Después de casi tres décadas trabajando en la gran minería y más de quince años representando a trabajadores desde la dirigencia sindical, hay una pregunta que cada día me cuesta más responder. ¿Cómo es posible que un país tan inmensamente rico como Chile tenga que seguir endeudándose para enfrentar sus necesidades más básicas? La pregunta vuelve a cobrar fuerza luego de que el Gobierno anunciara un nuevo endeudamiento cercano a los US$6.200 millones. Una cifra gigantesca que finalmente será asumida por todos los chilenos mediante mayores obligaciones fiscales, menor capacidad de inversión o una pesada carga para las futuras generaciones.
Mientras el Estado incrementa su deuda, las cifras de la gran minería privada muestran una realidad muy distinta.
Durante 2025, las principales compañías privadas del cobre registraron ventas superiores a US$43.000 millones y utilidades cercanas a US$11.700 millones. Solo una operación minera obtuvo ganancias superiores a US$5.600 millones, prácticamente el mismo monto del nuevo endeudamiento del país.
No escribo estas líneas porque crea que las empresas no deban obtener utilidades. La inversión requiere rentabilidad, genera empleo y ha contribuido al desarrollo de la industria minera chilena. Ese no es el debate.
La verdadera discusión es otra.
¿Quién captura la renta minera?
La renta minera no corresponde únicamente a las utilidades normales de una empresa. Representa la riqueza extraordinaria que genera la explotación de un recurso natural finito que pertenece a todos los chilenos. La pregunta es cuánto de esa riqueza vuelve realmente a transformarse en bienestar para el país.
Desde la dirigencia sindical conocemos esta industria por dentro, no desde un escritorio.
Somos quienes operamos las plantas, mantenemos los equipos, trabajamos en las minas, enfrentamos los riesgos y hacemos posible que cada día salga una nueva tonelada de cobre hacia los mercados internacionales.
También conocemos el otro lado de esta historia.
Contradicción latente
Año tras año aumentan las exigencias de productividad. Se reducen dotaciones, se externalizan funciones, se automatizan procesos, se elevan las metas y se reorganiza permanentemente el trabajo bajo el argumento de que la industria debe ser cada vez más eficiente y competitiva.
Los trabajadores siempre debemos hacer un esfuerzo adicional. Siempre debemos (…)
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