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EEUU, un “amigo” que no es como los demás

Injerencias estadounidenses en Brasil

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Matías Santa María Cea, Sin título, 2010 (Insta: @matiassantamariacea)

“Tenga a bien recibir mis más sinceras felicitaciones por su llegada a la presidencia de los Estados Unidos de Brasil”. El 2 de abril de 1964, dos días después del golpe militar que derrocó al presidente laborista João Goulart, su homólogo estadounidense se convirtió en el primer jefe de Estado extranjero en reconocer a las nuevas autoridades (1). El correo urgente de Lyndon Johnson estaba dirigido al presidente de la Cámara de Diputados, Pascoal Ranieri Mazzilli, a quien el Congreso, bajo la presión de los militares brasileños, acababa de confiarle la presidencia de la República. Quince días después de estos acontecimientos, Mazzilli cedió directamente la presidencia al mariscal Humberto Castelo Branco. La dictadura militar se instaló hasta 1985 en el Palacio de Planalto, en Brasilia, con la aprobación de Washington.

Al llegar al poder en 1961, Goulart pretendía iniciar una reforma agraria y nacionalizar las empresas estratégicas de varios sectores (petróleo y energía, minería, telecomunicaciones, etc.), lo que implicaba la expropiación de compañías estadounidenses. También pretendía llevar adelante una “política exterior independiente”. Brasilia había restablecido relaciones diplomáticas con la Unión Soviética a fines de 1961 (estaban rotas desde 1947) e iniciado los primeros intercambios comerciales con la China maoísta. Cuando algunos meses más tarde Goulart se negó a apoyar la política estadounidense contra Cuba, para Washington esa fue la gota que rebalsó el vaso.

Nueva potencia

El éxito de los golpistas en 1964 se debió en gran medida al trabajo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). En el momento de las elecciones legislativas de octubre de 1962, ambas financiaron a las fuerzas que se oponían al gobierno de Goulart, allanando así el camino para que los militares, después, entraran en escena. La victoria de los conjurados también se debió al activismo del embajador estadounidense Lincoln Gordon, al igual que al de su agregado militar, el coronel Vernon Walters, amigo personal del mariscal Branco. Los dos diplomáticos siguieron de cerca durante meses los preparativos de los conspiradores.

¿Una era clausurada, otro mundo? Sin duda. La Guerra Fría terminó. Desde comienzos del siglo XXI, Brasil forma parte de las nuevas potencias mundiales. Campeón económico de América Latina, el país podría elevarse al rango de primera potencia agrícola del mundo en los próximos años, superando a Estados Unidos. Rico en recursos naturales colosales (es la primera reserva mundial de agua dulce, la segunda en tierras raras, hidrocarburos, minerales, etc.), es un invitado habitual al club de las diez mayores economías del globo, como ocurre en este 2026.

Miembro fundador de los BRICS (junto con Rusia, India y China, a los que pronto se unió Sudáfrica), también es miembro del G20 y dispone de una red diplomática que se extiende a más de doscientos países. Desde 2009, China se convirtió en su principal socio comercial. Hoy Brasil exporta más a China que a Estados Unidos y Europa juntos. Los principales productos que Brasil suministra a la segunda potencia mundial son oleaginosas (principalmente soja), productos agrícolas, carne, petróleo y minerales. En 2025, los intercambios comerciales entre ambos países alcanzaron la cifra de 171 mil millones de dólares, un record histórico (2), y Brasil se convirtió en el principal destino de las inversiones chinas a nivel mundial (infraestructura, transición energética, etc.).

Estrategia de diversificación

Los dos primeros mandatos –entre 2003 y 2011– del presidente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva (o “Lula”), así como los de su sucesora Dilma Rousseff, interrumpidos en 2016 por su destitución, impulsaron estos avances en el marco de una estrategia de diversificación que, en sus principios, era similar a la que Goulart había buscado en su momento. Esta política se vio favorecida por el ingreso de China en la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001 y la apertura de su gigantesco mercado a los productos brasileños, esenciales para su propio desarrollo. También se benefició de la pérdida de influencia de Estados Unidos en la región, dado que este país se estaba involucrando en su cruzada contra el terrorismo. Sin embargo, los hilos de la injerencia de Washington en Brasil nunca se rompieron.

En 2013, el lanzador de alertas y exempleado de la CIA Edward Snowden reveló que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) espiaba las comunicaciones personales de Rousseff, así como las de varios ministros y directivos de Petrobras, la empresa nacional de hidrocarburos. En ese momento, Brasil acababa (…)

Artículo completo: 2 301 palabras.

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Christophe Ventura

Periodista.

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