A escasos meses de la instalación de la actual administración de Kast, como sociedad chilena estamos presenciando un escenario de retroceso acelerado y sistemático. La restauración conservadora que hoy habita La Moneda, liderada por un Ejecutivo que construyó su capital electoral sobre la promesa del orden y seguridad, ha desplegado rápidamente una agenda que devela su verdadera naturaleza: el desmantelamiento voraz del Estado social. Ya no nos encontramos ante simples amenazas discursivas, el retroceso es hoy una ofensiva material inminente que golpea, directamente, la capacidad de subsistencia de las grandes mayorías.
El plan del gobierno opera como una táctica de shock de manual. No estamos ante recortes aislados, sino ante una embestida que golpea simultáneamente en vivienda, salud, educación y derechos reproductivos. El ejemplo más brutal y reciente es la megarreforma tributaria aprobada por el Congreso. Bajo el disfraz de la reactivación económica, esta ley reduce drásticamente los impuestos a las grandes empresas, provocando que el Estado pierda una recaudación estimada en 4.393 millones de dólares anuales. Esta cifra, que equivale a un 1,2% del PIB, no es un número abstracto en una planilla; es el desfinanciamiento deliberado de nuestra red de protección. Con esta caída en los ingresos fiscales y la exigencia de reducir en un 3% el presupuesto de cada ministerio, se ponen en jaque derechos sociales vitales, desde la paralización de subsidios habitacionales y el colapso de la salud pública, hasta la precarización definitiva de nuestras aulas. Esta técnica abrumadora es la misma receta de la Argentina de Milei, el fanatismo de la Escuela Austríaca llevado a la práctica, donde la destrucción del Estado social se disfraza bajo la falsa excusa de la “eficiencia fiscal”.
Para encarar esta táctica de shock, es imperativo organizarnos, articularnos y prepararnos desde nuestros propios lugares de estudio. En el ámbito educativo, esto resulta aún más ineludible: movilizarnos no es solo una opción, es un deber ético e histórico. Sin embargo, para asumir ese mandato, hoy nuestro mayor desafío interno es combatir la desarticulación y la despolitización que han permeado en nuestros compañeros. Sabemos que el sistema capitalista nos aliena por completo, empujándonos constantemente hacia la competencia y el aislamiento, pero es precisamente nuestra etapa como estudiantes la que nos otorga una posición estratégica. Habitamos instituciones que, por su propia naturaleza, nos obligan a encontrarnos unos con otros. Mientras el modelo busca atomizar a la sociedad, (…)
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