El despacho senatorial de la megarreforma, consumado en la madrugada del jueves 16 de julio con el sello de los 26 votos oficialistas, no fue un cierre sino una apertura: trasladó el conflicto de la sala del Senado a la Cámara, y de ahí al Tribunal Constitucional. La geometría del pleno fue impecable; la política, sin embargo, quedó expuesta a la intemperie.
El oficialismo hizo valer sus 26 votos en cada uno de los ejes duros: rebaja del impuesto corporativo (26-24), invariabilidad tributaria (26-23, una abstención), exención de contribuciones para mayores de 65 (28-22) e indemnización estatal por RCA anuladas (26-24), esta última la norma que motivó las reservas de constitucionalidad. La aritmética fue impecable; pero lo que el Senado no resolvió fue la tensión de fondo: la reforma se mueve sobre una apuesta audaz pero frágil, en la que el costo fiscal es inmediato y cierto, mientras los beneficios del crecimiento prometido son inciertos y de maduración lenta.
La letra chica de Sanhattan
El mercado reaccionó antes de que la política alcanzara a asentarse. JP Morgan subió su recomendación para Chile de “neutral” a “sobreponderar”, apostando a la megarreforma como el catalizador bursátil del año. La tesis corre sobre la rebaja tributaria y la estabilidad de largo plazo para la inversión, a la que se suma la agilización de permisos, con Santander Chile, Falabella, LATAM y SQM como ganadores señalados. Pero el mismo informe cita, sin poder evitarlo, la advertencia del Consejo Fiscal Autónomo. El optimismo de Sanhattan llega con la letra chica ya adentro del propio texto que lo respalda.
El entusiasmo de los mercados convive con una advertencia que el CFA ha reiterado con sobriedad: el impacto fiscal neto negativo se extendería al menos hasta 2031, con la deuda pública acercándose al límite prudente de 45% del PIB, y que, bajo supuestos menos favorables, podría llegar al 50% hacia esa fecha. El diagnóstico, que circulaba desde comienzos de junio, se lee ahora casi como profecía cumplida: la reforma está construida sobre una mirada limitada del crecimiento. Supone que éste depende primordialmente de los impuestos, y olvida la multiplicidad de motivos por los cuales Chile crece más lento: la lenta incorporación de mujeres al mercado laboral, la crisis de la educación temprana, la ausencia de capacitación eficaz, el poco empuje a exportaciones más complejas. Es una reforma cara, de costos claros y beneficios inciertos.
La fractura municipal
En el mundo municipal la aprobación de esta megarreforma dejó una fractura que hasta entonces se manejaba puertas adentro. El ministro Quiroz anunció en el Senado un “acuerdo” con la AChM para compensar a los municipios por la exención de contribuciones, pero la vicepresidenta de la asociación, Karina Delfino (PS), y la alcaldesa Javiera Reyes (PC), salieron a desmentirlo: la fórmula, dijeron, no representa a todos los municipios y mantiene una exención sin focalización. El presidente de la AChM, Gustavo Alessandri (RN), respaldó al gobierno, dejando a la vista lo que se venía incubando: alcaldes oficialistas y alcaldes de oposición leyendo el mismo acuerdo de maneras opuestas, justo antes de que el proyecto llegara a una Cámara con bancadas sensibles al mundo municipal.
Los números que la Dipres y el Consejo Fiscal Autónomo (CFA) entregaron esa semana ilustran ese (…)
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