El alza de los combustibles sin amortiguación, el encarecimiento de los alimentos y un desempleo femenino en dos dígitos coinciden con una economía que este año crecerá menos de 1%. El costo de la vida se ha convertido en el principal flanco del gobierno de Kast, y la oposición debería responder con una economía de la asequibilidad y un Estado con capacidad de acción.
En las ferias y en las micros se escucha una queja que ya se volvió sentido común: todo está caro y todo sigue subiendo. Desde el oficialismo se ha respondido que la inflación se mueve cerca de la meta y que la percepción ciudadana exagera, pero el último dato del INE contradice esa lectura. El IPC de agosto subió 0,6%, el doble de lo que esperaba el mercado, y la variación en doce meses pasó de 3,5% en julio a 4,1%(1). La guerra en Medio Oriente explica una parte del fenómeno. Otra parte responde a decisiones tomadas en La Moneda y en Teatinos 120, y es la que aquí interesa.
Marzo: el Mepco por decreto
El 23 de marzo, con dos semanas en el cargo, el ministro de Hacienda Jorge Quiroz anunció un alza de $370 por litro en las gasolinas y de hasta $580 en el diésel, junto con el fin del subsidio amplio del Mepco. Era la primera vez en tres décadas que un alza internacional se traspasaba completa a los consumidores. Hacienda la justificó por la estrechez fiscal heredada y la aplicó por decreto, de modo que el Congreso solo pudo discutir las medidas de mitigación (2).
Seis meses después los precios siguen arriba. En la antesala de Fiestas Patrias el Mepco sumó su tercer ajuste al alza consecutivo, con un acumulado de $102,7 por litro en las bencinas y de $214,9 en el diésel, y ninguno de los dos ha regresado a los niveles anteriores al 26 de marzo (3).
El diésel merece atención especial porque su precio se transmite al resto de la economía. Lo usan los camiones que abastecen ferias y supermercados, buena parte del transporte rural y la maquinaria agrícola, de manera que cada alza se incorpora primero al flete, después al precio mayorista y finalmente a lo que paga el consumidor. El Banco Central constata en su Informe de Política Monetaria de septiembre que ese traspaso ha seguido sus patrones históricos (4). Se trataba, por lo tanto, de un efecto conocido de antemano, que el gobierno decidió no amortiguar.
Lo que paga el consumidor popular
El promedio del IPC esconde que las alzas no golpean a todos por igual. En agosto la presión vino sobre todo de los alimentos: las carnes subieron 2,7% y las hortalizas, legumbres y tubérculos 5,5%, y 48 de los 81 productos de esa división anotaron alzas. En los hogares de mayores ingresos la comida pesa poco en el gasto total, mientras que en una familia de La Pintana o de Alto Hospicio se lleva la parte más grande del presupuesto. Por eso la inflación que enfrentan los sectores populares es mayor que la informada por el promedio, aunque el INE no la publique como serie separada.
A esto se agrega que las medidas de mitigación anunciadas en marzo tienen plazo. El congelamiento de las tarifas del sistema RED vence el 31 de diciembre y, si no se prorroga, el alza del transporte llegará en pleno verano, con ingresos familiares todavía debilitados.
El desempleo femenino
Esta inflación coincide con el peor momento del mercado laboral en cinco años. La (…)
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