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En este numero:

- La Corrupción que dejó al desnudo el Desastre Ambiental de Chiloé, en el mes del Mar
- El fracaso de la industria del salmón y la responsabilidad del gobierno en la crisis de las regiones de la Patagonia. Por Pablo González
- La impunidad no pasará

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A pesar de todo, algo está cambiando. Por Marcelo Sánchez

La movilización, marcha, paralización y rechazo al Proyecto de Formación Docente, ha adquirido en demasía un carácter épico con tintes de tragedia, aquí la cuestión radica en que debiésemos entender por épico y trágico. Épico en el marco del coraje mostrado por un sector del profesorado que a pesar que la lucha es la de David contra Goliat asume dicho enfrentamiento como un ineludible. En aquel empuje ineludible es que se adquiere un tinte trágico, porque a pesar de lo titánico del enfrentamiento a pesar de que el destino ha establecido ya sentencia frente a lo exigido, igual un sector de los docentes asume y mantiene en alto su lucha a pesar que lo más probable es que solo se encuentren con la muerte, en un acto no meramente simbólico, sino económico, contractual etc.

A pesar de que el movimiento docente ha buscado visibilizar sus demandas, buscando vincular su problemática con el resto de la sociedad, asumiendo dicha tarea alcanzada con creces, permitiendo que a pesar del bloqueo comunicacional el movimiento goce de cierta simpatía, aunque ello no es ni será nunca suficiente para lograr tensionar al gobierno de turno, y aunque duela terminara siendo completamente irrelevante como mecanismo de presión.

Lo relevante no está ni debe estar en la lucha misma del magisterio, esta es una lucha de carácter gremial mas, como muchas que se han desarrollado y desarrollan con éxitos relativos y mayormente fracasos debido al marco legal neoliberal en la cual se encuadran dichas relaciones. Lo relevante esta en como desde esta lucha sectorial uno puede observar las debilidades y fortalezas que se presentan en la articulación de demandas que impliquen mejoras en su condiciones laborales, que son extrapolables a distintas expresiones del mundo del trabajo.

Uno no puede desentenderse del marco legal en la cual estas relaciones se circunscriben, un modelo que adquiere la expresión de una herencia maldita, por nadie solicitada, por nadie adjudicada, pero a pesar de su rechazo y sin importar el color de nuestra clase política muy bien recibida y administrada. Ya nadie puede negar la presencia del dinero en dicha Modelo, hoy nadie puede negar como los tentáculos del mundo empresarial han logrado morigerar cualquier intento que llevase a su modificación ya sea desde los gobierno de turno o aprovechándose de las necesidades económicas de nuestros honorables parlamentarios que desde su marginalidad económica e ingenuidad los hace susceptibles al poder hipnótico del dinero. Bajo aquellas lógicas hablar de fortalecimiento sindical no es más que una simple quimera ante la fuerza de la realidad política - económica y sus proyecciones, misma realidad que permite una salida indigna al Gobierno actual frente a la imposibilidad del cumplimiento de sus promesas de campaña. Pero por muy indigna que sea es una salida al fin y al cabo, era eso o simplemente asumir que dichas reformas como la del ámbito laboral era meros artilugios en un momento electoral, un mero pragmatismo político escondido bajo un traje presentado como “Nuevo” pero que seguía siendo el mismo traje gastado con los años, con remaches en las rodillas de tanto peregrinar a esos santuarios donde habitan los nuevos dioses empresarios.

Podríamos incorporar una serie de conceptos, modismo o rótulos para el deseo legitimo que emana desde el mundo del trabajo en la búsqueda permanente de su dignidad, de su necesidad de sociabilidad y solidaridad, si somos dados a los eufemismos podríamos hablar de compañeros o colegas, para hablar de nuestras condiciones laborales podríamos enunciar el agobio, la precariedad, aunque todos aquellos eufemismos podrían sintetizarse en un solo concepto: explotación.

Y es dicho concepto como realidad concreta y no una mera abstracción conceptual la que condiciona cual procedimiento que permita a los trabajadores en general alcanzar sus objetivos o aspiraciones. En un país en el cual los organizaciones del mundo del trabajo tiene una muy baja filiación ( no es razón profundizar en la responsabilidad de la Dictadura para dichos porcentajes), en un país en el cual el peso de la negociación colectiva queda siempre en el trabajador, en un país en el cual se puede remplazar a los trabajadores en huelga, en un país en el cual cada negociación colectiva parte de cero, en un país en el cual el propio Estado viola las leyes laborales, en un país en el cual los proyectos se elaboran a espalda de los trabajadores, debemos asumir que es bastante poco probable que alguna manifestación por mas legitima que fuese pudiese llegar a buen término en especial debido a que en Chile al empleador solo le basta con sentarse y esperar el desgaste que implica para la mayoría de los trabajadores chileno la ausencia de remuneración.

