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En este numero:

- Ex miembros de la FACH que se opusieron al golpe de Estado: Nosotros le creemos a Enrique Villanueva
- Los Juegos Fantásticos de la plaza Brasil, un lugar como ningún otro. Por Nicolás Camerati
- Mueren militares patriotas: sirvieron y amaron a su patria. Por Enrique Villanueva

- Sumario completo



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A la búsqueda de una política de lo sensible. Por Nicolás Camerati

Ya no es ni la historia, ni el desarrollo, ni el progreso lo que esta al centro de nuestras discusiones epistemológicas, ni al centro de nuestros discursos políticos. Ya no es el mundo futuro, puro, nouménal, el que ocupa el imaginario individual o colectivo, sino por lo contrario todo aquello que hace referencia al mundo fenomenal, todo aquello que se relaciona con las capacidades sensibles de nuestros cuerpos y que se pregunta sobre las «problemáticas del mundo ambiente» metafóricamente hablando o sea estricto sensu. Lo queramos o no, hoy es la vuelta a una vida sin oposición entre la sensualidad y la “cerebralidad” a la que asistimos, una vuelta a lo mas concreto de la vida, entendido en su termino latín concrescere, “crecer juntos” en el lenguaje y en el espacio. En todo caso ya no podemos hacer la economía, la necesidad de discutir en torno al “espacio, el cuerpo y el espíritu” se esta sintiendo!

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Federica Matta: ”Energia social”

Una sociedad sólo puede durar si tiene un fuerte sentimiento de ella misma. La modernidad construyo este sentimiento haciendo historia, observando, reflexionando en el futuro, es decir, haciendo proyectos. Hoy es el espacio vivido conjuntamente el que esta desempeñando este papel. Como nos lo dice Michel Maffesoli (1) estamos viviendo el paso del logo-centrismo, al loco-centrismo, estamos entrando a una época donde poco a poco el estatus de la razón comienza a entrar en sinergia con el mundo sensible, lo que nos incita a pasar de un pensamiento desencarnado y abstracto entre las cosas y su lugar, entre las cosas y sus significados, hacia un pensamiento encarnado, presente y abierto a la “fisicidad” de la experiencia. Un pensamiento relacional y orgánico que comprende la vida y la experiencia como un movimiento incesante entre las personas y las cosas, entre las personas y la escena, donde el mundo se funde y se confunde.

Hoy no es una coincidencia que hacia donde miremos nos encontraremos con la “resurgencia” de lo regional, lo vernáculo y los particularismos, todas formas sociales que revindican una cierta ”tonalidad ambiente” en el cual el espacio, la vida y el destino están estrechamente relacionados. No es una coincidencia que escuchemos de más en más en nuestros medios de comunicación, en las discusiones de palacio o en las calles de nuestras ciudades, términos tales como Pueblo, Localidad, Comunidad, Colectividad, Territorio, Lugar etc... Pues todas son nociones que de una manera u otra representan un único y mismo movimiento entre formas espaciales, formas sociales y emociones colectivas. Todas son nociones que combinan la paradoja aparente entre cuerpo y espíritu. En todo caso vale la pena de reflexionar al respecto!

Es quizás hora de escuchar atentamente a Robert Park (2) cuando nos decía que la ciudad, no es una simple aglomeración de hombres y de equipamientos; sino mas bien es un estado de espíritu. O de escuchar atentamente a Simmel (3) cuando nos decía que la ciudad no puede ser leída en términos de espacios físicos o de estructuras sociales, o simplemente como un conjunto de objetos externos, sino más bien en términos de experiencias sensibles. Dicho de otra manera, es quizás hora de comprender que si formamos parte de las cosas y si las cosas forman parte nosotros, eso cambia un poco el contenido significativo del lugar, el cual se amplía y se convierte en vínculo. El espacio físico (urbe) se comprende entonces como factor determinante en la conformación del entramado biográfico intersubjetivo donde los acontecimientos no solos tienen lugar, sino por sobre todo hacen lugar.

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Federica Matta: “De la tierra a la luna”, deambular festivo, a la ocasión de la presentación del barrio de la Garone , Bordeau Francia.

