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La colonización de los mares por las máquinas

Game of drones

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Germán Tagle, Ecosistemas (Acrílico sobre tela estampada), 2022.
(Gentileza Galeria Aninat)

Todas las armadas nacionales de Asia parecían haberse congregado, en la primavera de 2025, en un vasto pabellón de exposiciones adyacente al aeropuerto Changi de Singapur para la IMDex (International Maritime Defense Exhibition) Asia 2025. Sus emisarios, que hacían gala de sus uniformes llenos de galones, interactuaban con una miríada de representantes de ventas. La exposición sin duda era un punto de convergencia para las empresas líderes de la defensa naval, que llegaron para presentar sus últimas innovaciones: la empresa británica Rolls-Royce (sistemas de propulsión para submarinos y fragatas), la empresa israelí Elbit Systems (sonares), la empresa singapurense ST Engineering (sistemas electrónicos a bordo), el constructor estadounidense de buques de guerra Lockheed Martin, la empresa austríaca Schiebel y su Camcopter S-100, un dron aéreo de reconocimiento táctico…

También presente, el grupo alemán Euroatlas promovía su Greyshark. Con ocho metros de largo y 4,5 toneladas de peso, este dron submarino, con una silueta similar a la de un tiburón, un hocico afilado y propulsión a hélices, está diseñado para una amplia variedad de tareas, tanto civiles como militares: “Depende de las necesidades del operador”, explicaban los dos representantes de ventas exaltados alrededor del vehículo. Cartografiar el lecho oceánico, proteger las infraestructuras submarinas, recuperar municiones abandonadas en las profundidades abisales… estas misiones son posibles gracias a la autonomía de dieciséis semanas que ostenta el Greyshark, que multiplica por diez su rendimiento. Los dos responsables de ventas argumentaban que, sin duda alguna, el futuro les pertenece a estas nuevas máquinas, porque “los humanos están cediendo terreno gradualmente a las tecnologías autónomas dentro de los océanos”.

Costos más bajos

Desde mediados del siglo XX, embarcados en submarinos y otros batiscafos, el ser humano se volvió asiduo de los fondos oceánicos situados a profundidades superiores a los 1000 metros. Sin embargo, el 80% de estas comarcas todavía permanecen inexploradas. Hay que decir que pasar el peine fino por cada rincón del fondo oceánico a bordo de buques tripulados tipo Nautilus cuesta sumas insensatas. Y además, es peligroso. Finalmente, requiere una enorme cantidad de tiempo. En consecuencia, la exploración de los fondos marinos avanzó con extrema lentitud… Aunque este triple obstáculo podría ser eludido gracias a la multiplicación de los drones. El término remite a una amplia variedad de máquinas autónomas: robots submarinos cableados que se operan de modo remoto, pequeñas embarcaciones de superficie y, sobre todo, vehículos submarinos autónomos, en general designados por sus siglas en inglés AUV (Autonomous Underwater Vehicles).

La industria petrolera fue una de las primeras en utilizar estos dispositivos livianos, compactos y particularmente capaces de reemplazar a los buzos cuando tienen que intervenir en los cimientos de las plataformas offshore. Su autonomía también les permite alargar la duración (y por lo tanto la eficacia) de las misiones de exploración de yacimientos petrolíferos, y todo eso a costos competitivos (un dron cuesta “solamente” entre 1 y 10 millones de euros). Su principal fortaleza reside en integrar diversos componentes tecnológicos bajo su carcasa: una batería de iones de litio que ofrece una autonomía extendida y un amplio alcance, sondas multihaz que permiten captar terabytes de datos en cada inmersión, una central inercial para el pilotaje y la navegación y, en el futuro, cada vez más inteligencia artificial para conferirles capacidades de toma de decisiones ampliadas.

Recolecta más datos

“Las flotas de AUV permiten recolectar entre tres y cuatro veces más datos que los sistemas de superficie equivalentes”, coincide Jean-Marc Sornin, presidente de Abyssa, una empresa de exploración de los grandes fondos marinos. Se entiende entonces por qué los drones se convirtieron en las herramientas de operación más elegidas por una gran variedad de industrias globales –entre las cuales algunas prometen satisfacer las crecientes necesidades de recursos generadas por el crecimiento demográfico mundial. Sirven para localizar bancos de peces, explorar yacimientos de diamantes e hidrógeno natural, recolectar ADN ambiental, detectar una fuga en el casco de un buque petrolero varado, recoger plástico, inspeccionar los cimientos de los parques eólicos offshore e incluso cartografiar la totalidad de los fondos marinos. Los drones submarinos son los emisarios de nuestra especie en los espacios abisales, hasta el punto de haberse convertido, según Jan Opderbecke, investigador en la dirección de flotas oceanográficas dentro del Instituto Francés de Investigación para la Explotación del Mar (Ifremer), “en simplemente irreemplazables”.

Este entusiasmo, sin embargo, es atenuado por Éric Lavault, el contralmirante responsable de la gestión de los fondos marinos: “Se dicen muchas cosas atractivas a propósito de los drones, pero, como muchos en el sector empresarial, sigo teniendo dudas. Esta fiebre tecnológica va a costar un ojo de la cara”. La colonización de los mares por parte de herramientas que en general son pomposamente calificadas como “avatares” en las publicidades llevará mucho tiempo… Como sea, “miles de AUV ya están operando en todos los rincones de los océanos”, señala el científico portugués João Sousa.

Drones residentes

Su importancia podría aumentar todavía más cuando, si se los dota de mayor (…)

Artículo completo: 2 792 palabras.

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Guillaume Pitron

Periodista.

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