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Lo irracional se cura con irracionalidad

En Corea del Sur el chamanismo es un éxito

En Corea del Sur, un país que se percibe a sí mismo como exponente de la modernidad y el capitalismo, hay más chamanes que policías o maestros. ¿Cómo se explica esto? Factores históricos y religiosos ayudan a comprender el fenómeno, pero fundamentalmente un presente de penurias económicas que ofrece pocas perspectivas de futuro.

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Carolina Muñoz, La entrega (Óleo sobre madera), 2025
(Gentileza Isabel Croxatto Galería - Insta: @carolinamunoz7)

Hacen salir a todos de la casa. Con tambores, gongs y dos cuchillos, las cinco chamanas, de entre 30 y 71 años, ahuyentan a los espíritus y a todo aquello que denominan “impurezas”. Después hacen entrar a la familia. Una de las oficiantes, vestida con ropas ceremoniales, danza al ritmo de los platillos, mientras la madre y la abuela de la difunta se postran ante el altar de las ofrendas. En el reloj, las horas van pasando.

Este ritual, destinado a apaciguar el alma de una mujer muerta y descrito por el etnólogo Alexandre Guillemoz, tuvo lugar entre el 10 y el 11 de agosto de 1982, de 19.25 a 8.40, en un pueblo situado a unos veinte kilómetros de Seúl, la capital de Corea del Sur (1). Es característico del chamanismo: un conjunto de creencias y ceremonias destinadas a establecer un vínculo entre los seres humanos y los espíritus, particularmente poderoso y antiguo en ese país conocido tradicionalmente como “la tierra de la calma matutina”.

Consejeros espirituales

Lejos de reducirse al folclore, la práctica (musok, en coreano) sigue tan viva como siempre. “Hoy en día, se consulta a un chaman por razones muy diversas, todas ligadas a las distintas etapas de la vida, –nos explica la antropóloga Florence Galmiche–. Se recurre a ella, por ejemplo, cuando un hijo se divorció y quiere volver a casarse, para saber si el nuevo matrimonio va a funcionar bien. Si se padecen problemas de ansiedad o depresión, por supuesto que se puede consultar a un psicoterapeuta. Pero, cuando los problemas de salud se acumulan, las mujeres de la familia consideran a veces que es mejor acudir a una chamana”. El musok permea así hasta las esferas más altas del Estado: a lo largo de todo su mandato (2022-2025), y antes de un intento de golpe de Estado que terminaría llevándolo a prisión (2), el ex presidente Yoon Suk-yeol no ocultaba sus consultas regulares a “consejeros espirituales” para que lo ayudaran a tomar ciertas decisiones.

Desde la adivinación hasta las ceremonias (kut) complejas que se extienden por varios días, las prácticas chamánicas coreanas abarcan un espectro sumamente amplio. Pero hay una constante: su relativa impermeabilidad a los movimientos de la sociedad y a las alternancias políticas. Se trata de un caso único en Asia oriental, que todavía interpela a los investigadores para tratar de entender qué lo explica. ¿La ausencia de represión de las religiones, como en China, a lo largo de todo el siglo XX? ¿La competencia frente al taoísmo o a las religiones clandestinas? ¿La modernización tardía de Corea? ¿Una transmisión oral que facilitó su circulación?

Como el musok no es una religión instituida y los ingresos que genera no se declaran, resulta difícil obtener datos precisos sobre la cantidad de chamanes profesionales, o mudang (3). La Federación Coreana Kyungsin, la mayor asociación profesional del país, sostiene con regularidad la cifra de 300.000 en actividad, en su gran mayoría mujeres. Es decir, una cantidad superior a la de policías (130.000) o maestros (190.000); una cifra que, según se afirma, se mantendría estable en el tiempo.

Exponente de la modernidad

Según un estudio del Gallup Korea Research Institute citado por el investigador coreano Kim Chongho (4), el 38% de los surcoreanos adultos habría recurrido alguna vez en su vida a los servicios de un chamán o una chamana, es decir, unos diez millones de personas. Mientras que un ritual (de algunas horas a varios días) puede costar varios miles de euros, se calcula que el peso de esta economía oscila entre 1.000 y 3.000 millones de euros. Algunos chamanes pueden ganar varias decenas de miles de euros por mes, más que un médico o un abogado (5). Largamente marginado, y de composición esencialmente femenina, el musok cuenta hoy con sus propios k-dramas (6) –las célebres series televisivas surcoreanas–, oficinas con local a la calle, practicantes en línea e incluso agentes conversacionales. En 2024, el thriller Exhuma, del director Jang Jae-hyun, protagonizado por dos chamanes encargados de calmar el espíritu de un difunto, alcanzó los doce millones de entradas vendidas en salas, cuando superar la barrera de los diez millones ya alcanza para que una película entre en la categoría de “éxito popular”.

¿Esta mayor visibilidad del (…)

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Emil Pacha Valencia

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