La vida y el destino de un ser vivo se vincula a sus intercambios, a sus relaciones y a sus interacciones con su medio ambiente, intercambios que no le son externos o abstractos, sino por lo contrario muy íntimos. Como nos lo diría Varela (4) los organismos dan forma a su medio ambiente al mismo tiempo que este se transforma o como nos lo diría Merleau-Ponty (5), la percepción exterior y la percepción del cuerpo propio varían conjuntamente, porque son las dos caras de un mismo acto. En términos fuerte, nuestro cuerpo inscribe el medio ambiente dentro sí no como un objeto de contemplación pasivo y abstracto, sino por lo contrario encarnado y vivido, las propiedades de los objetos percibidos y las intenciones de los sujetos no solamente se mezclan unos con otros, sino más bien constituyen un nuevo conjunto. Ciertamente, nuestra ambición no sera de desarrollar aquí una larga discusión sobre la fantástica abstracción en la que se apoyado la modernidad para eliminar de la ecuación del ser : el cuerpo y el espacio (pienso luego existo). Ni de exponer las trampas que le jugo el dualismo moderno a la coexistencia humana. Ni de entrar a discutir sobre el carácter biológico y fenomenológico de la experiencia humana a la idea de Merleau Ponty y de Francisco Varela. Ni de reivindicar una postura onto-géografica de la especie humana al estilo de Agustin Berque (6), sino mas bien de tratar de encontrar un prisma a través del cual podríamos desarrollar modulaciones políticas que valoricen la relación que existe entre las personas, el medio ambiente y el mundo sensible. Trata de pensar en modulaciones que articulen en un mismo y único movimiento, la ciudad, el paisaje, nuestro cuerpo individual y nuestro cuerpo colectivo.

Cuando uno tratar de pensar en modulaciones políticas que valoricen la relación que existe entre el medio ambiente y el mundo sensible un concepto se nos viene instantáneamente al espíritu: “la estética” y a justo titulo, pues la estética nos permite explorar la importancia de la percepción y de las influencias sensoriales en la construcción de la coexistencia humana. El término de estética se refiere a la facultad humana de tener una experiencia apreciativa que se basa en los sentidos. Recordemos que el término “estético” viene del griego aisthêsis, que significa “facultad de sentir y percibir por los sentidos”. De hecho, la comprensión estética supera ampliamente las definiciones canónicas resultantes de las Bellas artes, de la filosofía de la belleza o a las teorías del gusto. Pues preguntarse por la estética, es preguntarse por la experiencia sensible, social y espacial que todo individuo hace del medio ambiente en el cual se mueve, evoluciona y vive! Introducir la distinción de la experiencia estética a la acción política, es pensar entonces a la serie de articulaciones y relaciones que nuestros cuerpos sensibles viven con los componentes humanos y no humanos de nuestro medio de vida (animales, plantas, cosas), con la ciudad y con el paisaje. Es re-animar la concepción del lugar y dejar de entender el territorio como un espacio poblado de ciudadanos abstractos, para entenderlo como un espacio habitado por personas situadas: físicamente, emocionalmente e históricamente. Dicho pragmáticamente, introducir la comprensión estética a la acción política, es pensar en modulaciones políticas que se arraiguen en la experiencia de los habitantes, que promueva una concepción situada del medio ambiente y que revelen en sus practicas la fuerza y la riqueza de los lazos que las personas mantienen con su medio natural, la ciudad. Uno reconoce aquí un cambio de visión: una vision que en lugar de dominar el mundo, en lugar de querer alterar o cambiar el mundo, lo que busca es unirse a él y habitarlo afín de actuar en acuerdo con una dinámica de realización orgánica y global. En este sentido, no debemos confundir una concepción estética de la política con la ingeniera ecológica, pues las políticas de la estética no pretenden reducir su visión a “una operación del pensamiento”, es decir, una operación que sustituya el espacio vivido, sensible y cualitativo, a un espacio teórico, homogéneo y cuantitativo. Desde la perspectiva estética de hecho, la acción política no es una tarea de técnicos decidiendo donde poner o plantar un objeto o un edificio, o la tarea de un esteta que reafirma sus gustos; sino mas bien es la acción de respetar los significados de la vida colectiva, de respetar en nuestros proyectos políticos las experiencias sensibles y la opinión de nuestros co-ciudadanos.

Que se nos perdone por utilizar esta formula, pero esta dice bien las cosas: para quienes tomaran en mano las políticas de la estética será indispensable aprender a imaginarse el potencial de un lugar, a partir del lugar potencial. O dicho de otra manera, será indispensable que nuestros políticos renuncien a hablar de los lugares y sus posibilidades para que en fin aprendan a escuchar los lugares y sus posibilidades. Y de esta visión los artistas han siempre tenido la palabra. Como nos lo dice Federica Matta el arte urbano no es una actividad que se forja libre y subjetivamente en las ficciones del pensamiento, si no al contrario es un estricto descubrimiento, es una vuelta a la vida misma, pues la función propia del artista es de perderse en el ambiente para restablecer con exactitud la correspondencia orgánica del macrocosmo (la naturaleza) con el microcosmos (el hombre). Es solo a partir de esta disposición de espíritu que uno puede conocer nuestras ciudades, nuestros territorios, nuestras localidades y reactivar las articulaciones y las relaciones complejas que la definen, que nos obligan y que nos enriquecen.

