Un escudo es un arma defensiva en la lucha militar; también es el lugar donde portar la identidad y señas heráldicas del guerrero. Ambos usos han sido empleados por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para materializar su política de defensa y dominación hemisférica definida a fines del año pasado, cuando retomó la “Doctrina Monroe” y la derivó en un actualizado concepto que denominó la “doctrina Donroe”. La primera -la auténtica- como eje de la política exterior estadounidense en 1823, que apuntaba a contener la intervención europea en América, mientras la segunda, de 2025, busca frenar la penetración de China en lo que Trump y sus secretarios de Estado y de Guerra han vuelto a denominar “el patio trasero”. Para este último objetivo y materializar el llamado “corolario de Trump a la Doctrina Monroe”, el presidente de EEUU ha creado el “Escudo de las Américas”.
A la coalición de quince países, todos con gobiernos de la extrema derecha o ultraconservadores, se ha unido y subordinado el presidente chileno, José Antonio Kast, gatillando un fuerte debate sobre los alcances de la decisión gubernamental en un momento de policrisis mundial y con el propio mandatario de EEUU involucrado en conflictos bélicos lejanos a sus fronteras, golpes de mano como el secuestro de Nicolás Maduro, ejecuciones extrajudiciales como los bombardeos a lanchas en el Caribe, en su mayoría de pescadores y amenazas de agresiones a varios países de América Latina.
Kast suscribió el documento fundacional del Escudo de las Américas luego de seis meses de permanecer como país “observador”, una posición difícil de sostener por las presiones estadounidenses, según dijo ante sorprendidos excancilleres chilenos el propio ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez Mackenna. Es decir, el gobierno chileno actuó bajo presiones, por lo que parte importante del espectro político han planteado la posibilidad de reevaluar el involucramiento de Chile es este acuerdo continental forjado por EEUU bajo amenazas de castigo económico a través del uso de aranceles, que en el caso chileno se mantenían en un 12,5 por ciento (al inicio los aranceles eran de 25 por ciento), además de la advertencia que podría cortarse la venta de combustible diésel, una medida que produciría un fuerte impacto inflacionario a la economía nacional.
Las formas que han adoptado los documentos y sus contenidos sobre el Escudo de las Américas, es otro flanco de (…)
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