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Empresas alemanas se convierten al armamentismo

Molestia y resistencia a fabricar armas

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Pablo Villegas, Dentro del marco de lo legal (Técnica mixta), 2019
(Gentileza Galería Bahía Utópica)

“Antes construíamos cosas útiles, para transportar a la gente. Ahora construimos cosas que van a matarlos”. Tony Menzel, mecánico, recuerda haber sentido cómo se le llenaban los ojos de lágrimas el día en que “su” fábrica de Görlitz, una pequeña ciudad de Sajonia fronteriza con Polonia, se transformó en una fábrica de armamento. Llevaban ciento setenta y seis años fabricando vagones allí, los últimos cinco bajo la tutela de la multinacional francesa Alstom. El producto, un tren regional de dos pisos de color rojo, simboliza los pequeños trayectos ferroviarios en casi toda Alemania. “Todos estábamos orgullosos de él”, confiesa Menzel.

Ahora, bajo el control del grupo franco-alemán KNDS, entre trescientos y cuatrocientos trabajadores, de los setecientos que había, se dedican a cortar piezas de recambio de los carros de combate pesados Leopard 2 o de los vehículos de combate de infantería Puma, ambos suministrados a Ucrania. Menzel lleva veinte años trabajando en la fábrica, al igual que sus padres antes que él. Era delegado de los trabajadores en la época de Alstom. “Creo que la transición me resultó más fácil que a otros, porque, como representante de los trabajadores, había participado en las negociaciones y sabía lo que iba a pasar”. Ya en 2024, este afiliado al sindicato IG Metall fue convocado a una reunión en Fráncfort con los respectivos directivos de Alstom y KNDS. “El asunto estaba atado y bien atado. Nos dijeron: ‘Vamos a cerrar. Pero hay alguien aquí que puede ofreceros una perspectiva’. Y a partir de ese día, para mí, el asunto quedó zanjado”. Las manifestaciones pusieron de manifiesto la hostilidad de una pequeña parte de la población.

Cierran fábricas

Un año más tarde, a principios de 2025, Olaf Scholz, entonces canciller, se desplazó a Görlitz acompañado del presidente y director general de KNDS en Alemania, Florian Hohenwarter. Una visita de gran envergadura para esta ciudad de 56.000 habitantes, aún marcada por las privatizaciones y el desempleo masivo de la década de 1990. Aquí, las tiendas cerradas y cubiertas de grafitis de colores chillones se suceden en cuanto uno se aleja de la calle principal. En las elecciones federales de 2025, poco después de la visita de Scholz, el partido de extrema derecha Alternative für Deutschland (AfD) obtuvo el 48,9% de los votos; la formación se mostró cautelosa respecto a la reconversión, pero no se sumó al movimiento de protesta. Quienes se oponen a la transformación de la fábrica, afirmó el Canciller, “son también quienes trivializan la guerra de agresión de [Vladimir] Putin y no tienen ningún problema en que hombres, mujeres y niños mueran cada día a causa de los misiles rusos”. Para “garantizar la paz en Europa -añadió- hay que dotar al Ejército federal de todo lo que necesita para nuestra defensa”. Por su parte, Hohenwarter se mostró satisfecho con las “garantías de pedidos” anunciadas por las autoridades públicas: tres años después de los 100.000 millones de euros que se suponía que iban a materializar el “cambio de era” (Zeitenwende) del Canciller Scholz en 2022, el Parlamento levantó en marzo de 2025 el freno constitucional al endeudamiento en los ámbitos de la defensa y la seguridad.

El caso de Görlitz ilustra una tendencia más general. Mientras los presupuestos de armamento se disparan, el sector automovilístico alemán se hunde. En el verano boreal de 2026, Volkswagen anunció el cierre de cuatro (…)

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Lea Fauth, Fabian Grieger, Niklas Franzen y Paul Welch-Guerra

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