Así de fuerte es la visión estética de la política, donde las acciones políticas dejan de ser productos del pensamiento abstracto o de quienes lo producen para pasar a ser procesos de actualización de interacciones, afectos y emociones ya existentes en los lugares y las cosas. Hay que habitar las montanas para descubrirlas, es necesario ver el cielo y la tierra a diferentes momentos del día y de la noche y haber sentido la correspondencia de diversos aspectos del alma humana a distintos momentos del día y de la noche para poder expresar la armonía y la belleza de todos los elementos que la constituyen. Quizás tal como un poeta debe haber sentido eso que expresa, tal como el escultor debe conocer en profundidad el cuerpo humano, tal como el pintor debe haber habitado el paisaje que pinta, si los políticos quieren reanimar la política “muerta” cristalizada en las leyes, las instituciones, los equipamientos normativos, la arquitectura urbana y los lugares de memoria estos deberán salir a las calles, tomar el transporte publico, ir a los lugares de encuentro ciudadano, entrar en nuestros colegios, entrar a nuestros barrios, vivir sus festividades, preguntarles a quienes hay viven, mirar como se visten, mirar que comen, mirar como duermen y así pues entender aquellos que la razón a tratado de ocultarles.

En fin, ya no podremos seguir haciendo la abstracción, la experiencia situada individual y colectiva (si se puede hacer la diferencia) es indispensable! Es solo “inmergiendonos” o bañándonos en un cierto “materialismo espiritual” vivido localmente que podremos reconocer y reactivar todos los vínculos distintos y plurales que constituyen el medio ambiente humano, que podremos encontrar las semillas que nos servirán de referencia para transformar nuestras políticas en sus diversas modulaciones. En todo caso, Ser, es estar en alguna parte: somos en el mundo, somos personas en cuanto compartimos con los otros, en cuanto vivimos una experiencia sensitiva perceptiva con el medio ambiente, en cuanto generamos sentido de la existencia, es decir, en cuanto le damos valor a las relaciones que vivimos con los otros, con las cosas y con el mundo.

Pensemos atentamente a eso que nos decía Merleau-Ponty “el mundo es lo que vemos, pero sin embargo, debemos aprender a verlo”, o escuchemos atentamente eso que nos decía Arthur Rimbaud, si uno se hace ojos nuevos y orejas nuevas uno esta haciéndose un nuevo mundo! De todas maneras, lo queramos o no, deberemos aprender a ver, escuchar y alimentar aquellas flores que crecen naturalmente en nuestras tierras y dejar de tratar de plantar flores exóticas que no echarán raíces. De todas maneras, lo queramos o no, deberemos dejar de ver, de escuchar y de preocuparnos de los arboles que se están cayendo, para en fin poder ver, escuchar y preocuparnos por aquellos que están creciendo, aquellos que están naciendo en nuestras tierras. De todos modos Balzac ya nos lo había dicho, es el paisaje el que tiene ideas y son solo estas las que nos permiten pensar, en pocas palabras, todo se resume a sentir y leer la naturaleza.

1.- Maffesoli, M. (2003). Notes sur la postmodernité. Paris, Le Félin.

2.- Park,R. (1979). «la ville» in L’Ecole de Chicago. Paris.

3.- Simmel, G. (1989). Les grandes villes et la vie de l’esprit. Paris, Payot.

4.- Varela, F, Evan Thomson and Eleanor Rosch. (1993). L’inscription Corporelle De L’esprit: Sciences Cognitives Et Expérience Humaine. Paris, Editions du Seuil.

5.- Merleau-Ponty, M. (1945). Phénoménologie de la perception. Paris, Editions Gallimard.

6.- Berque, A. (2010). Ecoumène: Introduction à l’étude des milieux humains. Paris, Belin.

Uno encuentra trabajos muy interesantes sobre la relación entre el arte, el medio ambiente, las ciencias y la política, en las obras siguientes:

Bateson, G.(1980), pp. 167-194, Vers une écologie de l’esprit T1. Paris, Du Seuil.

Dewey, J. ( 2010). L’Art comme expérience, Paris, Gallimard.

Jaurès, J . (2014). L’art et le socialisme y autres textes, Europe, D’ores et Déjà.

Maurice Merleau-Ponty (1964), L’Oeil et l’Esprit, Paris, Gallimard.

Nicolas Camerati es Doctor en Sociología, Centro de estudios de lo actual y lo cotidiano (CEAQ), La Sorbonne, Paris Descartes.

 
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