han permitido sostener, no sin dificultades, cierta noción y experiencia de lo público. Si hay algo bajo asedio, son las dependencias de ese edificio trabajoso y contracultural que hoy es lo público, no la naturaleza del Estado subsidiario. Esa precisión es clave para ponderar qué hemos construido como izquierdas, cuál es la factura de lo forjado, y evaluar si desde ahí cobra forma algo así como un proyecto que permita enmendar el rumbo.
Manual neoliberal
Educación es un sector donde el gobierno está operando con particular obcecación. Lo hacen combinando reversiones institucionales y autoritarismos mecánicos, reinstalando el merecimiento individual como métrica única, subordinando la política educativa a la pulsión económica (de eso se trata su versión del proyecto de Sala Cuna Universal), y agitando el cansancio que usualmente prima allí donde la magnitud de la tarea excede a los recursos. Nada de lo que hacen es nuevo, (…)
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