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En este numero:

- Hugo Chávez - Homenajes - Venezuela: ¿Un chavismo sin Chávez?
- Sobre Estados, farándulas y racismo. LA PAJA EN EL OJO AJENO… Por Victoria Aldunate Morales
- Las elecciones son circunstanciales, la tarea hoy está en el trabajo directo con los sectores populares: allí van a crecer los nuevos brotes de cambio. Por Enrique Villanueva

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Aborto en Chile: Viviendo bajo las regulaciones del biopoder. Por Mauricio González

Todos conocemos el accionar de la política en la sociedad, sabemos que tiene nacimiento en la Grecia de Sócrates, Aristóteles y Platón. Que en la época del renacimiento tuvo un giro debido a pasar del paradigma teocéntrico a uno antropocéntrico, es decir sacar un abstracto (Dios) y poner a un concreto (hombre) al centro de todo , un ejemplo es el hombre tridimensional de Leonardo Da Vinci.

Más tarde vendría un quiebre aún más grande con la separación de la Iglesia del Estado, Papas que tenían ejércitos y hacían la guerra, el mal o bien interpretado Maquiavelo, la aparición del paradigma oriental con “El arte de la Guerra” de Sun Tzu y el último depositario de una idea de política fue el militar prusiano Carl Von Clausewitz, en esta etapa se comprende la política como un estado bélico. En este estado reinan la estrategia, la táctica, la elección de terrenos con el fin de supeditar al enemigo.

Pero hay algo que pareció haberse perdido a lo largo del desarrollo del “arte” de la política, nos olvidamos del ser humano, no en la dimensión renacentista, sino en su dimensión biológica.

El biopoder fue una construcción epistemológica del filósofo francés Michelle Foucault, en sus cursos para el Collège de France lo define como “el ejercicio de las formas de poder que tienen por objeto la vida biológica del hombre” . También, hace referencia a una segunda dimensión llamada biopolitica “conjunto de mecanismos por los cuales lo que en la especie humana constituye sus trazos biológicos fundamentales pueden ingresar dentro de la política”

La obra de Foucault ha sido marcada por bajarle el velo a los procesos disciplinarios utilizados por los Estados para el control y sometimiento de la población. La idea del Estado es mantener un control concreto del sujeto en sociedad. La ortopedia ha operado desde la familia, la escuela, la fábrica y para quienes no son funcionales aparecen en el mapa los lugares donde los cuerpos defectuosos son almacenados. El psiquiátrico y la cárcel son la arquitectura del control, se basan en la invención del filósofo utilitarista Jeremy Bentham, el panóptico permite una vigilancia constante, nada se escapa a este ojo atento, hoy encuentra su similar el programas de tele-realidad y en las cámaras de seguridad que inundan Santiago.

En el renuncio de la moral católica y la desaparición de la línea ética el Estado se ha visto obligado a recurrir a su más firme aliado. A la diestra de Dios padre se sienta el Derecho, conjunto de normas que imponen sanciones civiles y penales al sujeto en sociedad. En nuestra sociedad retrasada se ha generado un debate entorno al aborto, este debate más allá de la moral o ética en la medicina, en mi opinión, corresponde más a un análisis desde la mirada del Biopoder.

Saquemos a la moral católica, que se ha ahorcado a través de continuas traiciones a la especie humana, ejemplos claros son la inquisición, el franquismo, la dictadura en Chile y un largo etc. Y, el último bastión sería la medicina pero, puede tener algún peso ético una disciplina que fue parte de los experimentos de Eugenesia del doctor Josef Mengele en la Alemania Nazi, o la participación en el control de enfermos a través de su estrecha relación con la nefasta industria farmacéutica, medicación contra la hiperactividad y experimentos con animales ¿Cuál es el peso ético de una disciplina que tiene dos caras? Una cara pública y una cara privada.

La pública repite de memoria lo que la ley señala en relación al aborto y la privada movida por el operador oculto (capital) le facilita la vida a quienes pueden pagarlo.

¿Cuál es el peso ético y moral de la religión y la medicina? Ambas se conjugaron en verbo para terminar con la vida de Alan Turing, la razón: ser homosexual.

El aborto es un debate abierto, tan abierto como las venas de Latinoamérica, volvemos a una dialéctica tradicional, en donde se enfrentan la sociedad civil y la casta superior de quienes controlan el país y profesan un catolicismo que riñe con las escrituras de la Biblia “No adorarás sus dioses, ni los servirás, ni harás lo que ellos hacen; sino que los derribarás totalmente y harás pedazos sus pilares sagrados“

Mientras quienes quieren tener el poder de decidir sobre sus cuerpos quieren reivindicar una opción, el derecho les indica la tipificación penal a la que se exponen, en un duelo de fuerzas donde participa la sociedad versus los políticos, iglesia, derecho, Estado y las penas del infierno. Mientras hoy las noticias hablan de los desastres naturales y la crisis de la política las mujeres violadas o con embarazos inviables esperan con la espada de Damocles sobre su cabeza. Mientras en la redes sociales y medios alternativos se reza mirando a Meca y se repite compulsivamente AC, AC, AC, AC, AC, como si la falacia de Echeverria “el lenguaje construye realidades fuese cierto” Las mujeres siguen esperando que se les reconozca más allá del sufragio, más allá de la igual de sueldo y opción a cargos públicos, esperan que se les reconozca como legítimas ante la sociedad que han ayudado a construir.

Así podemos ver como el poder opera en una lógica quirúrgica sobre los cuerpos, sin la necesidad de tocarlos, opera primeramente en las mentes y luego coercitivamente con el derecho deja caer toda su disciplina sobre la vida de quienes forman el Estado. Y, por último, no es biopoder lo que no permite el ejercicio de la Eutanasia.

Los tecnócratas del derecho se refugiaran en tecnicismo, puntos más , puntos menos, sintaxis funcional y gramática hegemónica para ralentizar los derechos de los sujetos en sociedad pero, es menester nuestro de botar los pilares de un modelo opresor, disciplinario y que se entromete hasta nuestras entrañas con el fin de decir lo bueno y lo malo.

 
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