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50 años y el campesinado. Por Franco Contreras

Hace 50 años campesinos eran asesinados en Lonquén, transformándose en un caso emblemático de las violaciones a los derechos humanos cometidos por la dictadura en Chile. El hallazgo de las osamentas de 15 personas en los “Hornos de Lonquén” en 1978 confirmaban lo que estaba sucediendo a miles de detenidos desaparecidos.

“Sabíamos que no eran nuestros compañeros los que allí estaban. Sabíamos que no eran nuestros camaradas los que allí estaban, pero sabíamos que eran nuestros hermanos” (“Lonquén” - Sol y Lluvia). Esta introducción, nos recuerda que casi todos los campesinos allí masacrados no tenían militancia política. Décadas antes, en una de las masacres más grandes de la historia de Chile, ya habían sido asesinados cientos en Ranquil.

El mundo campesino y la ruralidad siempre han estado presentes, es amor por su entorno, lo que fluye por sus venas. Los arrieros contribuyeron en los albores de la república con ejército Libertador, en el siglo XX con el desarrollo de la gran minería del cobre, para dar forma al “sueldo de Chile” y hoy son llamados junto a sus machos y mulas, para limpiar los faldeos contaminados con relave en Chacabuco, el mismo lugar de la épica batalla por la independencia. Pero el estado de Chile ha devuelto balas, golpes y ahora último desidia de autoridades, ante la extinción de las comunidades campesinas, perpetradas por un fisco insaciable y sus instituciones que despilfarran a costillas del territorio y sus habitantes.

Los dirigentes sociales y las organizaciones comunitarias no nacen con la ley 19.418 de 1995, ni tampoco los campesinos se definen por su pertenencia a INDAP o registro en Prodesal. Muchas veces se desconoce a las comunidades establecidas, algunas que vienen de la reforma agraria y otras nacidas muchísimo antes por la voluntad libre de sus habitantes, como las que tenemos en la provincia, con raíces en el siglo XVI y/o en pueblos ancestrales. Pero comprendo, ya que los salvajes hechos ocurridos y la violencia inhumana ejercida contra el campesinado, además de la impunidad y el intento de borrar la historia, algunos efectos transgeneracionales deben haber causado en la sociedad chilena.

Espero que logremos los equilibrios necesarios para no repetir la historia, que las autonomías territoriales reales, sean vistas como un valor por la autoridad y no como la amenaza que ven sus funcionarios, que se parapetan en sus escritorios, frente a dirigentes capaces e independientes.

Franco Contreras

07/09/2023

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