En relación a lo anterior, son muy pocos los que podrían sostener una paralización de las características del profesorado por más de 50 días, a algunos no se le permitiría llegar jamas a dicha cifra debido a los costos políticos u económicos que para el país significaría, me refiero quizás con cierto prejuicio a médicos o mineros entre otros muchos más que quizás ni siquiera cuestionan su condición ante la posición de privilegio que económicamente puedan ostentar. Frente a ello podemos afirmar de forma categórica lo que para gran parte del chileno es una realidad, la imposibilidad de una “capacidad de ahorro”, incluso muy por el contrario la realidad mes a mes, es la única que el Modelo nos permite, y esa realidad es nuestra “capacidad de deuda”.

Ante ello surge una verdadera paradoja, la paralización y el rechazo al Proyecto de Formación Docente, como cualquier movimiento que exija para los trabajadores un mejor trato, necesariamente nos ubica a la izquierda del Modelo, asumiendo que ello no significa el asumir una izquierda militante, pero si un discurso crítico que tendrá sus matices, pero será critico de igual forma. Pero los mecanismos a los cuales uno puede recurrir bajo las circunstancias existentes, tienen que ir de la mano con lo que se busca lograr, y dentro de las acciones a las cuales uno puede recurrir se entiende la lógica de la movilización ascendente que en este caso particular ha estado marcada por la paralización de miles de profesores a lo largo de Chile. Aquella acción por si misma debiese ser un llamado de alerta, una convocatoria a hacer lo imposible para resolver o acercar a las partes. Pero bajo la mirada mercantil, solo en la medida que puedas afectar realmente sus intereses, será imposible que la balanza pueda tender al equilibrio. La educación es nuestro nudo gordiano, que nadie está dispuesto a cortar para avanzar, por ello se desatan algunos nudos para crear otros nuevos, y siempre en ellos el profesor considerado como un profesional de tercera categoría, poco preparado poco capacitado termina siendo “el objeto” la “mercancía de la expiación”. Uno podría preguntarse ¿el gobierno podría soportar por más tiempo la paralización de los profesores? Y la respuesta por más triste que sea es si, en la cuentas del gobierno como si fuese una negociación colectiva solo debe sentarse a esperar, esperar que, esperar simplemente el desgaste económico, anímico y comunicacional del movimiento, cuales son los costos de dicha espera, ninguno, si la mirada es que el Docente es un mal profesional los alumnos no pierden mucho sin sus clases, no paga la subvención respectiva y puede apostar en el largo plazo a la aprobación con matices del único proyecto que busca presentar como logro del programa, con remaches hechos a la medida de las circunstancias, pero en su grado estructural el mismo que buscaba presentar desde el inicio. Y desde una mirada económica la profundización de la ignorancia de nuestros jóvenes solo podría devenir en una mano de obra poco capacitada y barata para ese futuro incierto que apocalípticamente pregonan ciertos profetas del mercado.

Y cuál es la paradoja, que este movimiento gremial (como la de la gran mayoría de los movimientos) que critica un proyecto que profundiza la mirada mercantil en sus prácticas educativas, y que para ello llega a paralizar e incluso a experimentar la no cancelación de sus sueldos objetivamente saldrá eufemísticamente hablando más “precarizado” o directamente hablando mas EXPLOTADO que como ingreso a la paralización, porque el gran éxito de este modelo burgués ya sea en su versión decimonónica o contemporánea, fue la de lograr hacer propietario al sujeto común, la de darle la posibilidad de la posesión de bienes , la de poner en sus manos la propiedad privada mediante no solo el trabajo remunerado, sino también mediante el crédito y la deuda, de esa manera logrando su disciplinamiento y control, para luego desplegar de forma exitosa su principio ideológico ( entendiendo ideología en el sentido marxista) de la igualdad, en primera instancia política y hoy económica. Ahí está la fortaleza de este modelo, ya que a pesar que asumimos que somos iguales por el simple hecho de poder acceder a los mismos bienes sin importar tu posición de clase, el acceso y forma de pago de ellos difiere desde tu posición de clase, en la cual mayoría solo poseemos la capacidad de deuda. Por tanto todos nuestros bienes obtenidos mediante el trabajo pueden desaparecer en un segundo, ante la imposibilidad de pago de tus deudas contraídas voluntaria u obligadamente. Ante ello la única solución posible será la de repactar la deuda, solicitar créditos de consumo, tarjetas varias etc, es decir sumergirse más en el Modelo que se critica y probablemente para algunos la sensación que es un sin sentido tratar de enfrentar esta realidad.

