Este año se conmemoran 600 años de la fundación en 1425, en Bélgica, de la Universidad Católica de Lovaina, una de las universidades más antiguas del mundo orientadas por el jesuitismo. A sus aulas se vinculan figuras históricas de las humanidades y del saber, tales como Erasmo, Jansenio, Vesalio, Lemaítre, entre otros, y hoy en día su visión universal y multicultural se testimonia con la presencia de estudiantes de más de 120 países. Como tal ha sido responsable de la formación de miles de profesionales regados por todo el mundo, de los cuales Chile cuenta con un número importante en distintas áreas del saber.
Ya desde los años del padre A. Hurtado y su formación en esta universidad en la primera mitad del siglo XX (1931-1935) —con su tesis sobre J. Dewey— la intelectualidad chilena bebió en sus aulas una preocupación reflexiva por los menos favorecidos de nuestras sociedades, manifestada en un tipo de formación teórico-práctica empapada de la responsabilidad social de la Iglesia y su compromiso con los más pobres, la cual quedó plasmada de forma indeleble en el famoso trabajo del peruano —también lovainense— G. Gutiérrez en su Teología de la liberación de 1971.
Dentro de los muchos que podrían ser citados dentro de esta perspectiva, cabe señalar, la figura del sacerdote jesuita José Aldunate por su importante compromiso en la ucha por los D.D.H.H en plena dictadura, al académico y político Claudio Orrego Vicuña, destacado por sus investigaciones en la disciplina de la historia; los sociólogos Tomás Moulian y Cristián Parker, ambos con sendas investigaciones, el primero para comprender lo político y el segundo el fenómeno de lo religioso; el estudioso de la historia de las ideas en latinoamericanas Eduardo Devés, gran emprendedor de redes intelectuales desde los estudios eidéticos; Jaime Contreras Páez con sus reflexiones sobre el neoliberalismo de Friedrich von Hayek; Pablo Salvat con profundas reflexiones sobre el pensamiento social; Ricardo Salas con la elaboración de un pensamiento a favor del desarrollo de la democracia desde una perspectiva intercultural; y Juan Eduardo García-Huidobro en el ámbito de la educación, entre muchos otros que han realizado un aporte significativo para el desarrollo del pensamiento en Chile. Debido a ello, considerando estos autores, la influencia del pensamiento crítico lovainense se ha repartido en distintas aulas universitarias, como la Pontificia Universidad Católica de Chile, la Universidad de Santiago, la Universidad Alberto Hurtado, la Universidad de Valparaíso, la Universidad Católica de Temuco, la Universidad Católica Silva Henríquez y la desaparecida Universidad ARCIS, entre otras que han acogido a sus egresados chilenos. Es por ello que cabe levantar la hipótesis de una escuela de pensamiento crítico lovainense, fructífero en Chile y América latina, como una línea de trabajo a la espera de su sistematización y proyección.
Cabe señalar que su vinculación con Chile se estrechará también de forma especial durante la dictadura cívico-militar de A. Pinochet —sobre todo en su sección francófona— cuando la Universidad por política universitaria, acoge y beca a diferentes estudiantes para que desarrollen sus estudios de postgrado, no sólo de Chile, sino de toda la América latina bajo regímenes autoritarios, transformando a Louvain-la-Neuve en un espacio propicio y protegido para la reflexión política, la interacción y conocimiento de la realidad de nuestro continente. Al respecto son muchos los nombres, más de los señalados, que podrían indicarse para dar cuenta de esta vinculación estrecha entre Chile y la Universidad Católica de Lovaina, incluso más allá del conflicto lingüístico a finales de los años 60’s que la separa en la sección neerlandesa, Katholieke Universiteit Leuven, con sede en la región flamenca, ubicada en la vieja ciudad de Lovaina (Leuven) al norte, y la sección francófona, Université Catholique de Louvain, movida hacia la región valona, a la ciudad de Lovaina-la-Nueva al sur de país, construida desde cero especialmente para acoger a esa comunidad.
Dentro de los muchos profesores y profesoras que han dejado huella en estas generaciones de egresados, cabe señalar la influencia de Ladrière, Houtart, Remy, Thils, Verstraeten, Van Erp, Gruber, Bajoit, Reshuazy, Molitor, Berten, Boeve, Geldhof, Bonami, Maesschalck, Hunyadi, Lenoble, Van Parijs, Frogneux, entre muchos otros y otras que podrían ser nombrados.
Por ello, queda patente que esta universidad medieval ha sabido mantener un espíritu universitario auténtico con alto desarrollo de las ciencias sin ir en desmedro de las humanidades, asegurando siempre las condiciones para estimular el cultivo del pensamiento crítico, abriendo sus espacios a estudiantes que se convirtieron en aportes significativos en sus países de procedencia, mostrando que la vocación legítima del quehacer universitario no debe renunciar jamás a la transformación y justicia social, cuestión fundamental olvidada por tantas universidades que no son más que siervas de la hegemonía del poder neoliberal.
Álex Ibarra Peña, doctor en Estudios Americanos (USACH), académico del Departamento de Trabajo Social - UAH.
Cristián Valdés Norambuena, doctor en Filosofía (UCLouvain), académico del Departamento de Trabajo Social - UAH.
