En kioscos: Octubre 2026
Suscripción Comprar
es | fr | en | +
Accéder au menu

La herencia de Bertold Brecht

¿Para qué sirve el teatro?

Cuando el capitalismo avanza y las izquierdas miran para otro lado, ¿para qué sirve el teatro? No para cambiar el mundo, eso Brecht lo sabía. Pero sí para encender una necesidad de pensar, lo cual en tiempos de barbarie no es poco.

Hoy, en estos tiempos difíciles, ¿para qué sirve el teatro? Esta pregunta no tiene respuesta; incluso puede parecer irrelevante. Evoca un texto de Brecht: “De hecho, podría parecer chocante debatir aquí sobre cuestiones del teatro que parecen deber su existencia únicamente a un deseo de distracción, y ello en medio de guerras sangrientas”. Y continúa: “El mundo se ha salido de quicio; solamente movimientos violentos pueden volver a encajar todo. Pero puede que, entre los instrumentos que sirven para ello, haya uno, pequeño, frágil, que reclame que se lo manipule con delicadeza”.

La hipótesis resulta incongruente. El teatro, ¿cuántas divisiones? ¿Qué puede hacer él, que ya no interesa a casi nadie, cuyas declaraciones febriles parecen a menudo ridículas en comparación con su incidencia real, él, ante quien las izquierdas –revolucionarias, radicales o reformistas–, no ocultan su indiferencia? ¿Para qué sirve el teatro, incluso para quienes lo hacen, sometidos a tutelas, a la escasez de tiempo, a la competencia, exigidos de justificación permanente? Justifiquen sus subsidios, justifiquen su utilidad. Con el teatro ocurre lo mismo que con los aceites esenciales: hay para todo tipo de síntomas: reparar a los vivos, encantar los territorios, alegrar los campings, crear concordia republicana. La duda nos asalta: ¿qué sentido tiene empeñarse en crear? La falta de sentido es inversamente proporcional a la avalancha de justificaciones que se supone que lo orientan. ¿Y de qué sirve el teatro para quienes no van nunca? Es cierto. Y, sin embargo. La utilidad no está necesariamente ligada al uso. El servicio público del teatro pone toda su energía en perturbar las determinaciones sociales de unos y otros: es grandioso, es irrisorio. Si decepciona, es porque, como el conjunto de los servicios públicos, está viciado por años de ataques y degradaciones. Su estado es señal de una derrota, social y política.

Entre las muchas consecuencias de esta derrota, hay una en particular: el futuro del “teatro político”. El problema es que ya no es un problema. Porque hoy en día el teatro debe ser político. O por lo menos tratar temas políticos. Es una exigencia de la época y de las autoridades. Es sospechoso. Es posible otra política. Pero, ¿cómo hacer que el teatro se sume a la lucha contra este capitalismo que nos hace la guerra? ¿Qué hacer con este instrumento “pequeño, frágil, que exige que se lo manipule con delicadeza?”.

Cuando se trata de política en el teatro, aunque por supuesto se puede ir en contra de Brecht, resulta difícil prescindir de él, aunque, tras haber sido primero adorado, fetichizado y objeto de luchas de poder, sigue siendo rechazado de forma duradera desde la victoriosa reacción termidoriana de fines de la década de 1970. “Ya no es momento de poner en escena a Brecht de manera política. Ya casi nadie cree en la novedad que prometía, en la ideología marxista que lo impregnaba” (Télérama, 23 de enero de 2009). Pero ¿qué es exactamente el teatro político según Brecht? Él advertía: “Debemos decir que el gran deseo de cambiar el mundo, que nos llevó a transformar el teatro para convertirlo en un instrumento de ese cambio, tiene su origen en una situación histórica concreta; vivimos en un mundo en el que no se vive bien, pero en el que, en determinadas condiciones, gracias a (…)

Artículo completo: 1 878 palabras.

Texto completo en la edición impresa del mes de octubre 2026
en venta en quioscos y en versión digital
E-mail: edicion.chile@lemondediplomatique.cl

Adquiera los periódicos y libros digitales en:
www.editorialauncreemos.cl

Olivier Neveux

Compartir este artículo