Objetivamente desde una mirada mercantil basta solo sentarse y esperar el desgaste, el Gobierno de la Nueva Mayoría lo sabe, el Congreso lo sabe sus mecenas Empresarios los saben, así y todo para mostrar cierta preocupación presionan desde sus tentáculos políticos sobre las bases mediante dirigentes con filiación partidista. A pesar que económicamente esto dejara saldos negativos a los profesores, cualitativamente será muy diferente, y no planteo el triunfo moral como trofeo, porque definitivamente algo está cambiando, levemente pero algo cambia, desde la sociabilidad que ha permitido reunir distintas generaciones de profesores, en la cual lo que se construye o vive no es solo alegría sino también optimismo y solidaridad, el acompañamiento y politización que comienza a observarse en colegios subvencionados, la coordinación territorial de los colegios, la cercanía entre espacios educativos que se sentían diametralmente opuesto, el aumento de la adhesión al Colegio de Profesores y no por un apoyo estrictamente a su presidente Sr. Gajardo si no por el contrario el entendimiento que ante el descontento el camino no es la apatía si no la crítica interna y la disputa de la dirección gremial.

Será leve fragmentado, quizás inconsciente en la mayoría, un espacio mínimo para la construcción de una conciencia primaria económica parafraseando a Gramsci, pero es un pie, cuando un trabajador asume el riesgo de perder y movilizarse ante lo que considera indigno, es que la barreras ideológicas que sostienen esta falsa realidad de la igualdad liberal ha comenzado a trisarse, si bien el Gobierno y su ceguera puedan no dar cuenta de ello, o si se dan cuenta apostar al reflujo histórico que ha experimentado cualquier movilización de estas características. Uno puede asumir a la luz de los hechos que al gobierno este movimiento no le preocupa demasiado, porque no es capaz de tensionar el espacio público debido al respetuoso comportamiento de los manifestantes profesores, pero algo está cambiando, a pesar del fetiche que hoy representa su rechazo, algo está cambiando, ya que cuando se está dispuesto a perderlo todo, también se puede estar dispuesto incluso a la utilización legitima de la violencia y buscar con ello la tensión extrema del conflicto.

Cuando la igualdad como discurso se asume meramente desde el consumo , cuando la apuesta ideológica de un modelo se sostiene en una tarjeta plástica y en un templo llamado Mall, trasparentemos mejor lo burdo de esta democracia y establezcamos la discusión en la banalidad que el mercado nos permite, discutamos sobre gratuidad, pero en la construcción de los Mall, discutamos sobre fortalecimiento sindical pero de los grandes empresarios y políticos, discutamos sobre aportes reservados pero para que sean más reservados aun, discutamos sobre dieta parlamentaria para que sea más alta aun, discutamos lo que ellos consideran relevante dentro de la banalidad y superficialidad de nuestra clase política revestida de litio y cheques. Mientras ello ocurre esta clase política seguirá sin querer entender los cambios que se están operando en ciertos sectores del trabajo, aquellas expresiones serán motejadas de ultras, anti sistémicos jacobinos, bolcheviques, añejos, anarkos, rabiosos, descerebrados etc, como sea, pero esas denominaciones no harán que desaparezca la frustración y la explotación.

Pero a pesar de todo algo esta cambiando, ya no son solo los estudiantes los que salen a protestar hoy también están los profesores trabajadores remunerados en el que algunos han asumido incluso la pérdida de sus remuneraciones, no todos pueden ser valientes pero si muchos pueden seguir a los valientes, y en donde muchas veces anido la desesperanza, hoy algo está cambiando, lento tenue pero ahí está y nuestra clase política no puede darse cuenta porque simplemente tiene los ojos demasiado puestos en los bolsillos y dadivas de los Empresarios más que en las manos y el sudor del Trabajador.

Marcelo Sánchez.
Profesor Magister de Historia Magister© de Filosofía

 
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