En nombre de un rearme acelerado, el gobierno federal multiplica los pedidos militares sin una guía estratégica real ni un control político efectivo. En este vacío, la empresa Rheinmetall se impone como la gran beneficiaria de una política de defensa cada vez más opaca y difícil de contener.
Armin Papperger, el director de Rheinmetall, el principal fabricante alemán de armas, se niega a mezclar peras con manzanas. Cuando The Atlantic le preguntó el mes de marzo pasado sobre la conveniencia de comprar panzers de varios millones de euros frente a drones baratos, se mostró irónico respecto de las innovaciones ucranianas: “No es la tecnología de Lockheed Martin, de General Dynamics o de Rheinmetall (…) Acá estamos frente a amas de casa ucranianas que usan impresoras 3D en la cocina”. El episodio demuestra el aplomo del personaje y confirma su ambición de competir con gigantes estadounidenses de cinco a siete veces más grandes.
La invasión rusa a Ucrania del 24 de febrero de 2022, el “cambio de era” proclamado tres días después por el canciller Olaf Scholz y la votación del Bundestag en favor de una modificación del freno constitucional al endeudamiento, lo que permite un financiamiento ilimitado de la defensa, supusieron para este grupo económico una sorpresa providencial. Y la alegría de su director creció a la par que los gastos militares: están destinados a triplicarse entre 2022 y 2029, pasando de 50400 millones de euros por año a 153000 millones. De hecho, Rheinmetall suministra componentes esenciales para la fabricación de los vehículos de combate Leopard 2 y de transporte de tropas Boxer. Berlín ya encargó 200 de los primeros y 550 de los segundos desde 2022. Y las proyecciones militares internas apuntan a cifras cinco veces superiores para los próximos años.
Cambios en la guerra
Sin embargo, la observación de Papperger sobre los drones permite entrever una sombra en el panorama: el futuro de los vehículos blindados frente a estos artefactos. Es cierto, como señala Ralf Raths, historiador militar y director del Museo de los Blindados de Münster, que “en una guerra de movimiento, se necesita el vehículo de combate”, pero los días de los vehículos pesados están contados. “Hay una reorientación hacia sistemas de combate que integran varias unidades más ligeras y automatizadas”. Entonces, ¿por qué encargar tantos vehículos pesados? “Porque la Bundeswehr quiere estar operativa lo antes posible, y eso es todo lo que tenemos por ahora en stock para defendernos”.
En cuanto al futuro, el “Concepto global para la defensa militar” presentado en abril de 2026 por el ministro de defensa Boris Pistorius señala a Rusia como principal agresor potencial y se articula en tres fases. Desde el momento actual hasta 2029, se hará hincapié en la “maximización rápida” de las capacidades de defensa clásicas y en el aumento de los efectivos. Berlín se fijó como objetivo a largo plazo la cifra bastante poco realista de 460000 militares (actualmente hay 185000 soldados), de los cuales 200000 serían reservistas (hoy son 60000). Después, se trata de “desarrollar” las fuerzas armadas y de reforzar significativamente los medios terrestres, aéreos, marítimos y cibernéticos, de acuerdo con los objetivos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Por último, la Bundeswehr aspira a convertirse en un ejército “tecnológicamente superior” en el lapso entre el presente y 2039…
Para armar el ejército “más poderoso de Europa en el plano convencional”, ambición formulada por el canciller Friedrich Merz desde su primer discurso ante el Bundestag en mayo de 2025, es necesario disponer del material adecuado. Ahora bien, aunque Alemania ostenta algunas grandes industrias en el sector armamentístico (KNDS, Diehl, ThyssenKrupp Marine Systems, Hensoldt), no dispone de un sector militar-industrial desarrollado capaz de abarcar todos los ámbitos militares. Además, como señala el especialista en cuestiones de defensa Björn Müller, “la ausencia de ecosistemas dedicados a las nuevas tecnologías de defensa” favorece a las estructuras ya consolidadas (1).
Golpe de suerte
Para Rheinmetall, que goza de un savoir-faire industrial en varios ámbitos estratégicos, es un auténtico golpe de suerte. Más teniendo en cuenta que Papperger desarrolló a lo largo de los años una formidable red de influencias dentro del (…)
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